ver más

Cuando la locura gobierna el mundo: delirio mesiánico, poder y el riesgo real de una guerra global

A lo largo de la historia, el poder siempre atrajo personalidades peligrosas, pero hoy el riesgo es mayor: líderes con rasgos psicopáticos y delirios mesiánicos concentran decisiones que afectan a millones.


Este artículo surge a partir de lo que sucede hoy en Venezuela, con la detención y extradición de Nicolás Maduro y su esposa a Estados Unidos. Hoy, reinan los líderes con rasgos psicopáticos y delirios mesiánicos en el mundo. Se presentan como salvadores, hablan en nombre del pueblo o de fuerzas superiores, mientras reducen el mundo a un escenario al servicio de su ego. Eso no es liderazgo: es una amenaza global.

Cuando el discurso deja de ser político y se vuelve inquietante

Hay frases que incomodan. No porque sean polémicas, sino porque suenan desconectadas de la realidad compartida. No son simples exageraciones retóricas: son afirmaciones pronunciadas desde el centro del poder que revelan una vivencia interna de omnipotencia, de misión personal, de excepcionalidad.

En 2013, Nicolás Maduro afirmó públicamente que el espíritu de Hugo Chávez se le había aparecido en forma de un pájaro: “Chávez se me apareció como un pajarito chiquitico, me dio una bendición”.

Nicolás Maduro

El traslado de Nicolás Maduro a Nueva York.

La escena fue transmitida, repetida y archivada. No fue un exabrupto privado ni una metáfora literaria. Fue una declaración pública del jefe de Estado de un país atravesado por una crisis profunda. Allí, el liderazgo comenzó a deslizarse del terreno político hacia un registro simbólico inquietante, donde la creencia personal se eleva a verdad pública.

Cuando un gobernante confunde su mundo interno con la realidad objetiva y lo hace desde el poder, la pregunta deja de ser ideológica y se vuelve psicológica.

El líder como elegido: yo, el único

El delirio mesiánico no siempre adopta formas místicas. A veces se expresa con traje y corbata, micrófono y cadena nacional. El núcleo es el mismo: la convicción de ser único, indispensable, irremplazable. Donald Trump lo dijo sin rodeos durante su campaña: “I alone can fix it”.

A lo largo de su presidencia repitió que nadie más habría podido lograr lo que él logró, que merecía el Premio Nobel de la Paz y que el mundo sería un lugar más seguro gracias a su presencia. En esta lógica, el planeta aparece como un caos permanente que solo encuentra orden cuando él entra en escena.

No se trata de una frase aislada. Es una cosmovisión. Cuando alguien se vive como salvador universal, cualquier oposición deja de ser legítima: quien critica no disiente, ataca; quien cuestiona no debate, traiciona.

Donald Trump

Venezuela: la épica delirante como forma de gobierno

En Venezuela, el discurso del poder se fue poblando de imágenes épicas, enemigos omnipresentes y amenazas casi cósmicas. Maduro habló de misiles apuntando al país, de conspiraciones permanentes, de guerras inminentes. También dijo: “Estamos preparados para partirle los dientes al imperio”. Y: “Aquí estaré para servir al pueblo siempre, for ever”.

La combinación es reveladora: eternidad personal, violencia simbólica, misión histórica. El líder no se concibe como un funcionario transitorio sino como una figura destinada a permanecer, resistir y encarnar al pueblo mismo.

Cuando la realidad social comenzó a mostrar cifras devastadoras de pobreza, migración masiva y colapso institucional, el discurso no se ajustó a los hechos. Se volvió más grandilocuente. La negación de la realidad es uno de los núcleos del delirio: los datos dejan de importar cuando amenazan la imagen omnipotente.

Durante veinticinco años de chavismo, Venezuela acumuló muertos, presos políticos, exiliados y una diáspora forzada que atraviesa continentes. Sin embargo, el relato oficial siguió hablando de victoria, de patria, de resistencia heroica. El sufrimiento real quedó subordinado a la épica.

Putin y el destino histórico

Vladímir Putin construyó un relato donde Rusia no solo defiende intereses estratégicos, sino un destino histórico inevitable. En sus discursos sobre la guerra en Ucrania habló de la victoria como certeza, no como posibilidad: “Creemos en nuestra victoria.”

Trump y Putin

Esta semana los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Estados Unidos, Donald Trump acordaron volver a reunirse para abordar la cuestión de la guerra en Ucrania y la noticia repercutió en los precios del petróleo.

La certeza absoluta es otro rasgo del delirio mesiánico: no hay duda, no hay ambivalencia, no hay error posible .Cuando esta lógica se combina con ejércitos, propaganda y armas nucleares, el riesgo deja de ser simbólico.

El líder se vive como intérprete exclusivo de la historia. Quien se opone no solo discrepa: se coloca del lado equivocado del destino.

La sacralización del poder: Corea del Norte y Medio Oriente

En Corea del Norte, el líder no gobierna: es venerado. La figura del jefe se presenta como heredero de una dinastía casi sagrada, más cercana al mito que a la política.

En Medio Oriente, ciertos discursos políticos y militares se apoyan en promesas históricas, mandatos trascendentes y luchas absolutas. Benjamin Netanyahu ha hablado de conflictos que deben sostenerse hasta cumplir objetivos totales, sin espacio para la autocrítica ni para el registro del daño humano.

Contextos distintos, una lógica compartida: yo sé lo que es mejor, yo represento la verdad, yo actúo por el bien de todos.

benjamin netanyahu

"Ahora es el momento de dejar las divisiones a un lado", afirmó el premier, quien calificó el regreso de los cautivos como un "acontecimiento histórico".

Qué es el delirio mesiánico

Desde la psicología, el delirio mesiánico describe una convicción inamovible de estar destinado a una misión superior. No implica necesariamente una psicosis clínica, sino una estructura de pensamiento donde el sujeto se vive como elegido, excepcional, investido de un sentido trascendente.

Sus rasgos principales incluyen:

  • Sentido de misión salvadora
  • Superioridad moral
  • Negación sistemática del error
  • Deshumanización del otro
  • Convicción de infalibilidad

En el poder, estos rasgos se amplifican. El entorno deja de cuestionar, los límites se diluyen y la realidad se acomoda al relato.

Rasgos psicopáticos en el ejercicio del poder

Muchos de estos líderes exhiben rasgos que la psicología asocia a personalidades psicopáticas: falta de empatía, instrumentalización del otro, ausencia de culpa, manipulación del discurso, frialdad frente al sufrimiento humano.

No se conmueven ante muertos, desplazados o hambrunas. Todo puede ser sacrificado en nombre de la causa, de la patria o de la historia.

El mundo al borde

El escenario recuerda inquietantemente a los años previos a la Segunda Guerra Mundial: líderes convencidos de su grandeza, pueblos polarizados, enemigos construidos, discursos inflamados.

Europa vive una guerra que amenaza con expandirse. Medio Oriente se encuentra en una escalada permanente. América Latina arrastra liderazgos autoritarios que desprecian la democracia. Estados Unidos oscila entre el repliegue y la intervención.

Las grandes catástrofes no comienzan de golpe. Se incuban en palabras que nadie detiene.

Ucrania Rusia Guerra

Venezuela, Estados Unidos y la contradicción incómoda

En los últimos tiempos, el debate internacional volvió a posarse sobre Venezuela. La posibilidad de una mayor injerencia estadounidense —explícita o encubierta— reabre una contradicción incómoda: nadie es inocente en la geopolítica.

Estados Unidos no actúa solo por altruismo. El petróleo, la influencia regional y el equilibrio de poder están siempre en juego. Creer que las potencias se mueven únicamente por el bienestar de los pueblos es una ingenuidad.

Y, sin embargo, la realidad venezolana también es innegable: elecciones fraudulentas, un régimen perpetuado durante veinticinco años, presos políticos, muertos y millones de personas obligadas a abandonar su país.

Allí emerge la paradoja: desconfiar de las intenciones de una potencia extranjera no impide que, al mismo tiempo, muchos sientan alivio ante la posibilidad de que una dictadura llegue a su fin. No porque la intervención sea pura, sino porque el horror cotidiano ya es demasiado.

La trampa del salvador

El problema del delirio mesiánico es que se presenta como solución. Promete orden donde hay caos, sentido donde hay angustia. Pero su precio es alto: la entrega de la autonomía, del pensamiento crítico, de la vida del otro.

Cuando un líder cree que encarna al pueblo, cualquier límite se vuelve intolerable. Cuando cree que la historia lo eligió, cualquier crimen puede justificarse.

Una advertencia necesaria

El delirio mesiánico no es una rareza individual. Es una tentación humana que, combinada con poder absoluto, puede volverse letal. No se trata solo de personajes extravagantes, sino de estructuras políticas, sociales y emocionales que permiten que la locura se vuelva política de Estado.

Recordar que ningún líder es un salvador, que nadie es dueño del mundo y que ningún fin justifica cualquier medio es hoy una urgencia global.

Cierre

Cerrar este texto implica asumir una incomodidad: el mundo no está gobernado solo por intereses, sino por egos desbordados, fantasías de omnipotencia y delirios de grandeza. Y también implica reconocer que, aun sabiendo que ninguna potencia es inocente, a veces el alivio aparece cuando una dictadura tambalea.

Tal vez la síntesis esté allí: desconfiar de los salvadores, pero no romantizar la opresión; criticar la intervención, pero no negar el sufrimiento; denunciar la locura del poder sin olvidar a quienes la padecen en el cuerpo.

La historia no la escriben solo los delirantes. También la escriben las sociedades que los aplauden, los justifican o los toleran demasiado tiempo. Y de eso, también, somos responsables.

*Mauricio J. Strugo, Lic. en Psicología MN 41.436, Sexólogo Clínico. Autor del podcast HDP: Hora de Pensar. Instagram: @elpsicologoysexologo.