Científicos buscan descongelar bacterias de hace 5.000 años para crear nuevos antibióticos
Apuesta de doble filo: esas bacterias podrían inspirar nuevos antibióticos, pero también portar genes de resistencia capaces de agravar el problema actual.
En una cueva de Rumania, bacterias preservadas en hielo milenario volvieron al centro de la investigación científica.
ShutterstockLa resistencia antimicrobiana se convirtió en una amenaza creciente para la salud pública: cada vez más bacterias logran evadir los tratamientos habituales, lo que obliga a la ciencia a buscar soluciones fuera de los caminos tradicionales.
En ese contexto, los ambientes extremos —como glaciares, permafrost y cuevas heladas— comenzaron a estudiarse como reservorios de microorganismos con adaptaciones únicas que podrían inspirar nuevos antibióticos.
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En Rumania, un equipo del Instituto de Biología de Bucarest analizó bacterias preservadas durante miles de años en la cueva glaciar de Scrioara y encontró una cepa con un perfil tan prometedor como inquietante. La bacteria mostró capacidad para inhibir el crecimiento de patógenos resistentes, pero también evidenció resistencia frente a antibióticos modernos y un amplio conjunto de genes asociados a esa defensa.
Un microorganismo antiguo con capacidades inesperadas
La cepa identificada pertenece al género Psychrobacter, microorganismos adaptados a sobrevivir en temperaturas extremadamente bajas. Los investigadores extrajeron un núcleo de hielo de unos 25 metros de profundidad en el sector conocido como el Gran Saliente de la cueva, aislaron las bacterias presentes y analizaron su genoma para identificar los mecanismos que les permiten resistir el frío y competir con otros microbios.
El análisis reveló que la cepa Psychrobacter SC65A.3 posee más de cien genes relacionados con la resistencia antimicrobiana. Sin embargo, también demostró capacidad para frenar el crecimiento de varias bacterias consideradas “superbacterias” y mostró actividades enzimáticas con potencial uso biotecnológico. Según explicó la microbióloga Cristina Purcarea, la cepa "presenta resistencia a múltiples antibióticos actuales", pero al mismo tiempo "puede inhibir patógenos resistentes y producir enzimas con aplicaciones valiosas".
La resistencia a los antibióticos no es un fenómeno reciente: forma parte de una competencia evolutiva entre microorganismos que existe desde hace millones de años. Estudiar bacterias antiguas permite reconstruir cómo surgieron esas defensas y comprender mejor cómo se transmiten entre especies.
El riesgo aparece si estos microorganismos o sus genes se liberan sin control. La bacteria hallada mostró resistencia a antibióticos usados para tratar infecciones pulmonares, cutáneas y sanguíneas, lo que sugiere que podría transferir esos mecanismos a bacterias actuales.
El calentamiento global agrega un elemento adicional de preocupación. Los ambientes congelados que durante milenios mantuvieron microorganismos aislados están comenzando a descongelarse, lo que podría liberar microbios latentes en ecosistemas modernos. Los investigadores advierten que estos entornos pueden actuar como reservorios de genes de resistencia. Si el deshielo facilita su dispersión, esos genes podrían incorporarse a bacterias contemporáneas y agravar el problema global.
Una ventana al pasado para proteger el futuro
A pesar de los riesgos, el estudio abre un campo de investigación prometedor. Las enzimas y compuestos antimicrobianos producidos por bacterias adaptadas al frío podrían inspirar nuevos antibióticos, aplicaciones industriales e innovaciones biotecnológicas.
Los científicos sostienen que es necesario profundizar el estudio de microorganismos preservados en ambientes fríos para comprender su diversidad, sus mecanismos de adaptación y su rol en los ecosistemas. Ese conocimiento no solo permitirá anticipar riesgos, sino también aprovechar sus propiedades para enfrentar uno de los mayores desafíos sanitarios del siglo. En un mundo donde las bacterias evolucionan constantemente, mirar hacia microorganismos congelados en el tiempo podría ofrecer pistas clave para frenar infecciones resistentes antes de que la carrera contra ellas se vuelva imposible.


