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Buques fantasma: el teatro militar del eje comunista

La propaganda de las dictaduras comunistas vende poder y perfección, pero un barco hundido en su propio muelle revela la verdad que intentan tapar.


En los regímenes de corte comunista como China, Corea del Norte, Rusia e incluso Vietnam o Laos, el poder no se sostiene tanto por sus logros concretos como por el relato que construyen sobre sí mismos. Ese relato es un sistema completo de creencias que se le impone a la población desde el poder para convencerlos de que viven en la nación más avanzada, más poderosa, más inteligente y más temida del mundo. La base de esa fábula es simple: ellos siempre están ganando, tienen la mejor tecnología, sorprenden al enemigo y nadie puede superarlos. Pero la propaganda hace agua —literalmente— cuando ocurre lo que pasó hace muy poco en Corea del Norte.

Durante una ceremonia oficial, con la presencia del propio Kim Jong Un, se intentó botar una nueva fragata de guerra. La embarcación de más de 100 metros, equipado con misiles, radares y otras armas, y que representa una pieza central en cualquier armada moderna. El lanzamiento es un momento clave, porque significa que los buques están listos para flotar, salir al mar y entrar en servicio. Pero en este caso, en lugar de una ceremonia exitosa, lo que ocurrió fue un desastre: el barco se deslizó antes de tiempo, volcó sobre su costado y quedó semihundido. Y no hablamos de alta mar, ni de combate, ni de condiciones adversas. Sucedió en un acto controlado, preparado, planeado, y que terminó en vergüenza nacional frente al líder.

La reacción fue inmediata con arrestos, investigaciones y amenazas. Kim declaró que lo ocurrido era un acto criminal y prometió un castigo para los responsables. Mientras tanto, el barco quedó varado, cubierto con lonas azules, en un intento absurdo de ocultar lo que ya todo el mundo podía ver desde el espacio gracias a los satélites. El régimen prometió que el barco estaría listo en diez días, algo que simplemente no tiene sentido técnico. Lo más probable es que construyan una maqueta o algo similar para mostrarla en público y fingir que todo sigue su curso.

Qué pasó con el submarino nuclear que se hundió en China

Este no es un caso aislado. Hace poco también se hundió un submarino nuclear chino, con decenas de marineros a bordo. Estas naves son costosas, sofisticadas y son el arma más poderosa de una armada. Un sumergible así no se hunde por un error menor. Sin embargo, se perdió y el gobierno chino intentó ocultarlo, como siempre. Sin embargo, las imágenes satelitales y las filtraciones internacionales lo hicieron público. Y así como ocurrió con este submarino, hay registros de misiles que no explotan, de aviones que caen en maniobras, de barcos que se incendian antes de zarpar. Lo que une a todos estos eventos es el intento de ocultarlos, porque el relato no admite fallas.

Lo que hay que entender es que estos regímenes necesitan que su pueblo crea en una perfección que no existe. Pero esa imagen se resquebraja cada vez que el mundo ve uno de estos papelones. Porque más allá de la propaganda, de los desfiles y de los uniformes brillantes, la realidad es otra: las cosas no funcionan, la calidad es baja, los sistemas están oxidados, las decisiones se toman por miedo y no por capacidad, y lo que parece amenaza para el mundo muchas veces no es más que un monstruo de cartón. El problema es que esa fantasía tiene efectos reales. Los ciudadanos del mundo viven con miedo a lo que puedan hacer estos países. Se gasta dinero en defensa, en misiles, en escudos, se alteran mercados y se afectan economías. Pero los servicios de inteligencia y los gobiernos saben muy bien la verdad: que en muchos casos, los que se presentan como superpotencias son incapaces de evitar que un barco se les hunda en su propio muelle.

Y esto seguirá pasando. Porque los sistemas cerrados, basados en el control absoluto de la información, no pueden innovar, no pueden corregir errores, no pueden crecer de verdad. Solo pueden fingir. Pero hoy, con las imágenes satelitales, con los ojos del mundo observando en tiempo real, simular es cada vez más difícil. La verdad, como ese barco varado, flota a la vista de todos.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.