Santa María la Mayor: la historia de la última morada del papa Francisco
Este sábado el papa Francisco, quien falleció el pasado lunes 21 de abril a sus 88 años, será enterrado en Santa María la Mayor, una de las basílicas más antiguas y veneradas de la cristiandad. Esto se debe a que Bergoglio siempre mantuvo una conexión muy especial con dicho santuario.
Fiel a su estilo, Francisco rompió con la tradición de ser sepultado en las Grutas Vaticanas donde descansan varios de sus predecesores. Bergoglio dejó claro en su testamento cuál sería su lugar de descanso final. “Mi vida y mi ministerio sacerdotal y episcopal los he confiado siempre a la Madre de Nuestro Señor, María Santísima. Pido que mis restos mortales descansen esperando el día de la resurrección en la Basílica Papal de Santa María la Mayor”, manifestó.
La historia de Santa María la Mayor
La iglesia es una de las cuatro basílicas mayores de Roma, junto con San Pedro, San Pablo Extramuros y San Juan de Letrán. Santa María la Mayor, la única basílica dedicada exclusivamente a la Virgen, cuenta con mosaicos del siglo V, los cuales son considerados de los más antiguos de Roma. Además, bajo el altar mayor descansan las reliquias de la cuna de Jesús, traídas de Tierra Santa y conservadas en una urna de cristal.
En ella, descansan los papas Honorio III (1150-1227), Nicolás IV (1227-1292), San Pío V (1504-1572), Sixto V (1521-1590), Clemente VIII (1536-1605), y Clemente IX (1600-1669). También, los santos, San Matías y San Jerónimo.
La historia de Santa María la Mayor, también conocida como la “Basílica Liberiana”, está envuelta en una leyenda. Sus orígenes se remontan al siglo IV, cuando la Virgen María se le apareció en sueños al papa Liberio, indicandole el lugar donde debía construirse el templo. A la mañana siguiente, un insólito manto de nieve cubría el monte Esquilino en pleno agosto, lo que fue interpretado como una señal divina. Desde entonces, cada 5 de agosto se celebra allí la Fiesta de la Dedicación, con una “nevada” simbólica de pétalos blancos en el interior del templo.
La fuerte conexión con Francisco
Desde el inicio de su pontificado en 2013, Francisco siempre tuvo una especial conexión con la mencionada basílica. La primera vez que salió del Vaticano fue para ir al templo a rezar ante el icono bizantino de la “Salus Populi Romani”, la Protectora del Pueblo Romano. Desde entonces, acudió más de cien veces. Antes y después de cada viaje apostólico, Francisco iba para rezar ante el ícono de la Virgen.
“Es un lugar donde uno se siente hijo, siempre”, había dicho Francisco acerca de la basílica. “Siempre que vengo aquí, me siento en casa”, expresó en una de sus visitas. Con su decisión de descansar en Santa María la Mayor, Francisco no sólo selló una historia de amor y devoción, sino que también dejó un último gesto de humildad y cercanía.

