El legado del papa Francisco para la política global
El Papa es mucho más que el pastor de un rebaño de 1.500 millones de fieles. Es el líder político-espiritual más importante e influyente del mundo. Primero, porque las religiones que compiten con el catolicismo no tienen una cabeza a escala global. El islam tiene una pluralidad de figuras relevantes, pero nada parecido a un jefe frente al que se incline la totalidad de la umma. Lo mismo puede decirse del hinduismo y del universo protestante —con la excepción del caso anglicano—. Las iglesias ortodoxas sí tienen sus patriarcas, pero tomadas individualmente tienen un peso incomparable al conjunto del catolicismo.
-
Te puede interesar
El cura DJ llega al país con un show gratis en homenaje al Papa Francisco
Pero la envergadura del santo padre no se explica sólo por lo cuantitativo. Ser el jefe de la Iglesia significa ser el líder religioso más importante de Occidente, que durante siglos fue la civilización hegemónica a nivel global. Quizás todavía lo sea, aunque es probable que no por mucho tiempo más. Pero aún considerando el declive occidental, el poder del Papa lo convierte en una figura muy influyente en la conversación política internacional. Es la influencia que usó Juan Pablo II para facilitar la caída de las dictaduras comunistas de Europa del Este y para evitar una guerra entre Argentina y Chile por el Canal de Beagle.
Francisco, uno de los papas más políticos de la historia reciente, también trató de usar esa fuerza para mediar en los principales conflictos que estallaron durante sus 12 años de pontificado. Hay que admitir que no le tocó un mundo fácil. Lo llamativo de sus intervenciones es que estuvieron atravesadas por una visión del orden social profundamente antiliberal. Tiene sentido, considerando que era un cura formado en la Argentina peronista. Pero el contraste con muchos de sus antecesores en ese punto es significativo y probablemente sea la señal de una Iglesia que es cada vez menos europea y cada vez más latinoamericana, africana y asiática.
-
Te puede interesar
Quién es el "Papa DJ" que homenajeará al Papa Francisco con un show gratuito
Esos lentes ayudan a leer mejor la forma en la que intercedió en las principales guerras y crisis que desgarran al mundo. Ucrania es un caso paradigmático, porque es el mayor golpe recibido por el orden internacional desde la disolución de la Unión Soviética. Desde un primer momento, Francisco hizo lo que se espera de un Papa: condenó la guerra, pidió por la paz y se ofreció como mediador. Hizo todo lo posible por ser aceptado en ese rol. Eso lo obligó, con toda lógica, a adoptar un lenguaje muy diplomático, condenando la violencia sin aludir directamente al gobierno ruso y a Vladimir Putin. Difícilmente pueda interceder alguien que es percibido como inclinado hacia un bando.
Francisco envió a Ucrania al Cardenal Konrad Krajewski, su propio limosnero, para llevar ayuda en los primeros meses de la guerra. Habló varias veces por teléfono y recibió en audiencia a Zelensky y expresó su voluntad de reunirse con Putin, que siempre lo rechazó. El cardenal Matteo Zuppi, uno de los que suena hoy como posible sucesor, fue enviado a una misión de paz que lo llevó por Kiev, Moscú, Washington y Beijing entre junio y septiembre de 2023.
Sin embargo, ninguno de estos esfuerzos permitió avances en el terreno de las negociaciones. Una y otra vez, el Kremlin rechazó considerarlo un interlocutor válido y se ufanó siempre de la necesidad de su brutal guerra contra Ucrania. Lo curioso es que transcurridos más de tres años, Francisco no modificara un ápice su postura y siguiera haciendo una condena genérica a los horrores de la guerra, como si no hubiera un agresor y un agredido demasiado claros.
Sus declaraciones ante jóvenes rusos en 2023 permiten entender una de las razones de esa postura. “No olviden nunca su herencia. Son herederos de la gran Rusia, la gran Rusia de Pedro I, de Catalina II, de ese imperio grande, de tanta cultura y humanidad”, les dijo. Enfurecidos, los ucranianos le recordaron que Putin se ampara en la recuperación de esa Rusia Imperial para avanzar sobre su país. Es difícil interpretar esos comentarios como un desliz. Son una muestra de un pastor que se siente cómodo con una cosmovisión como la de esa Rusia, donde el individuo era un simple siervo de la comunidad, que tenía el liderazgo férreo del zar. En cambio, una Ucrania apoyada por Estados Unidos, que quiere acercarse a la OTAN y al liberalismo de Europa Occidental, le resultaba mucho más ajena.
La guerra entre Israel y Hamas es un ejemplo aún más nítido de las afinidades de Francisco. Como cabe esperar de un pontífice, condenó los horrores cometidos por Hamas, rezó por los secuestrados y pidió por la paz. Pero su mayor preocupación, desde el mismo 7 de octubre de 2023, fue siempre “el pueblo de Gaza”. Siempre quedó en un segundo plano el trauma que sufrieron y siguen sufriendo los israelíes que tienen de vecina a una secta asesina que sueña con su aniquilación y que es capaz de disfrutar, de jactarse, de asesinar niños con sus propias manos, por el solo hecho de ser “invasores judíos”. En cambio, los ataques del Ejército israelí era interpretados como actos injustificados, no como acciones militares destinadas a destruir una organización terrorista y forzarla a liberar a sus ciudadanos cautivos.
En su libro "La esperanza no defrauda nunca", publicado el año pasado, Francisco abrazó abiertamente calumnias sin fundamento como que en Gaza hay hambruna o como que Israel está cometiendo un genocidio, no librando una guerra contra una organización armada criminal que controla un territorio soberano desde hace 20 años. Son declaraciones que pueden causar sorpresa o indignación en quien conoce la realidad de Oriente Medio, pero que debe ser interpretadas a la luz de alguien que consideraba que por definición el pobre es bueno, por el hecho de serlo. Lo que el difunto Papa veía en Gaza era la ilusión de un pueblo oprimido por un vecino capitalista e imperialista aliado a Estados Unidos, no un pueblo que votó masivamente a Hamas en 2006 y que celebró mayoritariamente el horror del 7 de octubre porque está atravesado por el odio hacia Israel.
Sus intervenciones en América Latina tuvieron la misma impronta. Cuando la crisis venezolana empezó a adquirir proporciones históricas, con millones de desplazados y un régimen que se estaba convirtiendo hacia 2016 en una dictadura que violaba masivamente los derechos humanos, trató de mediar. Lo hizo siguiendo el mismo libreto que luego intentaría con Rusia y Ucrania: evitar condenas explícitas a la dictadura para no ser rechazado en la mesa de negociaciones. Francisco envió como representante al arzobispo Claudio María Celli para facilitar conversaciones en Caracas. Se iniciaron procesos de diálogo, pero todos quedaron en la nada. Fueron siempre utilizados por Maduro para ganar tiempo y mostrarse dispuesto a una salida pacífica al conflicto generado por él mismo.
No obstante, cuando le preguntaron por la falta de avances, habló de la escasa voluntad “de las partes” para alcanzar la paz. Como si hubiera “dos partes” y no un régimen que subyuga a su propia población. Es evidente que detrás de esa visión hay una mirada al menos contemplativa con los regímenes autoritarios latinoamericanos, que se declaran antiimperialistas y anticapitalistas. Y que “la otra parte”, con vínculos estrechos con Estados Unidos y una mirada favorable a la economía de mercado, no le despertaba demasiada simpatía.
Sin dudas influyó en ese abordaje de la tragedia venezolana su amistad pública con Raúl Castro, padrino político de Maduro. Si el dictador venezolano se mantiene en el poder desde hace tanto tiempo es, entre otras razones, por la eficacia de su maquinaria represiva, entrenada y en algunos casos dirigida por cubanos.
La participación de Francisco en las principales crisis mundiales no arrojó demasiados resultados concretos. En la mayoría de los casos, sus mediaciones no surtieron efecto. El verdadero legado está en la mirada profundamente antiliberal y latinoamericana que imprimió en la Iglesia. El próximo cónclave resolverá si ese camino se profundiza o se revierte.