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Cómo se mantiene el aislamiento del Cónclave: juramentos y última tecnología

Los cardenales de todo el mundo se reunirán en Roma para elegir al próximo Papa.
Inicio del Cónclave de 2013 que eligió al papa Francisco Foto: DPA
Inicio del Cónclave de 2013 que eligió al papa Francisco Foto: DPA

El Cónclave es uno de los ritos más icónicos e importantes de la Iglesia Católica, como así también uno de los más misteriosos, ya que los miembros del Colegio Cardenalicio y los que prestan servicio de asistencia allí guardan con gran recelo todo lo que ocurre entre las cuatro paredes de la celebración.

Aunque se sabe cómo se lleva adelante el Cónclave en cuanto a las votaciones, los días de votación, los signos que incluye y sus integrantes, se desconoce completamente el minuto a minuto. En este sentido vale aclarar que las versiones de que tal cardenal toma la delantera o algún otro propone retirarse no son más que versiones de rumores poco creíbles, ya que el Cónclave permanece aislado del exterior y nadie habla en presencia de los que prestan servicios de hospedaje o salud.

Claro que parece imposible que esto suceda en tiempos de tanta tecnología, pero la Iglesia no es justamente una entidad que guarde reparos a la hora de hablar de su seguridad, principalmente de la información sensible. Por este motivo, el aislamiento de los cardenales es también en el mundo de la virtualidad y la falta a cualquiera de estas normas supone grandes sanciones.

El encierro físico del Cónclave

Los integrantes del Colegio Cardenalicio que participan del Cónclave, electores y no electores, se mantienen sin ningún tipo de comunicación con el exterior. Una vez que ingresan al Cónclave, se sellan los ingresos y no tienen ningún espacio en la vía pública o hacia ella, evitándose así una elección en base a la aclamación popular.

La Capilla Sixtina, lugar donde votan, y la Casa Santa Marta, donde residen, son los únicos lugares por donde pueden moverse y tienen limitado el acceso los ajenos al Cónclave. Ambos edificios están en lados opuestos de la Basílica de San Pedro, por lo que el traslado entre uno y otro edificio se realiza también con un celoso aislamiento de los cardenales que van en procesión.

El bloqueo tecnológico del Cónclave

Los cardenales tienen prohibido ingresar al Cónclave con dispositivos electrónicos como teléfonos celulares, tablets, radios, televisiones o cualquier otro objetos que pueda servir para obtener información del exterior del mitin eclesiástico. Además, previo al ingreso de los purpurados, se revisan todas las instalaciones para detectar si existe algún micrófono o cámara oculta.

En el mismo sentido, se instalan inhibidores de señal, por lo que se vuelve imposible acceder desde afuera a cualquier situación que se de dentro del Cónclave como así también que algún cardenal filtre información. Al mismo tiempo se sellan ventanas y aberturas, como también se establece una guardia absoluta en torno al perímetro con personal de la Gendarmería Vaticana.

Juramento secreto y penas del Cónclave

El Cónclave se conforma por todos los cardenales electores de forma obligatoria (a menos que alguno acuse un impedimento físico para participar), los cardenales no electores que deseen formar parte aunque sin posibilidad de voto y personal de salud, cocina, limpieza, confesores y demás necesarios para llevar adelante la celebración del mismo, tanto para asegurar las condiciones de vida de los cardenales como para sostener el culto durante el mitin.

Todos estos que ingresan al Cónclave deben realizar un juramento secreto en el que se comprometen a no filtrar ningún tipo de información sensible o banal de lo que ocurra dentro de la celebración. En caso de hacerlo, los mismo enfrentarán la pena de excomunión latae sententiae, es decir automática.

La excomunión es la pena más grave a la que se puede someter a un cristiano, ya que queda expulsado de la Iglesia Católica. Esta es la pena a la cual son sometidos los herejes, los anatema, los apóstatas, los cismáticos y los sacrílegos, por ejemplo. En el caso de los que integran este selecto grupo que participa del Cónclave, volver de dicha excomunión requiere un tortuoso camino, pero aún así un profundo daño a su imagen pública, principalmente para el caso de los cardenales.

Como se evita la filtración de los votos del Cónclave

Así como se impide formar parte del Cónclave con dispositivos electrónicos que permitan comunicarse con el exterior, también se les impide tomar notas de cualquier tema que ocurra durante el mismo, grabar o escribirlo en diarios personales. En caso de hacerlo, las autoridades del Cónclave pueden exigir que se entreguen papeles o se destruyan las notas que hayan tomado al final de cada día.

En cada votación (cuatro por día) los cardenales escriben su candidato al papado en una papeleta que, al contarse, se atraviesa con una aguja y un hilo, para luego quemarlas y dar así el humo blanco o negro para anunciar o no al nuevo Papa. En el mismo sentido, al momento de votar, si es que hay personal de servicio o cardenales no electores, se menciona la frase extra omnes (¡Fuera todos!) para evitar que haya personas ajenas al cuerpo elector.