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Trump 2.0: más disrupción y una estrategia redefinida para profundizar la "Agenda MAGA"

El líder del movimiento MAGA regresa con una agenda más disruptiva, rodeado de leales y con una estrategia renovada para encarar reformas claves. Similitudes y diferencias con su primer gobierno.

El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca marca el inicio de una administración que promete ser más disruptiva y decidida que su primer mandato (2017-2021). “Cometí un error con algunas personas que puse”, reconoció Trump en una entrevista con Newsmax en marzo del año pasado, en plena campaña electoral. Por eso, tras haberse consagrado presidente electo, se rodeó de figuras leales como Stephen Miller, Kash Patel y Richard Grenell.

Al evitar alianzas con los llamados RINOs (sigla en inglés de “Republicanos Sólo de Nombre”), el dirigente de 78 años ha reforzado su base con "outsiders" como Elon Musk y Robert Kennedy Jr. Estos nuevos aliados, además de compartir su visión de Gobierno, desempeñarán roles clave en áreas estratégicas.

Entre las novedades más significativas de esta segunda administración está el papel de su nuevo vicepresidente, JD Vance, quien encarna la lealtad que Trump busca en su equipo y contrasta con el distanciamiento que tuvo con Mike Pence durante su primer mandato. Este cambio, combinado con la disminución del número de RINOs en el Congreso, garantiza un mayor control sobre las decisiones legislativas.

Un Trump más decidido en política exterior

El líder del movimiento MAGA (sigla en inglés de “Hacer Grande a Estados Unidos de Nuevo”) llega con una postura antiintervencionista que ya marcó su primer mandato. Si algo caracterizó su gestión en este terreno fue la ausencia de nuevas guerras y la firma de acuerdos como los Acuerdos de Abraham, que normalizaron las relaciones entre Israel y varios países árabes.

Este enfoque se mantendrá, pero con un objetivo renovado: profundizar sanciones contra Irán y reactivar los Acuerdos de Abraham interrumpidos tras el conflicto en Gaza. ¿Podrá estabilizar al convulsionado Medio Oriente que deja la Administración Biden?

En cuanto a la OTAN, podría profundizar su mirada crítica. De hecho, no son pocos los que señalan que le encantaría retirar al país de la alianza militar. Sin embargo, una movida de este tipo necesitaría un fuerte respaldo del Congreso, algo que ahora parece difícil.

Por eso, ya se está hablando en Washington del término “OTAN durmiente”, lo que implica reducir drásticamente el papel activo de Estados Unidos en el tratado atlántico, dejando a Europa sola con sus “problemas” y, a la vez, incluir demandas hacia los socios europeos para que aporten más recursos financieros (tal como ocurrió en su primer mandato).

Un enfoque renovado en comercio y desregulación

La economía también será un eje central de este segundo mandato. Trump ha prometido una agresiva política proteccionista que incluye las siguientes medidas:

  • Aranceles de hasta el 60% para productos generales provenientes de China.
  • Aranceles del 200% para vehículos eléctricos fabricados en ese país.
  • Posibilidad de imponer aranceles similares a otros países, dependiendo de las relaciones comerciales y estratégicas.

Paralelamente, ha anunciado que este año impulsará “la mayor reducción de impuestos de la historia de Estados Unidos”, continuando la reforma de 2017 que redujo los impuestos corporativos del 35% al 21% para impulsar la inversión y la generación de empleo.

Asimismo, inspirado por el Gobierno libertario de Javier Milei en Argentina, Trump también buscará reducir drásticamente el gasto federal, tarea que estará a cargo del flamante Departamento de Eficiencia Gubernamental (DoGE), comandado por Elon Musk y Vivek Ramaswami. Además, esta agencia optimizará la burocracia y propondrá fuertes desregulaciones.

En este marco, aparece el programa "Anexo F", que buscaría terminar algo crucial que empezó en su primer mandato: reemplazar miles de funcionarios federales por personas leales en pos de erradicar el denominado “Estado profundo” (una red de burócratas que operan desde hace décadas en el Gobierno federal en base a intereses foráneos y/o corporativos).

En el área tecnológica, planea fomentar una amplia desregulación que incluiría incentivar la innovación en inteligencia artificial, redes sociales y tecnologías emergentes. Esto también podría significar mayor libertad de expresión en plataformas digitales, alineándose con su discurso contra la censura.

La agenda social: más conservadora que nunca

En temas sociales, Trump impulsará una agenda conservadora pero, a la vez, buscará una mayor descentralización. Las políticas sobre aborto, por ejemplo, afirmó que recaerán en los estados y no en el Gobierno federal, respaldado por la decisión de la Corte Suprema de revocar Roe vs. Wade.

Hablando del máximo tribunal, una gran diferencia con su primer mandato es que esta vez estará conformado por una holgada mayoría conservadora (seis de los nueve jueces -tres de ellos nominados por el propio Trump-).

En educación, su plan incluye eliminar el Departamento de Educación y devolver el control a los estados con una cruzada paralela contra el adoctrinamiento progresista, por ejemplo en temas de raza y género. En este sentido, sus propuestas incluyen terminar con la "locura trans" en el sistema educativo.

Lecciones aprendidas y nuevos desafíos

A diferencia de 2016, cuando era un novato en política, Trump ahora regresa con experiencia. El inicio de su primer mandato estuvo signado por declaraciones cruzadas, filtraciones internas y traiciones. Ahora, con la disciplina impuesta por su incondicional, Susan Wiles, que oficiará de Jefa de Gabinete, todo parece tener un orden y una estrategia clara.

Apoyado por su propio legado, en el que se incluyen más de 200 jueces federales, esta vez, el veterano dirigente parece estar decidido a consolidar su agenda MAGA, de una forma más definida y con un equipo más alineado con su visión.

El regreso de Trump marca un momento crucial para Estados Unidos y el mundo. Con un Congreso dominado por los republicanos, una Corte Suprema conservadora y un equipo más leal, tiene el camino despejado para implementar su impronta soberanista y conservadora. La pregunta es: ¿logrará superar los nuevos obstáculos y consolidar su legado?