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Bangladesh en la encrucijada: un análisis de la revolución y sus repercusiones geopolíticas

Tras la caída del Gobierno de Bangladesh, se teme por el crecimiento del yihadismo en la región, aprovechado la dura crisis social.
Daca fue el epicentro de las protestas que terminó con la salida de la primer ministro de Bangladesh Foto: EFE
Daca fue el epicentro de las protestas que terminó con la salida de la primer ministro de Bangladesh Foto: EFE

Bangladesh, un país con una rica historia de luchas y desafíos, se encuentra nuevamente en el epicentro de una tormenta política que altera su futuro inmediato y cambia las dinámicas de poder en toda Asia del Sur. La revuelta que obligó a la primera ministra Sheikh Hasina a huir el 5 de agosto dejó al país en un estado de incertidumbre, donde las posibilidades de su futuro son diversas y complejas.

Bangladesh es un país con profundas divisiones políticas y sociales. Tiene una población mayoritariamente musulmana y un legado de pobreza extrema, el país depende de la industria textil como su principal fuente de ingresos. Sin embargo, esta misma industria, que permitió a Bangladesh mantenerse a flote en la economía global, también lo dejó vulnerable a las fluctuaciones del mercado y a las presiones externas.

La primera ministra Sheikh Hasina, líder del partido Liga Awami, estuvo en el poder desde 2009 y fue una figura dominante en la política de Bangladesh. Sin embargo, su gobierno está acusado de corrupción y de manejar el país con mano dura, reprimiendo a la oposición y restringiendo las libertades civiles. A pesar de estos problemas, Hasina mantuvo relaciones estables con potencias extranjeras, incluyendo a China, que se convirtió en uno de los principales socios comerciales e inversores en el país.

China y la revolución de Bangladesh

China tiene un interés estratégico en Bangladesh debido a su ubicación geopolítica y sigue con preocupación los recientes eventos en el país. Para ese país, Bangladesh es un ejemplo de cómo un país en desarrollo puede seguir un modelo de crecimiento y estabilidad política inspirado en el estilo chino, es decir, priorizando el crecimiento económico y la estabilidad política sobre la democracia y los derechos humanos.

Sin embargo, la revolución sacudió este equilibrio. Aunque China no criticó abiertamente el levantamiento, tampoco expresó un apoyo claro al gobierno interino que surgió tras la huida de Hasina. Esto refleja la incertidumbre de China sobre el futuro de Bangladesh y su temor a que el país caiga en manos de fuerzas que podrían ser hostiles a sus intereses.

Un elemento clave en la postura de China es su preocupación por el extremismo islámico. Bangladesh, aunque es un país musulmán, tuvo un enfoque relativamente laico en su gobierno. Sin embargo, grupos islamistas podrían aprovechar el vacío de poder actual para ganar influencia, lo que tendrá repercusiones más allá de las fronteras de Bangladesh. China, que enfrenta su propio problema con la minoría musulmana uigur en Xinjiang, teme que un gobierno islamista en Bangladesh avive el extremismo en la región y desestabilice aún más sus fronteras.

El rol de India y el riesgo de conflagración regional

India, el vecino gigante de Bangladesh, también observa con preocupación los acontecimientos en el país. Históricamente, India tuvo una relación compleja con Bangladesh, ya que fue parte de su territorio antes de la independencia en 1947 y se separó de Pakistán en 1971 tras una guerra brutal. La minoría hindú en Bangladesh, alguna vez representó el 15% de la población, disminuyó por la persecución y la emigración; y hoy constituye sólo el 7% de la población.

La posibilidad de que un gobierno islamista tome el poder en Bangladesh es una preocupación seria para India, que estaría obligada a intervenir para proteger a la minoría hindú. Esto, a su vez, provocará una reacción en cadena, donde Pakistán, el eterno rival de India y defensor de los musulmanes en la región, estará comprometido a apoyar a sus correligionarios en Bangladesh.

Un conflicto entre India y Pakistán, ambos poseedores de armas nucleares, es un escenario que, aunque lejano, no puede ser descartado por completo.

La fragilidad de Bangladesh: un terreno fértil para el yihadismo

Bangladesh es un país vulnerable, tanto económica como geográficamente. La pobreza extrema, las frecuentes inundaciones y los problemas ambientales crónicos crearon un caldo de cultivo perfecto para el descontento social. En este contexto, el islamismo radical gana terreno, similar a cómo Hamas tomó el control en la Franja de Gaza en medio de una situación económica desesperada.

El temor es que Bangladesh se convierta en un nuevo Afganistán, un centro para el yihadismo en la región.

Sin embargo, a diferencia de Afganistán, Bangladesh no limita con otros países musulmanes, lo que lo hace más susceptible a la intervención extranjera y a convertirse en un punto focal en la lucha global contra el extremismo islámico.

Bangladesh está en una encrucijada. El futuro del país dependerá en gran medida de quién tome el control en los próximos meses y de cómo las potencias regionales y globales respondan a los acontecimientos en curso. China, India y Pakistán tienen todos intereses en juego, y cualquier desenlace en Bangladesh tendrá repercusiones que se sentirán en toda la región.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.