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Totalitarismo, narcotráfico y persecución: el futuro negro que se abre en Venezuela

Nicolás Maduro le dedicó la elección en Venezuela a Javier Milei: "No me aguantás ni un round, cobarde".

El fraude masivo y programado se consumó el domingo en Venezuela y el dictador Nicolás Maduro se autoproclamó ganador de unas elecciones en las que, según las actas revisadas por la oposición, el candidato Edmundo González Urrutia se impuso en todo el país por al menos 30 puntos.

María Corina Machado, la cara visible de la Plataforma Unitaria Democrática, había comunicado que el frente opositor tenía el 40% de las actas y que en ellas González Urrutia había alcanzado el 70% de los votos. La oposición ganó en todos y cada uno de los estados. “La victoria es abrumadora”, apuntó la dirigente de 56 años.

Sin embargo, como se preveía, Maduro y sus secuaces no se iban a rendir tan fácilmente y ya tenían todo planeado. Lo que pasó es que la paliza electoral fue tan contundente que tuvieron que “trabajar” arduamente durante seis horas después de que cerraron los centros de votación para “dibujar” los números y dar a conocer la “victoria” del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Por supuesto, el fraude sistémico ya había sido planeado, paso por paso, desde hace meses. Comenzó con la proscripción de Machado, quien arrasó en la interna de la oposición en octubre de 2023 con más del 90% de los votos. Desde entonces, la fundadora y referente de Vente Venezuela se convirtió en la líder natural de las fuerzas que impulsan el cambio en una nación que otrora fue pujante y rica, y hoy se encuentra sumida en la miseria y la corrupción tras 25 años de experiencia socialista.

La “mano negra” para asegurar, a como dé lugar, la reelección de Maduro operó con mayor fuerza en la víspera de la elección. A decenas de líderes internacionales, incluyendo expresidentes, no se les permitió ingresar a Venezuela en su rol de veedores del comicio, e inclusive algunos de ellos, que ya habían ingresado al país, fueron deportados. A esa altura, ya era obvio que la cúpula del régimen estaba dispuesta a quedar como una paria internacional con tal de mantenerse en el poder.

En el medio quedaron otras maniobras turbias de Maduro, Diosdado Cabello y los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, para asegurarse la “victoria” el 28 de julio. Ejemplo de ello fue la proscripción de la académica Corina Yoris en reemplazo de Machado (que fue inhabilitada a ejercer cargos públicos por 15 años) y la prohibición de millones de venezolanos en el exterior para emitir su voto (por citar un caso, en Argentina hay más de 200.000 venezolanos residiendo en el país, pero solo estaban habilitados unos 2.000).

El fraude ha sido tan obvio y grotesco que la prensa oficialista de Venezuela, como el canal chavista Telesur, comunicó que con el 80% de las mesas escrutadas, Maduro ganaba con 51,2%, y segundo quedaba González Urrutia con 44,2%. Lo llamativo es que detrás de ellos aparecían ocho candidatos que, según su reporte, habían obtenido exactamente el 4,6% de los votos. Más llamativo aún es que la suma de todos los porcentajes daba 132,2% (?).

Buena parte de la comunidad internacional no tardó en reaccionar

El presidente argentino Javier Milei sentenció que hubo "una victoria aplastante de la oposición" y le envió un contundente mensaje al líder bolivariano: "Dictador Maduro, Argentina no va a reconocer otro fraude". “Maduro: reconozca la derrota. La diferencia de votos en contra de la dictadura chavista es abrumadora. Perdieron en todos los estados por más de 35%”, había escrito minutos antes la canciller Diana Mondino.

“Maduro: reconozca la derrota. La diferencia de votos en contra de la dictadura chavista es abrumadora", expresó Milei. 

Otra de las voces más críticas en la región provino del propio espectro ideológico de la izquierda política: los resultados que dan la victoria a Maduro "son difíciles de creer", apuntó el mandatario chileno Gabriel Boric.

En igual sentido, aunque con un tono más moderado, se pronunciaron el secretario de Estado, Antony Blinken, y el jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Joseph Borrell.

Sin embargo, todo parece indicar que los jerarcas del Palacio de Miraflores están dispuestos a hacer caso omiso a los reproches y amenazas internacionales, y no temen quedar aislados en el concierto de las naciones. Y tienen sus razones.

La cúpula que gobierna Venezuela es una organización criminal, con tentáculos que se expanden más allá de sus fronteras. El crimen organizado, el narcotráfico, la desaparición de personas, el lavado de dinero, el terrorismo y otros ilícitos infames se han convertido en una millonaria caja negra que alimenta los bolsillos de los líderes del régimen.

Por eso, era obvio que no iban a dejar el poder por una mera elección adversa. Quedar fuera de esta red no significa solo renunciar a estos inescrupulosos beneficios sino que además, con un gobierno de otro signo político en Caracas, iban a quedar mucho más vulnerables ante la justicia internacional.

Sin ir más lejos, la Corte Penal Internacional investiga a Maduro por crímenes de lesa humanidad. Entre estos delitos están incluidos la tortura sistemática, y la desaparición, secuestro y asesinato de personas. Todos estos casos han sido debidamente documentados por la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Asimismo, Maduro, la cúpula militar -comandada por Vladimir Padrino- y otros miembros de la cúpula bolivariana -como el influyente vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello- están acusados de liderar el Cartel de los Soles y enfrentan pedidos de extradición para comparecer ante la justicia estadounidense por múltiples cargos relacionados con el narcotráfico.

De acuerdo a la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, desde que el chavismo llegó al poder en 1999, los acusados “participaron en una conspiración narcoterrorista corrupta y violenta entre el Cartel de Los Soles y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)”.

¿Criminales que enfrentan semejantes cargos estarían dispuestos a dejar el poder y eventualmente someterse a ser juzgados tan fácilmente?

En estos años, el chavismo ha sofisticado sus conexiones internacionales para desarrollar sus negocios ilícitos. Entre sus socios se encuentra el gobierno de Bolivia, que está acusado de liderar el mayor cartel unitario de la región (el sindicato de cocaleros de Cochabamba). Además aparece Irán, un aliado clave para conectar con Medio Oriente, y particularmente con organizaciones terroristas como Hezbolá y Hamás. Por supuesto, también está Cuba, la cabeza de toda esta organización criminal en Hispanoamérica.

Es muy prematuro para hacer conjeturas sobre el futuro inmediato. Pero, de afianzarse en el poder, Maduro intensificará sus relaciones con Rusia y China, que se están quedando con los preciados recursos naturales del país a cambio de otorgarle cierto blindaje en el plano internacional.

Puertas adentro es esperable que el mandatario venezolano se refugie en la cúpula militar y un puñado de líderes leales, todos ellos muy despreciados por la opinión pública. En este marco, puede que el líder socialista de 61 años opte por intentar darle aunque sea una mínima “brisa fresca” a su gobierno incorporando a dirigentes más jóvenes, como puede ser Héctor Rodríguez, actual gobernador de Miranda.

Paralelamente, y a la luz de la enorme movilización popular que salió a las calles durante el último tiempo, lamentablemente todo indica que el régimen impondrá aún más mano dura contra opositores y contra prácticamente cualquier ciudadano que pueda manifestar algún tipo de disidencia frente al oficialismo.

Resta por ver cuál será la reacción de esas millones de almas que se manifestaron a favor de la libertad y la república, y en contra del socialismo que desde hace un cuarto de siglo los ha llevado a la ruina y la decadencia. Si resisten en las calles, y con la ayuda internacional, podría llegar a haber un cambio, no sin el inevitable derramamiento de sangre.

En todo caso, a esta altura de las circunstancias, el ciudadano venezolano ha comprendido que deshacerse de semejante estructura criminal que los ha mantenido bajo su yugo no depende meramente de ir a votar (en un proceso electoral viciado por donde se lo mire). Las 28 millones de personas que aún residen en Venezuela deberán ser muy valientes y mantener una fe inquebrantable si quieren que su patria no desaparezca bajo el comunismo perverso.