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Deporte y geopolítica: la alianza de rugby de Australia y Papúa Nueva Guinea

La utilización de rugby como un lazo entre Australia y Papúa Nueva Guinea que significa mucho más que un acuerdo deportivo.
Partido entre el seleccionado australiano de rugby league y el de Papúa Nueva Guinea Foto: Departamento de Asuntos Exteriores de Australia
Partido entre el seleccionado australiano de rugby league y el de Papúa Nueva Guinea Foto: Departamento de Asuntos Exteriores de Australia

El reciente acuerdo entre Australia y Papúa Nueva Guinea para la inclusión de un equipo de rugby  league en la Liga Nacional de Rugby de Australia (NRL) es un movimiento que, aunque puede parecer centrado en el deporte, tiene implicaciones geopolíticas de largo alcance. Para un lector argentino, ajeno a los detalles de esta región, es crucial comprender que el Pacífico se convirtió en un tablero estratégico donde grandes potencias compiten por influencia, y este convenio es una jugada en esa partida.

Papúa Nueva Guinea, una nación insular situada al norte de Australia, ocupa una posición clave en el Pacífico Sur. Durante años, esta región está en el radar de China, que busca expandir su presencia mediante inversiones en infraestructura y acuerdos de seguridad. Australia, tradicionalmente el socio más cercano de Papúa Nueva Guinea, vio en esta creciente influencia un desafío directo a su dominio histórico. Este acuerdo de rugby league, con una inversión de $600 millones de dólares australianos -unos $380 millones de dólares estadounidenses, no es simplemente un proyecto deportivo; es una herramienta estratégica para fortalecer los lazos entre ambos países y contrarrestar el avance chino.

El proyecto incluye la creación de un equipo con sede en Port Moresby, la capital de Papúa Nueva Guinea, que competirá en la Liga Nacional de Rugby a partir de 2028. Además de los beneficios deportivos, la iniciativa tiene un fuerte componente económico y social. Se destinarán fondos al desarrollo de este deporte en Papúa Nueva Guinea y al pago de la licencia necesaria para competir. También se utiliza este proyecto como un fomento de la unidad nacional y la mejora de la infraestructura local. Esto es relevante en un país con altos índices de criminalidad y divisiones internas, donde el deporte sirve como un punto de cohesión social.

La cláusula más destacada del acuerdo es la que permite a Australia retirar su apoyo si Papúa Nueva Guinea firma un convenio de seguridad con China. Esto refuerza la idea de que este proyecto tiene como objetivo principal preservar la influencia australiana en la región. Según el primer ministro australiano, Anthony Albanese, esta alianza no se limita al deporte: también busca fortalecer las relaciones de seguridad y atraer inversores a Papúa Nueva Guinea. El mensaje es claro: Australia sigue siendo el principal aliado estratégico de Papúa Nueva Guinea, y este acuerdo es una declaración de intenciones frente a las ambiciones chinas.

Este tipo de estrategia refleja un patrón en la política exterior australiana. Acuerdos similares con países como Nauru y Tuvalu han buscado consolidar alianzas mediante incentivos económicos y de seguridad, en respuesta al creciente interés chino en el Pacífico. La región, que alguna vez fue considerada periférica en términos geopolíticos, se ha transformado en un punto de tensión clave en la competencia entre potencias.

Para Argentina, este tipo de maniobras sirve como ejemplo de cómo los países utilizan el deporte, la economía y la diplomacia para avanzar en sus intereses estratégicos. En un mundo donde la influencia se disputa en todos los frentes, hasta el rugby puede convertirse en una herramienta de poder.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.