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Tecnología, metales y el futuro de la guerra invisible entre Estados Unidos y China

Las dos potencias, Estados Unidos y China, buscan dominar el desarrollo tecnológico y se trenzan en una "guerra invisible".
Las potencias jugan un ajedrez global en el mundo de la tecnología Foto: Shutterstock
Las potencias jugan un ajedrez global en el mundo de la tecnología Foto: Shutterstock

El mundo está dividido en dos grandes territorios: en uno se desarrollan las tecnologías más avanzadas, como los teléfonos celulares avanzados, los automóviles eléctricos y la inteligencia artificial. En el otro, aunque también hay adelantos, la capacidad para competir depende de un recurso crucial: los materiales y las herramientas para fabricar esas tecnologías. Ahora imagine que el acceso a esos materiales y herramientas depende de una serie de normas y restricciones impuestas por los países más poderosos. Esta es la realidad del conflicto actual entre Estados Unidos y China en el ámbito tecnológico. 

Qué es el germanio y por qué importa

Uno de los actores principales de esta historia es el germanio. Este metal, que tal vez nunca haya escuchado mencionar, es indispensable para fabricar semiconductores, paneles solares y dispositivos ópticos. Los chips, a su vez, son el cerebro de casi todos los dispositivos electrónicos que usamos hoy en día, desde computadoras hasta automóviles. Sin ellos, la tecnología moderna es imposible.

El germanio no se encuentra fácilmente en la naturaleza. Se obtiene como subproducto en el proceso de extracción de otros metales, como el zinc. Luego se refina para alcanzar el nivel de pureza necesario para su uso en tecnologías avanzadas. Aunque parece un recurso pequeño, su impacto en la tecnología global es enorme.

China domina el mercado del germanio, no porque tenga todas las reservas minerales, sino porque refina casi todo el que se utiliza en el mundo. Esto le da una ventaja estratégica, pero también la pone en una posición vulnerable: otros países pueden refinar este metal y reducir su dependencia de China.

Estados Unidos endurece las reglas del juego

Ahora pasemos al otro lado de esta disputa. Estados Unidos estableció nuevas restricciones para limitar la capacidad de China de acceder a tecnologías avanzadas. Una de las herramientas más poderosas que utiliza es algo llamado Regla de Producto Directo Extranjero (FDPR, por sus siglas en inglés). En palabras simples, esta regla permite a Estados Unidos controlar qué productos pueden fabricarse con tecnología estadounidense, incluso si se producen en otros países.

Por ejemplo, supongamos que una empresa en Japón usa una máquina diseñada en Estados Unidos para fabricar chips avanzados. Según esta regla, Estados Unidos puede impedir que esa empresa venda esos chips a China. Es una medida extremadamente efectiva que puso a las empresas chinas en una situación complicada.

Además, Estados Unidos agregó más empresas a su “Lista de Entidades”, una especie de lista negra comercial. Las compañías incluidas necesitan permisos especiales para comprar tecnología estadounidense. Esto afecta a otras empresas en países como Japón, Corea del Sur y Singapur que colaboran con China.

¿Y qué es HBM?

Otro término que aparece en esta historia es HBM, que significa memoria de alto ancho de banda. Es una tecnología esencial para la inteligencia artificial y otros desarrollos avanzados. Tomemos la HBM como una autopista ultrarrápida que permite que los datos viajen rápidamente dentro de una computadora. Sin esta memoria, muchas de las tecnologías más avanzadas, como los sistemas de aprendizaje automático, simplemente no funcionan.

China intentó desarrollar su propia HBM a través de empresas como CXMT, pero la falta de acceso a equipos avanzados limitó su capacidad para competir con los líderes del mercado. Es como construir un automóvil de Fórmula 1 sin tener acceso a un motor adecuado.

La respuesta de China: los metales estratégicos

China, al ver sus opciones limitadas, tomó medidas para responder. Restringió la exportación de metales estratégicos como el galio, el germanio y el antimonio. Estos materiales son centrales para la fabricación de productos tecnológicos avanzados, desde baterías hasta paneles solares. Pero esta estrategia tiene un problema: aunque China refina casi todo el germanio y el galio del mundo, no controla las reservas minerales. Por lo tanto, otros países pueden extraer y refinar estos metales, lo que reducirá la dependencia global de China.

En el corto plazo, las restricciones chinas aumentan los precios de estos metales. Sin embargo, a largo plazo, la estrategia se vuelve en su contra, ya que fomenta el desarrollo de nuevas cadenas de suministro en otros países.

Una tecnología dividida en dos mundos

El impacto de estas restricciones no se limita a China y Estados Unidos. Lo que está ocurriendo es un proceso de “desconexión tecnológica” o decoupling, en el que el mundo se divide en dos bloques tecnológicos: uno liderado por Estados Unidos y otro centrado en China. Esto ralentiza el progreso global, ya que la colaboración internacional es clave para muchos de los avances tecnológicos que disfrutamos hoy.

En resumen, esta guerra tecnológica afecta a todos nosotros. Desde el teléfono que tiene en sus manos hasta los paneles solares que generan energía limpia, todo depende de estos equilibrios entre materiales, tecnologías y regulaciones internacionales. Al final, esta historia no trata solo de metales y normas, sino del futuro de la innovación y el progreso en un mundo cada vez más dividido.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.