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Donald Trump vs. Kamala Harris: se define el futuro de la humanidad

En los comicios estadounidenses se resolverá el choque de dos visiones diametralmente opuestas sobre el futuro de la nación más poderosa e influyente del planeta.
Foto: EFE/EPA/ Jim Lo Scalzo / Cydni Elledge
Foto: EFE/EPA/ Jim Lo Scalzo / Cydni Elledge

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos son, sin dudas, las más importantes de la historia reciente, no solo para el país norteamericano, sino para el mundo entero. La contienda entre Donald Trump y Kamala Harris representa el choque de dos visiones diametralmente opuestas sobre el futuro de la nación más poderosa e influyente del planeta.

Pero, ¿qué está en juego? Veamos. Cuando Karl Marx creó al comunismo lo definió como un “espectro” (Manifiesto Comunista, 1848), que estaba recorriendo Europa en aquel entonces y amenazaba con expandirse al resto del mundo. Su objetivo primordial era destruir los cimientos de la sociedad tradicional para pasar al “paraíso comunista”. Pasaron casi dos siglos y hay que decir que tuvo un éxito rotundo: el llamado marxismo ha penetrado en prácticamente todas las esferas de la sociedad, desde la educación y la cultura hasta la economía y la soberanía de las naciones.

Para mayor detalle invito al lector a leer “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo” de la editorial del periódico neoyorquino Epoch Times. La candidata demócrata, Kamala Harris, encarna una serie de políticas y valores que se asocian a ese neomarxismo o marxismo cultural, fomentado por el socialismo, la injerencia estatal y el postmodernismo. Su plataforma incluye un fuerte énfasis en la regulación gubernamental en diversos sectores de la sociedad.

La actual vicepresidente defiende tanto la intervención estatal en la economía como cualquier líder izquierdista latinoamericano, al punto que, de llegar a la Casa Blanca, ha dicho que planea impulsar un control de precios y la intervención en el mercado inmobiliario como método para frenar la inflación. ¿Les suena familiar?

Asimismo, ha prometido “redistribuir la riqueza” aumentando los impuestos a las grandes corporaciones y a los más ricos. Si usted es argentino (o de algún país latinoamericano) no hace falta explicarle que estas políticas solo derivarán en más recesión, inflación y desabastecimiento.

Pero no es solo economía. El Partido Demócrata se ha convertido en el representante del poderoso lobby militar. Tal vez por eso no es de extrañar que bajo la Administración Biden-Harris se hayan abierto diversos frentes bélicos en el mundo que tienen al Pentágono como protagonista “desde la sombras”, con la guerra de Ucrania y el conflicto en Medio Oriente a la cabeza.

Uno de los aspectos más controvertidos de la candidatura de Harris es su relación con las Big Tech y las Big Pharma. Estas enormes corporaciones, entre tantas otras, han formado parte de los principales financiadores de su carrera electoral, lo que ha generado preocupaciones sobre la influencia que podrían tener en su administración. Alcanza con mencionar tan solo un ejemplo: en los últimos días salió a la luz que Bill Gates, el principal financista de la Organización Mundial de la Salud, y promotor de los encierros y vacunaciones experimentales a gran escala en la pandemia, donó en secreto 50 millones de dólares a la campaña de Harris. Además, la candidata demócrata ya ha adelantado que está a favor de “regular” las plataformas de redes sociales (léase, censura). ¿Dónde habrá quedado uno de los pilares básicos del Partido Demócrata que era la libertad de expresión?

La cultura woke también es un tema central en la campaña de la exsenadora por California. En Estados Unidos la “agenda de género” ha llegado a niveles insospechados: en estados gobernados por los demócratas se promueve abiertamente y de una forma descarada la hormonización de niños para "cambiar" su "sexualidad", entre otras prácticas dañinas e irreversibles para los menores de edad. En este sentido, tal vez no sorprenda que la ex fiscal general es una las más férreas defensoras del aborto.

En contraste, la candidatura de Donald Trump representa una visión completamente diferente. Su campaña se centra en el patriotismo, no solo en términos de políticas que defiendan la industria, la producción y el empleo estadounidense, sino en la defensa de los pilares fundamentales de la nación.

El soberanismo de Trump tiene por objetivo devolver el poder a los Estados-nación y evitar el avasallamiento de la soberanía por parte de los organismos internacionales, las grandes corporaciones y las denominadas “ONG”. El líder del movimiento MAGA ha sido un crítico feroz del globalismo y ha abogado por políticas que prioricen los intereses de Estados Unidos.

Al igual que en su primer mandato, la política exterior del republicano se centrará en evitar nuevas guerras y reducir la presencia militar estadounidense en el extranjero, lo cual podría tener implicaciones significativas para la estabilidad global. Como buen conservador, Trump ha promovido el resurgimiento de los valores tradicionales, con la familia como pilar de la sociedad (ha prometido terminar con el adoctrinamiento izquierdista en los colegios, particularmente la teoría crítica de la raza y la ideología de género).

Asimismo mientras el candidato republicano promueve abiertamente la libertad religiosa y le abre los brazos a gente de todos los credos, su rival demócrata le contestó con sarcasmo “te debes haber confundido de mítin” a una persona que le gritó en un acto “¡Cristo es el rey!”.

El enfoque en la defensa de la libertad en sus diferentes esferas le ha permitido a Trump ganar la simpatía de un gran número de libertarios y gente de a pie que siente que estos derechos están siendo amenazados por un gobierno corporativo cada vez más omnipresente. De hecho, el excandidato presidencial libertario Ron Paul acaba de anunciar que le encantaría sumarse a la unidad que estará a cargo de Elon Musk para eliminar el excesivo gasto gubernamental.

La apertura que ha demostrado el exmandatario de 78 años ha renovado por completo al viejo Partido Republicano. Además de Musk ha sumado a figuras destacadas del Partido Demócrata, como los excandidatos presidenciales Tulsi Gabbard y Robert F. Kennedy Jr. Puntualmente el sobrino del legendario presidente demócrata, John F. Kennedy, también ocupará un lugar en la Administración Trump 2.0 buscando limpiar la enorme influencia corporativa en el gobierno, sobre todo en las áreas de salud, alimentaria y ambiental. Su lema es claro: “Hacer saludable a Estados Unidos de Nuevo”.

Esta enorme polarización entre ambos candidatos y sus políticas también se ha visto, en buena parte, reflejada en su electorado: mientras el Partido Demócrata se ha vuelto cada vez más “elitista” y “corporativista”, el Partido Republicano se ha convertido en el representante de los trabajadores, en el defensor de los pilares de la nación y las libertades básicas, y el que busca rescatar al “Estados Unidos profundo”, ese que no aparece en los grandes medios de comunicación ni en las grandes urbes de la costa este.

En las últimas décadas, el mundo ha sido prácticamente hegemonizado por esa otra cara del marxismo que es el progresismo-globalismo que, en esta ocasión, es representado por la candidatura de Harris. Su permanencia en la Casa Blanca no hará más que profundizar el rumbo decadente que ha tomado la que otrora fuera la gran potencia defensora de la democracia y la libertad, repercutiendo en todos los confines del planeta. Si gana Trump, la historia podría ser radicalmente distinta. El 5 de noviembre hablarán las urnas y se definirá no solo el futuro de los estadounidenses, sino el del resto de la humanidad.