Moldavia: el próximo escenario de batalla en Europa
Para muchos argentinos, Moldavia es un país poco conocido, pero su rol en el tablero geopolítico actual es clave. Este pequeño país de 2,5 millones de habitantes, ubicado entre Rumania y Ucrania, enfrenta desafíos grandes. Mientras el mundo está concentrado en la invasión rusa más al este, Moldavia lucha por mantener su independencia ante las ambiciones del Kremlin.
Desde la caída de la Unión Soviética, Moldavia sufrió una emigración masiva, con casi un cuarto de su población buscando mejores oportunidades en el exterior. Sin embargo, tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, la relación de Moldavia con Occidente se estrechó, especialmente con la Unión Europea. El 20 de octubre, el país celebró elecciones presidenciales y un referéndum que perfiló su futuro dentro del bloque europeo.
Maia Sandu, actual presidenta y una de las líderes más comprometidas con las reformas en la historia postsoviética del país, lideró los resultados electorales con poco más de un tercio de los votos. Esto implica que habrá una segunda vuelta el 3 de noviembre.
Sandu fue clave en la lucha contra la corrupción y en impulsar la adhesión a la Unión Europea. Sin embargo, la disputa no se limita a la presidencia, sino que se centra en el referéndum que decidió la unión de Moldavia a la UE. Este movimiento es resistido por Rusia, y Moscú no quiere perder influencia en una región que históricamente ha considerado bajo su control.
Rusia lanzó una campaña de guerra híbrida en Moldavia, con tácticas como la desinformación, los sobornos y actos de violencia de baja intensidad. A través de redes sociales como Telegram y TikTok, los mensajes prorrusos buscan generar dudas en la población, especialmente entre las minorías rusohablantes y en la región de Gagauzia, con un fuerte sentimiento prorruso. Se informó que unos 130,000 moldavos reciben pagos de Rusia para influir en los resultados de las elecciones y el referéndum.
Una región clave en este conflicto es Transnistria, una franja separatista en el este de Moldavia que es un bastión prorruso desde los años 90. Antes, Transnistria dependía del gas ruso, pero la guerra en Ucrania cambió esta situación. Con la frontera ucraniana cerrada, la economía de Transnistria se orienta hacia la Unión Europea, debilitando la influencia de Moscú.
A pesar de los intentos de Rusia por mantener su control, la mayoría de los moldavos aspira a un futuro europeo. Sin embargo, la estabilidad de ese país no está asegurada. Incluso si Sandu gana las elecciones en segunda vuelta, el país enfrentará varias crisis, desde la alta inflación hasta la necesidad de formar una coalición con partidos menos comprometidos con las reformas.
Al mismo tiempo, la victoria del “no” en un plebiscito para facilitar el acceso a la Unión Europea es un obstáculo para el ingreso pleno de este país al bloque.
El temor es que, tras la derrota de Rusia en Moldavia recurra a acciones más drásticas. Una posibilidad es que Moscú intente una intervención militar, utilizando Transnistria como punto de entrada. En ese escenario, Moldavia será el próximo campo de batalla, extendiendo el conflicto más allá de Ucrania. Occidente, especialmente la OTAN y la UE, debe actuar con rapidez para fortalecer a Moldavia política y militarmente, evitando así una repetición de lo ocurrido en Ucrania.
La batalla por Moldavia ya está en marcha y su resultado dependerá de la rapidez con que Occidente responda a las maniobras de Rusia.
Las cosas como son.
*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.