Un descubrimiento sorprendente sobre las antiguas élites griegas sale a la luz
La antigua Grecia es una de esas civilizaciones que dejó una huella imborrable en el mundo occidental. A pesar de todo lo que se ha estudiado sobre ellos, siempre surgen nuevos datos que sorprenden. Ahora, un estudio liderado por el profesor Janusz Czebreszuk, del Instituto Arqueológico Polaco en Atenas, descubrió que los griegos le tenían un aprecio especial al ámbar.
Esta resina fosilizada de árbol, admirada por su color y belleza desde el período Neolítico, también era un símbolo de estatus social entre quienes la llevaban.
La civilización micénica, que floreció entre los años 1750 y 1050 a.C., fue la primera cultura avanzada en la Grecia continental, destacándose por sus estados palaciegos, planificación urbana, logros artísticos y un sistema de escritura único. Estos avances marcaban el final de la Edad de Bronce en la región.
Las investigaciones revelan que el ámbar, utilizado principalmente en collares y ornamentos, solo se descubrió en las tumbas de las personas más ricas, tanto de hombres como de mujeres.
La mayor parte de este ámbar proviene de la región del Báltico, específicamente de la Bahía de Gdansk, un área que continúa siendo un importante centro de comercio de este material.
En la investigación se explica que en la Edad de Bronce, las élites tenían redes de intercambio a través de Europa que eran facilitadas por las alianzas matrimonicales que conectaban las distintas regiones del continente. El ámbar circulaba predominantemente entre las clases más altas como parte de este sistema de intercambios.
"El ámbar se distribuía ampliamente; se conoce su presencia desde las Islas Británicas hasta Ucrania, pero los depósitos principales en la prehistoria eran los del Báltico y el Mar del Norte", explicó el profesor Czebreszuk.
Además de su valor material, el ámbar estaba cargado de significado simbólico. Según la mitología, cuando Faetón, hijo del dios del sol Helios, murió, sus hermanas, transformadas en álamos por el dolor, lloraron lágrimas que se convirtieron en ámbar, también conocido como elektron. Para la élite micénica, portar este material significaba tener un fragmento del sol y reafirmar su estatus elevado dentro de la sociedad.

