Pánico en las urnas: los ecuatorianos eligen a su próximo presidente en un clima de terror
En una columna anterior, problematizamos sobre la posibilidad de estar frente a una auténtica narcodemocracia. En tan solo un puñado de años, Ecuador pasó de ser meramente testigo de lo que ocurría en sus vecinos Colombia y Perú a ocupar los titulares de la prensa hispanoamericana por la complicidad de su poder político con el crimen organizado y el narcotráfico.
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De hecho, en la primera vuelta del 20 de agosto va a faltar una boleta: la de Fernando Villavicencio. El periodista e investigador, que marchaba segundo en las encuestas, fue acribillado a balazos a la salida de un mitin de campaña en Quito el pasado 9 de agosto. Si bien la causa de su trágico deceso está en proceso de investigación, hay que ser claros: Villavicencio se había negado abiertamente a “transar” con las mafias que se han apoderado del país al tiempo que había denunciado la corrupción y las actividades ilícitas de Rafael Correa -y buena parte del “correísmo”-, además de exponer su relación con el grupo narcoterrorista colombiano FARC.
A pesar de ello, el exmandatario izquierdista -quien vive en Bélgica tras ser condenado a ocho años de cárcel por sobornos en su país en 2020- tendrá a su “delfín” en el cuarto oscuro: Luisa González. La candidata presidencial del Movimiento Revolución Ciudadana ocupó diferentes cargos en el gobierno de Rafael Correa (2007-2017) y también fue embajadora en España. Es una persona de confianza del expresidente, que confía en que si González llega al Palacio de Carondelet, será indultado (aunque ella lo ha negado). Más allá de eso, la candidata ha afirmado que, de imponerse en los comicios, gobernará junto al expresidente.
Irónicamente, el recientemente fallecido Villavicencio había sido uno de los críticos más feroces de Correa, al punto que su investigación fue la que derivó en el procesamiento penal de este último. Era tal el enojo de Correa con Villavicencio, que cuando estaba en la presidencia lo persiguió hasta tal punto que el periodista no tuvo más remedio que esconderse en un pueblo indígena en medio de la selva amazónica.
Para finalizar el capítulo de Villavicencio (quien será reemplazado en la papeleta electoral por su amigo y colega Christian Zurita), recordemos que en el último tiempo expuso, además de Correa y dirigentes de su partido, a la exsenadora colombiana Piedad Córdoba, la cual mantuvo (o mantiene) fuertes vínculos con las FARC. Asimismo, en su denuncia involucró a la narcodictadura de Nicolás Maduro (puntualmente a Álex Saab, presunto testaferro del dictador venezolano).
Con todo este historial, no sorprende que luego de la trágica muerte de Villavicencio, muchos apuntaran sus miradas contra Rafael Correa.
Es más, la viuda de Villavicencio, Verónica Sarauz, al ser consultada sobre los posibles responsables del asesinato, señaló que el correísmo tenía vínculos con bandas narcodelictivas. Asimismo, apuntó que Piedad Córdoba también había amenazado con hacer “desaparecer” a su esposo.
Entonces, ¿el correísmo no tiene chances de ganar? No, no es así. Como dijimos, la incertidumbre será la gran protagonista de la jornada. El Movimiento Revolución Ciudadana contaba -al menos hasta la muerte de Villavicencio- con una buena y sólida base electoral de alrededor del 30% (algo parecido a lo que sucede con el kirchnerismo en Argentina).
En estas circunstancias, es difícil que González gane en primera vuelta, ya que para lograrlo necesita contar con la mitad más uno de los votos válidos. La otra opción es que supere el 40% de los votos y le saque más de 10 puntos de diferencia al segundo. Algo que tampoco parece probable.
Sin embargo, tampoco hay otros candidatos favoritos para ganar en primera vuelta. Por lo que es de esperar que el pueblo ecuatoriano tenga que concurrir nuevamente a las urnas para una segunda vuelta el próximo 15 de octubre.
Algunos datos más que marcan la excepcionalidad de estos comicios: el actual presidente Guillermo Lasso no respalda a ningún candidato. De hecho, el Movimiento CREO no presenta a nadie para sucederlo en el poder.
Es más, estas elecciones son extraordinarias (Lasso asumió hace apenas poco más de dos años) y fueron convocadas por el presidente en un mecanismo constitucional denominado muerte cruzada, el cual permite renovar tanto el binomio presidencial como la Asamblea Nacional.
Además, son los primeras elecciones en la historia del país sudamericano que se realizan bajo un estado de excepción (decretado tras el asesinato de Villavicencio).

Ahora bien, además de Zurita y González, hay otros tres candidatos que, según las últimas encuestas, tendrían posibilidad de entrar en el ballotage.
En primer lugar hay que decir que la muerte de Villavicencio ha creado nuevas condiciones para propuestas de mano dura. Uno de los que levanta este estandarte es Jan Topic. Se trata de un empresario del sector de la seguridad, apodado el “Rambo ecuatoriano”, que promete seguir el ejemplo del presidente salvadoreño Nayib Bukele. Su lema es “Por un país sin miedo”.
Yaku Pérez lleva el medio ambiente como estandarte. Sin embargo, como la seguridad es el tema que obviamente caracteriza a estos comicios, el candidato de la alianza “Claro que se puede” propone una suerte de punto intermedio entre la "mano dura" (baja tolerancia al delito) y la "mano abierta" (invertir en educación y programas de empleo).
La centroderecha estará representada por Otto Sonnenholzner. El exvicepresidente de Lenin Moreno también propone una política de seguridad sin contemplaciones para los delincuentes al tiempo que busca una reforma judicial que permita expedir condenas rápidamente. Este economista y hombre de medios podría contar con el apoyo de los votantes de Lasso y su partido.
En total son ocho las fórmulas presidenciales que competirán para terminar el tiempo restante del mandato de Guillermo Lasso. Los centros electorales abrirán sus puertas a las 7 de la mañana y se cerrarán a las 5 de la tarde (horas locales) -Ecuador tiene dos horas menos que Argentina-.
Si bien el escenario está abierto, lo que sí se puede afirmar es que Ecuador tendrá nuevas autoridades dentro de muy poco ya que, por su carácter extraordinario, el presidente y vicepresidente que resulten electos asumirán sus cargos el próximo 25 de noviembre. Más allá de eso, la pregunta del millón es qué pasará con las bandas criminales y la inseguridad, algo que difícilmente se pueda predecir en lo inmediato.

