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Inmigrantes ilegales rodean la casa de la vicepresidente Harris y el barrio de Obama: ¿qué está pasando en EE. UU.?

La casa de la vicepresidente de Estados Unidos se vio rodeada por un centenar de inmigrantes ilegales. Algo similar ocurrió en la exclusiva isla de Massachusetts, donde Barack Obama posee una lujosa mansión.
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Desde hace años se viene hablando de la crisis migratoria en la frontera sur de Estados Unidos. Pero ahora, el conflicto ha llegado a niveles insospechados: esta semana, la casa de la vicepresidente de Estados Unidos, Kamala Harris, se vio rodeada por un centenar de inmigrantes ilegales. Algo similar ocurrió en la exclusiva isla de Massachusetts, donde Barack Obama posee una lujosa mansión.

¿Se ha desbordado la situación? ¿Cuál es el trasfondo político detrás de lo que está sucediendo? ¿Hasta qué punto podría trepar la crisis de inmigrantes ilegales?

La amenaza estaba latente desde hace meses. El que lanzó la primera punta por el mes de abril fue el gobernador de Texas, Greg Abbott. El republicano afirmaba que si la Administración Biden no hacía algo con la inmensa cantidad de inmigrantes ilegales que cruzaban diariamente la frontera, los empezaría a enviar en autobuses a los estados donde gobierna el Partido Demócrata.

Parecía una broma, pero Abbott hablaba en serio.

Es que la situación estaba (y sigue estando) desbordada: durante la administración Biden se han quebrado todos los récords de cifras de migración ilegal (por primera vez en la historia, se calcula que este año cruzarán la frontera de manera ilegal más de dos millones de personas).

Los reportes de la Patrulla Fronteriza reflejan la gravedad de una crisis que incluye el aumento de poder de los cárteles de la droga, el tráfico de personas y la detención de criminales y terroristas (al menos 66 personas en la lista de seguimiento del terrorismo han sido detectadas intentando cruzar la frontera este año).

De a poco, con el transcurrir de los meses, los inmigrantes ilegales capturados en la frontera que no tenían dónde ser alojados, y con la Patrulla Fronteriza desbordada, fueron subidos a autobuses con destino a Washington D. C., Nueva York y Chicago.

Pronto se sumaron a la acción los colegas de Abbott de Florida y Arizona; Ron DeSantis y Doug Ducey, respectivamente.

Es que las instalaciones no dan abasto: un reporte de Fox News destaca que más de 500.000 migrantes ilegales han escapado de las detenciones de los agentes solo en el año fiscal 2022.

Sintetizando: se desconoce el número exacto de criminales y terroristas que han cruzado ilegalmente la frontera y hoy están libres en territorio estadounidense.

Y así la situación fue escalando en el transcurso del 2022. A tal punto que la semana pasada la alcaldesa de la capital del país, la demócrata Muriel Bowser, declaró la emergencia pública ante la continua cantidad de inmigrantes ilegales que llegaban en autobuses desde los estados fronterizos. Según The Guardian, solo Texas ha enviado al menos 9.400 inmigrantes indocumentados a Washington D. C. desde abril.

El punto de quiebre ocurrió tan solo unos días después cuando, en el marco de una crisis sin precedentes, durante una entrevista en “Meet the Press” de NBC News, la vicepresidente de Estados Unidos, Kamala Harris, aseguró que “la frontera es segura”.

De inmediato, Abbott no pudo con su genio y el jueves envío dos autobuses -con 50 inmigrantes indocumentados cada uno- a Washington D. C. Pero no los dejaron frente al Capitolio o en alguna plaza -como habían hecho anteriormente-, sino que los trasladaron afuera del Observatorio Naval, la residencia oficial de la vicepresidente Harris, ubicada en el noroeste de la ciudad capital.

"La vicepresidenta Harris afirma que nuestra frontera es segura y niega la crisis (...) Estamos enviando inmigrantes a su patio trasero para pedir a la administración de Biden que haga su trabajo y asegure la frontera", tuiteó Abbott.

Las imágenes de los migrantes -entre los que se encontraban venezolanos, colombianos, cubanos, nicaragüenses y panameños- afuera del predio se volvieron virales.

Pero esto no fue todo. Tan solo unas horas antes, el miércoles, el gobernador de Florida, DeSantis, hizo lo propio enviando en dos aviones a medio centenar de inmigrantes ilegales a Martha's Vineyard, una adinerada isla donde personalidades de la élite estadounidense poseen casas. El expresidente demócrata Barack Obama tiene una mansión allí.

Tanto Washington D. C. como Martha's Vineyard, al igual que Chicago, Los Ángeles y Denver, entre otros lugares gobernados por el progresismo, son autoproclamadas -con orgullo- “ciudades santuario”. Según sus propias palabras, buscan proteger a los inmigrantes ilegales de ser deportados. Esto se vio muy claro durante la presidencia de Donald Trump, donde las autoridades locales de estos lugares se negaban a colaborar con los agentes federales.

Sin embargo, esta actitud “benevolente” de las autoridades demócratas no se vio reflejada esta semana en Martha's Vineyard, donde casi de inmediato los inmigrantes fueron subidos en autobuses para ser expulsados de la isla.

"Todas esas personas en Washington D. C., en Nueva York, se golpeaban el pecho cuando Trump era Presidente, diciendo que estaban muy orgullosas de ser jurisdicciones santuario... De repente se vuelven locos y están muy molestos porque esto está sucediendo... Su alardeo de virtud es un fraude", expresó sin tapujos el gobernador Ron DeSantis.

Como era de esperarse, el presidente demócrata Joe Biden salió a condenar las acciones de los gobernadores republicanos señalando que “están jugando a la política” y solo los moviliza generarle un daño electoral a la Casa Blanca.

Sin embargo, a la luz de los hechos, es evidente que la crisis migratoria está desbordada y los estados fronterizos ya no saben qué hacer. La solución, obviamente, pasa por la política. Pero a menos de 60 días de las elecciones intermedias en Estados Unidos, parece difícil que los protagonistas de ambos partidos políticos puedan sentarse y llegar a un acuerdo. El tiempo dirá.