Así fue el primer carnaval de Rio tras dos años de pandemia
El carnaval de Río de Janeiro derrochó durante dos noches de todo el jolgorio y energía contenidos durante la pandemia con la vista puesta en las elecciones de octubre, cuando la polarizada sociedad brasileña debe decidir si reelige o no a Jair Bolsonaro.
Las 'escolas' de samba arrastraron este sábado a unas 70.000 personas a un viaje hipnótico en el icónico Sambódromo, con un despliegue de fantasía y cuerpos meneándose al ritmo de los tamboriles. Fue el primer carnaval desde que comenzó la pandemia y se vivió de una manera muy especial
Los desfiles, seguidos en directo en todo el país, devolvieron a Río de Janeiro el estatuto de capital mundial de la fiesta popular y los cariocas demostraron que su alegría de vivir prevaleció, pese a la pérdida de más de 660.000 compatriotas en la pandemia.
Pasarela de cuerpos esculturales y coreografías prodigiosas, el Sambódromo también es una tribuna política que refleja especialmente las preocupaciones sociales de las clases populares, en cuyo seno nacieron las 'escolas' de samba.
La destrucción de la Amazonia, la vulnerabilidad de las tierras indígenas y el racismo, problemáticas que han marcado especialmente el gobierno del presidente Jair Bolsonaro, entraron en el guion de quienes desfilaron.
Con pancartas más típicas de una manifestación que de un desfile, Unidos da Tijuca repudió la controvertida tesis del "marco temporal", defendida por el agronegocio con el apoyo del Bolsonaro, según la cual solo deben reconocerse como indígenas las tierras ocupadas por estos pueblos en 1988.
También en las gradas hubo gritos contra Bolsanaro y vítores en favor de su máximo rival, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, mientras que según la prensa algunos de ellos fueron replicados por uno de los "camarotes" que acogen a la clase acomodada, ilustrando la polarización que vive el gigante sudamericano.
Tradicional atractivo para el turismo extranjero y clave para la economía local, el carnaval fue este año una fiesta sobre todo para casa, con solo 14% de foráneos, frente a 23% en la última cita de 2020..
El sector privado financia la mayor parte de los espectáculos, cuyas carrozas engalanadas y vestimentas sofisticadas alcanzan sumas de varios cientos de miles de dólares.
Las 'escolas' por ejemplo tuvieron que suspender durante meses sus ensayos, una importante fuente de ingresos gracias a las donaciones de los aficionados que asisten a estos con frecuencia. Finalmente, los brasileños pudieron tener su carnaval tras dos años de sufrimiento.