Cuatro muertos en Ohio que le costaron la presidencia a Richard Nixon

Cuatro muertos en Ohio que le costaron la presidencia a Richard Nixon

Las protestas en la Universidad de Kent terminaron en momentos tensos. Crosby, Stills, Nash y Young contaron esta historia y comenzaron a cambiar Estados Unidos.

Santiago Hernandorena

Santiago Hernandorena

Neil Young cerró la revista Life que tenía en sus manos, alzó la mirada y la perdió en el infinito, se levantó y caminó a su oficina, donde se encerró a componer. Tomó un gran riesgo: Richard Nixon iba a ser nombrado a toda costa en su canción. Sabía que eso iba a terminar en estaciones de radio prohibiéndola, pero no le importó. Su mensaje era más importante.

En aquella época era miembro del supergrupo formado por David Crosby, Stephen Stills (ambos de Buffalo Springfield) y Graham Nash, el británico que había sido miembro de The Hollies. Cuando grabaron “Ohio”, Crosby, Stills, Nash y Young se convirtieron en los líderes de la contracultura estadounidense y en la voz de protesta contra Vietnam y a favor de los derechos civiles.

Neil Young

“Diez soldados de plomo y Nixon viene” fue la puerta para que miles de estadounidenses encontraran una voz que rompía las barreras de la censura. Por desgracia, Ohio habla de sangre derramada.

El cultivo de odio da fruto

En noviembre de 1969, un año después de que Richard Nixon tomara el control del país, se descubrió la “masacre de My Lai”: unos 500 civiles vietnamitas habían sido asesinados por tropas estadounidenses en el marco de la guerra de Vietnam. Pocos días después se celebró el primer sorteo de lotería para reclutar soldados forzosamente. Además, Estados Unidos invadió a principios de abril del año siguiente Camboya, lo que fue visto por los movimientos antibélicos como un ataque a una nación soberana y neutral.

Todo ese caldo de cultivo fermentó en los jóvenes. En distintas universidades del país se hicieron demostraciones y manifestaciones contra Nixon y la guerra. En la Universidad de Kent, en Ohio, 500 estudiantes salieron a las calles el día posterior a la invasión en Camboya a protestar. Muchos lo hicieron de manera pacífica, pero no faltaron los violentos que llamaban a tomar las armas contra el presidente. En un momento muy simbólico, uno de los jóvenes enterró una constitución, mientras decía que Nixon la había matado.

A medianoche la situación empeoró. Muchos habían ido a bares a seguir conversando y el alcohol aumentó su ira. Al salir de los locales atacaron autos de policía y comenzaron a vandalizar negocios.

Cuando llegaron los policías, unas 120 personas los esperaban. Parte de la multitud los recibió tirándoles botellas e insultándolos. El alcalde de Kent  mandó a cerrar los bares, lo que generó mayor tensión. Finalmente las fuerzas del orden dispersaron con gases lacrimógenos y se declaró el estado de emergencia.

Con el paso de los días las cosas se tensaron.

Al día siguiente, comenzaron a circular los rumores de que había infiltrados de células radicales en la universidad con la intención del incendiar Kent. El jefe de policía informó que, según una fuente confiable,  parte de los jóvenes habían cavado túneles a lugares claves de la ciudad para hacerlos explotar con bombas y tenían LSD con el que pretendían contaminar el suministro de agua de la ciudad.

Ante la “confiabilidad de la fuente”, el alcalde pidió al gobernador del estado que se enviara a la Guardia Nacional de Ohio a la ciudad, temiendo que la policía no pudiese controlar la situación. Cuando llegó la fuerza, el edificio del Campo de Entrenamiento de Oficiales de Reserva estaba en llamas. Nuevamente volaron los gases, se detuvieron jóvenes y uno fue herido por una bayoneta.

En una conferencia al día siguiente, el 3 de mayo, el gobernador de Ohio tildó de antiamericanos a los manifestantes. Esa noche volvieron a existir protestas aunque sin violencia por parte de los estudiantes, aunque encontraron nuevamente a la Guardia Nacional y sus gases. También esa noche se escucharon los primeros disparos de bala de goma.

“Cuatro muertos en Ohio

El lunes 4 de mayo se esperaba una protesta masiva al mediodía. Funcionarios intentaron prohibirla, pero unas 2.000 personas se reunieron. La Guardia Nacional decidió dispersar.

Como los jóvenes se negaron a irse, les lanzaron gases lacrimógenos, pero el viento jugó a favor de los manifestantes. Los soldados, armados con bayonetas, comenzaron a avanzar sobre los estudiantes, que intentaron huir. En la desesperación equivocaron el camino y terminaron encerrados en un estacionamiento, sin lugar de escape más que retroceder hacia donde estaba la Guardia Nacional.

Nadie sabe con exactitud por qué un sargento, que ya estaba retirándose para darles espacio a los estudiantes para salir, disparó. Existen múltiples versiones de lo sucedido, pero nadie de los que investigaron lo que ocurrió pudo o quiso demostrar nada. Inmediatamente sus compañeros siguieron su acto y apretaron los gatillos.

Durante 13 segundos se utilizaron 67 cartuchos de munición. Los estudiantes usaron los automóviles como escudos. Trece jóvenes yacían tendidos en el piso, cuatro estaban muertos.

Los fallecidos Allison Krause, Jeffrey Miller, William Schroeder y Sandra Scheuer. Foto: Getty Images

La Guardia se retiró. Comenzaron a llegar las ambulancias. Solo el geólogo y profesor de la universidad, Glenn Frank, se atrevió a intentar calmar a los jóvenes que ya querían revancha a toda costa. Durante 20 minutos les habló y logró convencerlos de que tomar represalias solo terminaría en una masacre: los uniformados tenían armas, ellos no. Al día de hoy se le reconoce haber salvado la vida de los estudiantes, aunque  meses después casi lo apartan de su cargo por criticar el accionar de la Guardia y de quienes investigaron los sucesos.

En todas las universidades comenzaron las protestas. El lema era: “No pueden matarnos a todos”. Nixon fue insensible a lo ocurrido pero se atemorizó por los distintos enfrentamientos a lo largo del país. Para el presidente, los que protestaban contra la guerra eran peones del comunismo internacional.

Las fotografías de los muertos recorrieron Estados Unidos y el mundo. La revista Life las puso en la portada y una de esas copias llegó a manos de Young.

Al día de hoy, el caso se abrió múltiples veces. Algunos buscan exculpar a la Guardia Nacional, otros que los culpables terminen de pagar sus delitos. Fue una mancha más en la administración Nixon, pero el puntapié para que Crosby, Stills, Nash y Young hicieran levantar una voz que cambiaría la historia no muchos años después.

Ideas o comentarios: escribí a shernandorena@mdzradio.com

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?