Argentinos: dejemos de hablar de Finlandia, nosotros somos mejores

Argentinos: dejemos de hablar de Finlandia, nosotros somos mejores

En mis tiempos si uno daba alguna señal de inteligencia en el barrio -que no solo implicara robar pelotas o la fruta del vecino- la gente decía "a este en cualquier momento se lo llevan los rusos". Una columna del escritor y docente Dionisio Salas Astorga.

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Ni uno ni los rusos, en esa época, había caído en la desgracia ideológica, en la oxidación natural de la vida. Se creía que si un país podía construir cohetes eréctiles para penetrar el cosmos virgen y submarinos más silenciosos que tiburón de pelopincho, entonces iba a encontrar la aguja de la pobreza, más puntualmente la olla de cada uno y zurcir los bolsillos del trabajador hambriento. Se creía. Con los años se vio que el barrio no produjo ningún ruso, estábamos destinados a ser un primo simpático, más ni hablar.

A los rusos tampoco les fue tan bien que digamos. La revolución del puño de hierro, la hoz y el martillito de Stalin, no pudo parar la erosión insípida de las hamburguesas con papa frita. El pueblo quiere hamburguesas, autos para andar en la tierra, no viajar por este universo lleno de agujeros negros. Los rusos a EEUU. Bien por ellos. Nosotros acá en la lucha, pensando en qué trabajar después de jubilarnos.

Los que ahora cortan el queso de utopías que no cuajan, son los finlandeses. Finlandia, como ustedes saben, está en otra parte del planeta, tan lejos que nadie se molesta en ir a comprobar si lo que se dice de ellos es cierto, ni siquiera chequear que exista un país llamado Finlandia. Y la gente repite cosas: que el niño finlandés es más inteligente que el nuestro, por ejemplo. Que sus escuelas fabrican genios y los profesores enseñan desde bordado de auroras boreales a la teoría de Einstein. Y para colmo son los más honestos entre los nórdicos.

Estas apologías de otros mundos posibles son típicas de un pueblo con la capa caída, seamos francos. Nosotros llevamos décadas arrastrando la capa, caperucita desteñida volviendo a casa somos, y a veces el lobo con capa, tenemos eso que se llama bipolaridad, depresión pos centenario.

Según Wikipedia los finlandeses están bastante bien, ganan en las pruebas de conocimientos PISA, pero es en lo único que ganan. Tienen una lengua que no pueden hablar ni ellos, más saunas que autos, son poco más que la población de Córdoba. Por lo que uno ve cuando los googlea, se aburren tanto que se quedan en la escuela. O se van a vivir a Suecia, que sería “la entretenida” en la zona.

Hasta el gobierno que tenemos debería entender esta simple parábola: si usted siembra peras, no cosechará manzanas, cosechará peras. Y si no siembra nada, no le salen finlandeses.

Hay que extirpar sin biopsia, como decía mi amigo el neurocirujano, cuando podíamos hacer un segundo café en la peatonal, mirando de reojo su Kangoo base que este año terminará de comprar si dios quiere: «pagá vos que hace tres meses no cobro. Dicen los de la mutual que ya nos van a arreglar una parte». 

Este país será cualquier cosa, pero no tiene nada de aburrido. Últimamente no le ganamos a nadie en las pruebas, cierto, pero tenemos tantos premios nobeles como varios nórdicos juntos gracias a maestras que no cobraban ni cobrarán en vida lo suficiente para alimentar a su familia. Y somos expertos desde 1810 en dormir con un ojo abierto y la puerta cerrada para defendernos de los monstruos de la derecha o de la izquierda -según corresponda- cada vez que nos tiran encima sus estadísticas de Estado con disfunción. Así que el quesito finlandés, para las tostadas con mate solamente.

Por Dionisio Salas Astorga, docente, editor y poeta mendocino.

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