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Temer entierra la era Rousseff y viaja al G20 como presidente

Además de la crisis institucional, Brasil está sumido desde hace meses en una fuerte recesión. El Producto Interno Bruto (PIB), en declive.
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El nuevo presidente de Brasil, Michel Temer, intentó hoy pasar rápidamente página al Gobierno de Dilma Rousseff e inició su primer viaje oficial al extranjero, a la cumbre del G20 en China, apenas horas después de la controvertida destitución de su predecesora.

Temer asumió hoy el cargo que ya ejercía de forma interina desde mayo después de que el Senado destituyera con una clara mayoría de más de dos tercios a Rousseff, como colofón a un sonado juicio político de varios meses contra la ya ex presidenta.

Rousseff, del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), había sido suspendida del cargo el 12 de mayo por cuestionadas acusaciones de que su Gobierno maquilló las cuentas públicas en 2014 y 2015, y tuvo que ceder hoy de forma definitiva su cargo al conservador Temer, que fue durante más de cinco años su vicepresidente.

El fin del "impeachment" se convirtió así en el capítulo final, por ahora, de una larga disputa cargada de intrigas personales en medio de la grave crisis económica en Brasil. Temer gobernará hasta diciembre de 2018, cuando venza el que era originalmente el segundo mandato de Rousseff.

El nuevo presidente, del centroderechista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), abandonó en marzó la alianza gubernamental con la que Rousseff ganó por primera vez las elecciones en 2010, y consumó hoy un giro hacia la derecha en la principal economía de América Latina, tras más de 13 años de Gobierno del PT.

La caída de la primera presidenta mujer de Brasil volvió a exhibir las heridas abiertas entre los diferentes grupos políticos, no sólo en el Senado, sino que se trasladó también a las calles.

Decenas de simpatizantes de Rousseff se enfrentaron violentamente con la policía en la metrópoli financiera de Sao Paulo. Los manifestantes rompieron cristales y armaron barricadas en la Avenida Paulista, una de las principales arterias de la ciudad, según mostraron imágenes de la televisión. También en Río de Janeiro hubo protestas.

Temer rechazó hoy por primera vez directamente las acusaciones de Rousseff de que fraguó un "golpe de Estado" en los último meses.

"Golpista es usted, que no respeta la Constitución", dijo un vehemente Temer en sus primeras reacciones públicas después de la destitución de su antigua aliada política.

La ya ex mandataria había reiterado antes sus acusaciones contra Temer y sus aliados, a los que acusa de formar parte de una "alianza golpista" y "ultraconservadora".

"No suben al Gobierno por el voto directo", dijo Rousseff en un combativo pronunciamento después de que el Senado votara con una mayoría de 61 contra 20 senadores por su destitución, allanando el camino para la administración de Temer.

El nuevo presidente, vinculado a las élites conservadoras desde hace décadas y visto como un hábil negociador político en Brasilia, reafirmó poco después su nueva agenda de Gobierno.

Su programa de austeridad económica prevé una reforma del sistema de pensiones y la revisión de los costosos programas sociales que impulsó el PT de Rousseff y el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva durante los últimos años.

Temer viajó hoy mismo ya como presidente oficial a China para asistir a la cumbre del G20 de los próximos domingo y lunes. El nuevo mandatario brasileño, de raíces libanesas y prácticamente desconocido en el escenario internacional, tiene desde el jueves ya reuniones previstas con representantes empresariales, según comunicó la Presidencia.

Poco antes, Temer había asumido el cargo en una austera ceremonia de investidura de apenas 11 minutos en el Palacio de Planalto de Brasilia. Inmediatamente después convocó a su primera reunión ministerial como jefe de Estado oficial, en una sesión abierta a la prensa.

El presidente aseguró ahí que había mantenido hasta ahora una "discreción absoluta", pero instruyó a sus ministros a rechazar las acusaciones de Rousseff y sus aliados. "Las cosas se definieron y es necesaria mucha firmeza", dijo en relación al "impeachment".

El juicio contra Rousseff, electa por primera vez en 2010 y reelecta en 2014, es controvertido porque la mandataria no es acusada de corrupción, sino de presuntas irregularidades para maquillar el déficit público.

El PT sostiene que las maniobras conocidas como "ruedas fiscales" ya eran practicadas en Gobiernos anteriores y acusa por ello a sus adversarios políticos de usarlas como excusa para defenestrar de forma ilegítima a una presidenta electa en la urnas.

Rousseff reiteró hoy sus acusaciones. "Es el segundo golpe de Estado que afronto en la vida", dijo la ex mandataria en un combativo en el que aludió al golpe militar de 1964.

Además de la crisis institucional, Brasil está sumido desde hace meses en una fuerte recesión. El Producto Interno Bruto (PIB) de la primera economía de la región se contraerá en un 3,3 por ciento este año, según las previsiones.

  Por Isaac Risco (dpa)