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Qué dejó el Foro Económico Internacional de San Petersburgo

El mayor desafío en su vigésima edición arrojó que el que no capitaliza la nueva realidad económica global, pierde. Antes del Brexit.

San Petersburgo tuvo su vigésimo foro internacional de economía. Es una reunión a la que el mundo occidental mira cada vez menos de reojo. El 18 de junio culminó este encuentro, en el cual se reunieron más de 12.000 participantes de 133 países, incluso representantes de medios y negocios, además de delegaciones gubernamentales. 

El presidente Putin manifestó en su saludo a todos los participantes que "la economía mundial se ve afectada cada vez más por factores políticos y sociales". Hasta ahí ninguna novedad: "Los desafíos que enfrenta la comunidad mundial exigen una acción concertada para lograr un crecimiento sostenible y equilibrado. Es vital que trabajemos juntos en nuestra búsqueda de controladores adicionales de desarrollo. Debemos hacer más plena utilización del potencial industrial, científico, tecnológico e innovador de nuestras naciones. Y también el potencial de las estructuras de integración internacional. Debemos reaccionar más rápidamente a las demandas cambiantes del mercado", finalizó.

Cuando Sergei Prikhodko, Viceprimer Ministro de Rusia, Jefe de Personal de la Oficina Presidencial, ofreció la bienvenida, comenzaron a circular las buenas nuevas -y no tan buenas- olas de la economía. La importancia del foro se mide en presencias políticas: jefes de Estado, funcionarios gubernamentales y ejecutivos de importantes compañías internacionales y organizaciones.

El programa del foro fue único en términos de escala y cantidad de temas que se abarcaron, incluso más de 300 sesiones, debates, anuncios de prensa y mesas redondas. La reunión se centró en cinco pilares:

1) Una expansión económica sostenible

2) Cómo aprovechar el potencial económico de Rusia

3) La nueva dinámica geoeconómica

4) Las revoluciones tecnológicas

5) La dimensión humana

Según el diario ruso Rossiyskaya Gazeta se firmaron más de 300 acuerdos por valor de 1 billón de rublos (u$ 15,6 mil millones) durante este foro.  Italia, representada por el primer ministro Matteo Renzi, firmó los mayores acuerdos con Rusia. 

Vladimir Tikhomirov, economista senior del grupo financiero BKS, junto con otros expertos entrevistados, dijo que las promesas hechas por Putin se debieron a los problemas con el presupuesto. El problema aquí es que las reformas requieren limitar el poder del Kremlin. "Todo lo que Putin ha dicho de una manera u otra  se ha repetido durante mucho tiempo, pero las declaraciones que realmente podría mejorar la situación todavía no fueron escuchadas", valoró.

En una columna aparecida en el medio Snob, el economista Vladislav Inozemtsev compartió su parecer sobre los puntos clave del foro en San Petersburgo. Según él, no habrá ningún cambio radical en la política económica de Rusia. "No habrá ninguna confrontación militar con Occidente, al igual que no habrá reformas sustanciales. La economía, a pesar de todo, es bastante estable y la desaceleración no será superior al 2 o 3 % por año, hasta 2017-2018". No es menor el detalle si se piensa que la Copa del Mundo se realizará a mediados de 2018.

Inozemtsev agregó: "Hoy el gobierno ha pasado de la gestión del crecimiento, típico en los inicios del 2000, para una gestión de desaceleración, en un proceso controlable". Y advirtió: "La amenaza occidental será uno de los componentes importantes de la nueva estrategia nacional, asegurando así adaptación del público a niveles de vida decrecientes. Esa es la razón de la confrontación con Occidente, que se mantendrá en un nivel necesario para mantener al público en general en la esclavitud".

Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, quizá sintetizó mejor que nadie el espíritu del encuentro: "La historia ha dividido a menudo nuestros pueblos. A pesar que el siglo XX se aleja en el pasado, su sombra se encuentra todavía a nuestro lado. Sin embargo, a pesar de nuestra carga pesada, somos libres de elegir el futuro. Nuestro mundo de hoy es más frágil e incierto que nunca. Hemos entrado verdaderamente en la edad de la fragmentación. Y en este mundo, Rusia tiene una oportunidad y también un deber: utilizar su poder para el bien común, trabajando junto a la Unión Europea y como nuestro socio".

Putin sabrá si la política puede dominar a la economía o si la relación inversa podrá quebrar la historia de un país, un gigante, que necesita más que nunca estar dentro del mundo.