Plop (Trump y el estupor del mundo)
Trump lo hizo posible. Es un milagro que, desde ayer, nos recuerda que en política nada es imposible, para no afirmar lo que es verdad histórica: la política es el arte de lo posible.
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El mundo asiste a su triunfo con una mezcla de estupor, duda y desconfianza, ante lo que suponía más un hecho del siglo pasado que del actual.
En el país donde se machaca que la previsibilidad y la planificación están por encima de los hombres, el nuevo jefe político es lo más imprevisible en danza. Ni siquiera los últimos días del presidente Reagan (con afectaciones importantes y avanzadas en su Alzheimer) ofrecieron tantas dudas como las que se ha encargado de proponernos Donald Trump. En persona y sin cinismo (o con tanto cinismo, nunca se sabe).
Las nuevas fantasías que se ha ocupado de dar a conocer en estos últimos meses fueron aceptadas por una sociedad desencantada. No sólo los americanos no le temen a Trump, sino que ahora sabemos que también lo respaldan. Y de alguna manera los interpreta mejor que nadie. Es una legítima representación para alguien que se ha mostrado políticamente incorrecto desde todo análisis.
Trump hizo todo al revés de lo que cualquier manual del buen candidato recomendaría practicar para obtener éxito. Probablemente haya escrito uno nuevo, tan personal e íntimo como se ha mostrado, tan audaz como varias de sus ideas fuerza, tan innovador como su estilo.
Ganó el peor candidato, al menos para buena parte del mundo que aspira a otra clase de mundo. ¿Se equivocan los pueblos cuando se expresan de modo democrático? No abono a esas teorías, de modo ninguno. Y, por el contrario, será por la misma vía que se lo deberá discutir.
Por ahora hay que decir que la América silenciosa se ha hecho oír y vaya de qué modo, respaldando al ya no candidato en la profundidad de un país que no acepta el retroceso económico ni la pérdida de la hegemonía mundial.
Es la venganza de los incorrectos antes los correctos que no dan respuesta. Es la esperanza de quienes creen que la política es una corporación más, encerrada en sus reportes y en su falta de sensibilidad y sentido común. Es la rebelión de los hombres y mujeres comunes que confían más en un par que en uno impar.
El mundo cambió ayer más de lo que podemos imaginar. Nuevos grupos de poder ascienden a la cima de las decisiones, nuevas influencias tendrán mayor determinación en la geopolítica internacional y hasta se ha impuesto un nuevo orden moral en la política.
Ganó el candidato que más entusiasma a Rusia y el que menos a México. Más que una definición de los días que vendrán
Trump lo hizo. Es la senda del "sueño americano" en una versión antipática, como pocas. Lo peor sería que resultara exitosa. El mundo se convertiría en un sitio bastante peor al que ya vivimos todos los días.
Donald, "sueña un pequeño sueño sobre mí..."