¿A qué países saluda Argentina como "amigos"?
Un avión que desaparece entre Kuala Lumpur y Beijing, otro que es derribado por un misil, superando el argumento cualquier película de ficción y con 80 niños abordo, además de científicos entre quienes probablemente estaba la cura del sida. Guerras religiosas en África y Asia que en nombre de Dios abren las puertas a demonios de ambos lados, con la excusa de querer frenar al otro y con masacres increíbles como consecuencias: cientos de niñas en Nigeria, miles en Siria. La “guerra eterna” de Tierra Santa transmitida online y enfurecida a horas de una puesta en escena “por la paz” en los jardines del Vaticano. Ucrania en plan de implosión, como plan de Rusia para “conquistar el mundo”, con un gobierno remixado que logra sintetizar, aunque con métodos actualizados y modales refinados, lo peor de su historia y la de los enemigos que combatió, con segregación, autoritarismo y una “democracia” con características plebiscitarias, más parecida a las caudillescas latinoamericanas, pero con pretensiones de poder universal.
Imperialismos en puja: Estados Unidos que intenta recomponerse de 30 años de “flojera”, logrando su autabastecimiento petrolero, pero a quien se le revelan sus propios espías, delatando medidas fuera de todo acuerdo internacional, que resultan de práctica habitual. China que avanza no como nación clásica en búsqueda de nuevos mercados, sino como cultura milenaria que se apropia y justa a sus normas de todo lo que hay a su paso, allí en donde las puertas de países desorientados o desesperados por su inviabilidad se le abren. Una treintena de naciones hoy registran problemas luego de que China se instalara en sus territorios, tendiendo la mano y agarrando hasta el codo. Alemania que subordina a toda Europa a sus pies, que pone y saca gobernantes como lo hizo, por ejemplo, en Italia. Y que tras elegir a su conductor en la Bruselas elige a un conservador corrupto que fue repudiado en su propio país, Luxemburgo.
El Pacífico transformado en un polvorín, de norte a sur, con bases de unos y de otros listas para ser utilizadas en el despliegue militar, pero siempre activas en el espionaje e intervención comunicacional sobre los pueblos bajo su influencia.
La “guerra cultural”: contra Estados Unidos y sus países aliados (o bien los obligados a serlo), dándole de su propia medicina.
Medios de comunicación de origen árabe, rusos y hasta latinoamericanos generando versiones en paralelo y contradictorias de lo que sucede, generando agendas informativas confrontativas, como si el espíritu de las viejas guerras psicológicas se hubiese apoderado del cuerpo de lo que alguna vez se llamó periodismo.
No está claro qué pasa en el mundo ni quiénes tienen la culpa de qué. Siempre hubo un clima parecido, pero jamás elevado a este nivel en el que todos los países, aun el más remoto, resulta campo de batalla a mano para un combate entre gigantes que, mientras avanzan, aplastan, oprimen o dividen cualquier identidad local.
La instantaneidad de la información juega un rol central y, por ello, se abren las fronteras de las propaladoras de los “relatos paralelos”, de los guiones dictados por una u otra usina de esta competencia de la que participamos aunque no estemos interesados en hacerlo.
Vamos a un caso concreto que demuestra la confusión en la que estamos siendo atravesados por un enjambre de versiones:
Rusia dijo que quisieron derribar el avión de Putin. Pero derribaron uno de Malaysia Airlines con 300 personas abordo, un “Arca de Noe”, si se quiere, que llevaba científicos, niños, turistas, políticos, militantes sociales. ¿Quién lo derribó? Cayó en un territorio en disputa por parte de militares prorrusos, en Ucrania. Pero esos sectores se están quejando del poco apoyo que despiertan en Putin, que negocia con su enemiga Europa. Obama dice que no pudo hacerse de no ser con ayuda rusa, que proveyó de misiles a los rebeldes. Éstos últimos, a su vez, dicen los medios de EEUU, se llevaron 38 cadáveres. ¿Por qué? Nadie lo dice, simplemente ese dato sirve para cambiar de tema y recalificar a los rebeldes. ¿Quién fue? ¿Y por qué lo hicieron?
¿Pasó algo más ese día? Israel invadió por tierra la Franja de Gaza, luego de hacerlo por aire y mar. ¿Cortina de humo? ¿Los rebeldes prorrusos quisieron que volvieramos la vista hacia ellos? ¿Alguien quiso no "miráramos" hacia otro lado? Ese día, además, Vladimir Putin retornaba a su país tras cerrar alianzas con los países chavistas y sus amigos un poco menos chavistas, pero afines. En territorio latinoamericano quedó el titular de la cultura silenciosa que avanza y se queda, Xi Jimping, recibiendo exageradas reverencias, regalos berretas y ambiciosas sonrisas.
Acababan, ambos, junto al titular de la democracia más numerosa del mundo, la India, de generar su acto propio, en nombre de los países emergentes, en este TEG global del que Brasil, nuestro vecino, forma parte central. Argentina fue convidada y cerró acuerdos. Pero a la vez, en medio de esta guerra mundial de intereses cruzados, nuestro país puso "un huevo en cada canasta".
Decimos que "quieren quedarse con Vaca Muerta", el megayacimiento que representa la "nueva joya de la abuela", mientras se les otorga condiciones excepcionales a las multinacionales del capital concentrado como Chevron, con cláusulas secretas, beneficios que no se les brindaron a otras "inversiones" y con los tribunales de Paris como sede de las futuras quejas, le rogamos a Obama que "dicipline" a su Corte de Justicia contra los "fondos buitre", otros guerreros en la batalla global. Pero, en simultáneo, nos rendimos ante Rusia y Putin, nos comprometemos con China por cifras multimillonarias y aceptamos a la justicia de Inglaterra como quien deberá definir los potenciales problemas contractuales.
Estamos metidos en el conflicto global como convidado de piedras y es difícil definir las posiciones, qué está bien y qué está mal.
Un enjambre informativo nos atraviesa y confunde. Pero hay algo puntual en este contexto: Argentina juega con todas las partes en pugna y eso, en la guerra, se paga caro.

