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El chavismo vuelve a perder la brújula

Disidencias y reclamos de investigación de la corrupción desde el seno del Gobierno. Expulsiones y amenazas. Algo pasa en Venezuela; ¿qué?
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El chavismo venezolano vuelve a sus orígenes y pierde la brújula ideológica. Así como en un principio nació como un movimiento equiparable a los “carapintadas” argentinos e, inclusive, el mismísimo Hugo Chávez se movió por primera vez dentro del juego de la política con el libreto del argentino Norberto Ceresole (foto, abajo), ahora es castigada no solo desde la “derecha golpista”, sino desde adentro, desde la izquierda del movimiento revolucionario.

Chávez hizo cuajar su proyecto en lo que denominó, luego de acordar con los hermanos Castro en Cuba una alianza estratégica y quitar de su lado al neofascista Ceresole, en el “Socialismo del Siglo XXI”, una enunciación que buscó incansablemente su profundidad teórica y que encontró en otros dos argentinos: uno de ellos, Luis Bilbao, desde su libro Venezuela en Revolución. Renacimiento del socialismo. El otro, Atilio Borón, una especie de “enviado” de la isla caribeña para garantizar solidez y lealtad.

En el medio de todo ese proceso de búsqueda de un anclaje, Chávez, surgido de un golpe de Estado contra una democracia venida a menos, plagada de corrupción y que el sistema político tradicional no supo levantar del suelo, jugó con lo que el historiador venezolano Germán Carrera Damas denominó como “bolivarianismo de sustitución”, que, en sus palabras, según le dijo a MDZ, no es otra cosa que una máscara del fundamentalismo, del culto sacralizado “que, sumado al elemento militarista, resulta en un evidente extravío ideológico, mezcla de rancio autoritarismo y demagogia”.

El zénit del proceso se consiguió con la puesta en marcha del aparato político que unió a los múltiples partidos y movimientos sociales que nutrieron al chavismo.

Maduro y Cabello velan a Chávez.
Sin Chávez, todo se volvió bastante más enunciativo y práctico, aun cuando estaba enfermo y se sabía de su ausencia cercana. Las luchas internas se recrudecieron y muchos de quienes se habían ya alejado de las estructuras del poder se consideraron “legítimos herederos”, ya sea del primero, el segundo o el chavismo que fuere. Pugnaron por el poder, aun sabiendo que el líder había bendecido a Nicolás Maduro para ocupar la silla rpesidencial. Reaparecieron todas las caras y disfraces del chavismo: los nacionalistas anticubanos, los procastristas, los militares prágmáticos, los movimientos sociales, los sectores tradicionales de la izquierda que se quedaron.

Ahora, en medio de las disidencias de importantes figuras, muchas de las cuales exhiben carnets de “ideólogos del chavismo” y entre los que se cuentan hasta ex altos funcionarios del líder que se volvió mito y es objeto de culto o detractación, según corresponda, el debate está en si el proceso se degrada con las “fugas” o se consolida con “lo más graneado y leal”.

“Se verán conmigo los pequeño burgueses vacilantes que quieren confundir al pueblo”, amenazó el presidente Maduro, que ostenta el poder formal frente a un poderoso Diosdado Cabello, líder del Congreso (Asamblea) que parece ejercer el poder real, con un gabinete de ministros repleto de altos jefes militares. Un gobierno de militares conducido por civiles en conflicto permanente entre ellos.

Como consecuencia del agravamiento de la crisis económica, Maduro se sacó de encima a Jorge Giordani, ex ministro de Planificacióny también de Finanzas, quien se fue vomitando críticas a la corrupción imperante. Ya en tiempos de Chávez lo había hecho uno de los adalides del nacionalismo anticubano, Raúl Isaías Baduel, militar “compadre” del exmandatario que terminó purgando 8 años de cárcel, desde donde ahora se ha transformado en un mártir que pretende una reforma constitucional para sustituir a Maduro y volver con el primer chavismo, el del “momento cero” de la revolución que él integró, aun sin haber acompañado el golpe de Estado que hizo que el “bolivariano” se haya hecho conocer en todo su país.

Giordani y Navarro.
Ahora, arden las redes de una izquierda que pretende capitalizar -antes de que lo haga la derecha- de una población que, de la inclusión lograda en algún momento por Chávez solo les queda el respeto y, en muchos casos, el amor por el líder fallecido, frente a una situación de desabastecimiento y encarecimiento del costo de vida tan intolerable como el que no toleró el mismísimo Chávez de la anterior “democracia burguesa”.

Allí se engancha el debate por la expulsión de un “desleal”. Se trata del caso del exministro de Educación, Héctor Navarro, quien reclamó hacia adentro del PSUV, el partido gobernante y como miembro de su comisión directiva, que se investigue la corrupción denunciada por Giordani. Lo echaron del movimiento y ahora el chavismo se sume en un debate sobre las individualidades y el conjunto, sobre el fondo y la superficie que, en definitiva, distraen a los gobernantes y alimentan una disconformidad creciente. Los enojados ya no son solo los opositores, al menos, la mitad del país. Sino que desde las tripas del “movimiento bolivariano” se abre una grieta que, a juzgar por las duras palabras públicas hacia la disidencia pronunciadas por el propio Maduro, es mucho más que un típico debate interno de los partidos de izquierda.