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La ONU pide la prohibición de los tiros al aire

Un nuevo informe preparado por Unlirec, al que accedió MDZ, demuestra que disparar al aire genera muertes y heridas por balas perdidas.
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Las balas perdidas tienen como origen principal los disparos al aire para celebrar, una vieja costumbre muy arraigada en algunos países de Latinoamérica y en muchos miembros de las fuerzas armadas y de seguridad en la Argentina. También pueden nacer de tiroteos, armas mal utilizadas por uniformados en cumplimiento de su deber o en la inusitada presencia de armas de fuego en hogares.

La cifra de personas que mueren o quedan heridas por las balas perdidas no resulta tan elevada como la de víctimas de las armas de fuego en forma directa. Sin embargo, una característica de un estudio recientemente presentado en Nueva York por la ONU a través de su oficina Unlirec –al que accedió MDZ- justifica una novedosa decisión del organismo: pedirle a las naciones miembro que prohíban los disparos al aire y que, lógicamente, reglamenten un efectivo control de su cumplimiento. El dato que generó esta recomendación está en que las balas perdidas generan más daño, proporcionalmente, en niños y mujeres que el uso directo de las armas de fuego.

El trabajo fue elaborado por el especialista William Godnick, coordinador del programa de Seguridad Pública de Unlirec, con el trabajo de Diego Gadelho, Rafael Luchini, Rémi Bacouillard, Manuel Martinez, Julia Wittig, Julián Bustamante y Giuliana Vila.

El informe de la ONU revela que, a nivel mundial las mujeres representan “sólo el 17% de las víctimas de homicidio, y en menor porcentaje, las víctimas de homicidios cometidos con armas de fuego”. El monitoreo de medios de comunicación realizado para el estudio sobre balas perdidas demostró mayores niveles de victimización entre mujeres, tanto menores y jóvenes, como adultas.  

Según Unlirec, la proliferación excesiva de armas a las que técnicamente se les denomina “pequeñas y livianas”, las más comunes, combinada con una serie de variables políticas, sociales y demográficas, “ha dado lugar a niveles inaceptables de violencia armada en América Latina y el Caribe en las últimas décadas. En la región se concentra el 27% de todos los homicidios a nivel global, teniendo únicamente el 9% de la población mundial”, tal como lo señala el informe. Agrega algunos datos duros importantes para tener en cuenta: “Las armas de fuego están presentes en aproximadamente el 75% de todos los homicidios en América Latina y el Caribe”.

La oficina de la ONU consideró, entonces, que “con tales niveles de violencia armada resulta comprensible que muchas balas disparadas no impacten su destino previsto y terminen hiriendo y matando a personas inocentes”.

El Centro Regional de las Naciones Unidas para la Paz, el Desarme y el Desarrollo en América Latina y el Caribe (la ya mencionada Unlirec) documentó 550 casos de violencia armada a causa de balas perdidas - con 617 víctimas como resultado - reportados en medios de comunicación de 27 países de América Latina y el Caribe durante un período de cuatro años (1 de enero de 2009 – 31 de diciembre de 2013). Los casos fueron clasificados en las siguientes categorías: a) lesión o muerte; b) género; c) edad y d) tipología de la violencia armada (definida en la publicación de la Declaración de Ginebra “Carga Global de la Violencia Armada 2011: Encuentros Letales”).  

Las principales conclusiones del estudio son las siguientes:

-         De las 617 víctimas de balas perdidas, 325 (53%) sufrieron lesiones y 292 (47%) resultaron muertas;

-         El 53% de las víctimas fueron hombres mientras que el 43% de las víctimas fueron mujeres. En el 4% de los casos documentados el sexo de la víctima no fue especificado. Las mujeres representan un porcentaje mucho mayor de las víctimas de balas perdidas en comparación con el de la violencia armada en general;

-          Los menores de edad (menores de 18) representan el 45% de las víctimas de balas perdidas, mientras que los adultos jóvenes (entre 18-29 años) representaron el 21% de las víctimas. Esto significa que el 66% de todas las víctimas de balas perdidas fueron jóvenes menores de 30 años;

-         En cuanto al tipo de violencia armada que produjo víctimas como consecuencia de balas perdidas, la violencia de pandillas fue identificada en el 26% de los casos, representando así la categoría más importante seguida de robo a mano armada/delincuencia común (14%); violencia social/comunal/interpersonal (11%); disparos al aire/tiros alegres (5%); crimen organizado (6%); enfermedad/inestabilidad mental (1%); conflicto armado/terrorismo (1%);

-         En el 14% de los casos hubo operaciones policiales;

-         La fuente de las balas perdidas fue desconocida en el 36% de todos los casos documentados, lo cual concuerda por un lado con los altos niveles de impunidad para los causantes de la violencia armada a causa de balas perdidas, y por otro lado, con bajos niveles de investigación penal y enjuiciamiento de estos actos.  

Unlirec, decidió que “sobre la base de años de experiencia brindando asistencia técnica en control de armas a los Estados Miembros, considera que la mejor manera de hacer frente a la violencia armada en general, y a las balas perdidas en particular, es integrar las medidas de control de armas y de reducción y prevención de la violencia armada como parte integral de políticas de seguridad ciudadana y marcos de prevención del crimen y de la delincuencia. Esto es de sentido común en un contexto donde la mayoría de los homicidios, lesiones y delitos son cometidos con armas de fuego”.

Asimismo, definió que “en cuanto al control de armas de fuego estas medidas incluyen:

a) establecer controles razonables sobre el comercio legal de armas y municiones;

b) equipar y entrenar a la Policía para intervenir e investigar de mejor manera los casos de tráfico ilícito de armas y de violencia armada;

c) asegurar los arsenales y depósitos de armas de fuego y municiones, tanto nacionales como privados, con el fin de evitar robos y desvíos de armas; y

d) establecer leyes y políticas claras y aplicables con respecto a la tenencia y al uso de armas de fuego.

Por otro lado, en lo que respecta a “las medidas de reducción de la violencia armada, los Estados y los gobiernos locales deben tener en cuenta las medidas para prevenir la convergencia de múltiples factores de riesgo (armas de fuego, drogas, alcohol y jóvenes), los programas voluntarios de recolección de armas, zonas libres de armas y mecanismos de resolución de conflictos a nivel local”.

Como recmendación “adicional”, el organismo de la ONU recomendó, tras presentar su informe, que “se podrían adoptar medidas específicas para abordar directamente el 19% de los casos de balas perdidas. Esto, con base en los datos documentados en este estudio, podría haber salvado a 100 personas de la muerte, lesiones y/o trauma psicológico. Los casos de muertes y lesiones más evitables son aquellos causados por disparos al aire o disparos alegres, lo que representó el 5% de los casos documentados en este estudio.

Con respecto al 14% de los casos de balas perdidas que fueron evaluados por el estudio que  estuvieron relacionados con operaciones policiales, la ONU señaló que, “si bien no es posible ni sería justo cuestionar las acciones de los policías, quienes tienen que tomar decisiones en fracciones minutos y en circunstancias difíciles, también es claro que las doctrinas obsoletas del uso de la fuerza, el entrenamiento y la práctica insuficientes, y la falta de opciones de armas menos letales pueden llevar a tiroteos que a menudo dejan víctimas inocentes por balas perdidas”.

Sugirió que algunos de estos casos de balas perdidas podrían potencialmente prevenirse mediante:

-         La actualización de doctrinas sobre el uso de la fuerza para enfrentar mejor las realidades existentes y aprovechar las lecciones aprendidas en este ámbito de fuerzas policiales en otros lugares del mundo;

-         Invertir más recursos en la preparación de policías sobre temas relacionados con el uso de la fuerza más allá del entrenamiento táctico, con el fin de incluir en la formación policial parámetros de legalidad, necesidad y proporcionalidad; y

-         El análisis de la legalidad, viabilidad y conveniencia de incorporar armas intermedias o menos letales en el kit de herramientas de las Policías con el propósito de proveer a los oficiales con todas las opciones necesarias para preservar el orden, combatir el delito y proteger a la población en general.

La primera acción ya fue lanzada. Resta que los gobiernos opinen y adhieran, o no.