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"Guerra o paz", eje de la segunda vuelta en Colombia

Mientras el opositor Zuluaga anunció que anulará el proceso de paz, Juan Manuel Santos anuncia apertura a la sociedad civil para sumar apoyo.
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Una cuestión central para la historia de Colombia quedó como tema fundamental del debate para los próximos días que quedan antes de que el 15 de agosto se acuda a las urnas para definir quién gobernará ese país.

Se trata del "proceso de paz", nada menos que el diálogo entre el Gobierno y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC, con la intención puesta en que depongan las armas tras 60 años de batallas y se incorporen no sólo a la política colombiana, sino a su economía formal.

La guerra es una industria. Tergiversados los principios ideológicos que le dieron origen, las FARC, muchos de sus aliados y de sus contrafrentes, las "autodefensas", están en un negocio, no en una batalla utopista: la producción y venta de cocaína, además de otros colaterales.

Como industria, y siguiendo las normas de la ley de oferta y demanda, si hay guerrilla y hay defensa, es decir, si hay oferta de combate, hay demanda de defensa. Armas, flujo de dinero internacional y empresario fluyen.

El peligro es que la práctica de la guerra se les haya "encarnado" a sectores importantes de Colombia, en donde las élites tienen, todavía hoy, un gran poder y, por lo tanto, prefieran el status quo antes de correr los riesgos de empezar una nueva etapa, completamente diferente.

Que nada cambie en ese país o mejor dicho, el "gatopardismo" que hace que pequeños cambios garanticen que, finalmente, todo siga igual, llevan a Latinoamérica a ser la zona del mundo con mayor cantidad de muertos con armas de fuego y que se transforme en un mercado receptivo del meganegocio de las armas.

Esa "nueva época" para Colombia implicaría que se vean la cara sin agredirse. Muchos menos matarse. Y ni hablar de pertrecharse por si el odio resurgiera alguna vez.

Por ello es un tema central y no resulta negatico que esté en la agenda y que todas las partes digan lo que tienen que decir en medio de una campaña proselitista que definirá la continuidad o no de lo iniciado por Santos.

El asunto es que Álvaro Uribe, tal vez el político más popular de Colombia en las últimas décadas, no está de acuerdo con esto que su ex ministro de Defensa, Santos impulsa, el presidente que busca su reelección y que perdió en la primera ronda electoral.

Así planteadas las cosas, y haciendo un repaso a vuelo de pájaro que, a la distancia, desde Argentina cuesta comprender en su dimensión y complejidad, el tema número uno en la agenda electoral pasa a ser "diálogo sí" o "diálogo no" por las FARC.

Entre las curiosidades está que es la izquierda política la más interesada, pero vetó, en la campaña, que el tema fuera usado como argumento electoral.

Hoy no le queda otra opción que darle oxígeno y que arda el fuego del debate, porque el uribista Óscar Zuluaga dijo que demolerá lo construído hasta ahora en La Habana. Mientras que Santos, duplicó este miércoles la apuesta con una convocatoria a la sociedad civil para que participe formalmente en el proceso de paz que su gobierno cumple en Cuba con las FARC.

Santos concitó la atención de los sectores "progresistas" a quienes, si quiere ganar, les debe asegurar bastante más que seguir su política con la guerrilla y se augura, por ello, una participación más notoria en una futura gestión. 

"Vamos a destinar un grupo de delegación exclusiva, en la oficina del Alto Comisionado de Paz, para que se dedique a realizar estos contactos que lleven a la reactivación pronta del Consejo Nacional de Paz", dijo Santos en un acto público realizado esta mañana. La ceremonia de convocatoria del Consejo Nacional de Paz tuvo una carga simbólica importante, pues estuvieron presentes la ex candidata presidencial izquierdista Clara López, el alcalde de Bogotá Gustavo Petro y el también ex candidato a la presidencia Antanas Mockus.

Lo hizo en el mismo día en que 47 parlamentarios conservadores le daban su apoyo para la reelección. La puja esta en marcha. El resultado sí interesa al resto de Latinoamérica.