Cómo viven los chinos "hormiga" bajo tierra en Beijing
Alcanzar los sueños en una gran ciudad es difícil para cualquiera sin los medios, ya sean trabajadores inmigrantes o graduados. Alrededor de China muchos son obligados a encontrar un refugio barato en sótanos y refugios antiaéreos. Se les conoce como ratas y hormigas, según Neil Connor y Wing Tan.
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Cerca del estadio Olímpico, de 600 millones de dólares, en Beijing, la trabajadora inmigrante Ye Yiwen, su esposo y dos hijos se apretujan en un pequeño cuarto subterráneo, refugiándose tanto del frío invierno de la capital como de los infames precios de sus inmuebles.
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La familia de Ye dejó atrás una casa de 200 metros cuadrados en un sitio rural a 1.000 kilómetros, para vivir en un sótano apenas iluminado que, con 10 metros cuadrados, tiene apenas espacio suficiente para dos camas y una mesa.
“Por supuesto que nuestra casa en la aldea es más cómoda, pero es aquí donde está el trabajo” señala Ye, quien declinó revelar su nombre real.
“Extraño mis flores” añade Ye con resignación.
La migración, desde hace varias décadas, de millones de personas de las zonas rurales de China hacia las ciudades es la migración humana más grande en la historia, pero aquellos que hacen el viaje no necesariamente encuentran la prosperidad en sus destinos.
Alrededor de 281.000 personas viven bajo tierra en Beijing, según las autoridades de la ciudad, aunque existen informes de que cerca de un millón vive en los sótanos de la capital, en refugios antiaéreos y otras viviendas subterráneas.
La “tribu de las ratas” u "hormigas", como se las llama, son principalemente trabajadores inmigrantes pobres en búsqueda de nuevas oportunidades en las ciudades.
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Ye dejó su aldea de unos cuantos cientos de habitantes en la provincia de Anhui hace 15 años, para vivir en la capital.
Ye trabaja como empleada doméstica o ayi de una familia en Guanjuncheng, o Ciudad de los Campeones, un complejo a unos metros de la Olympic village; trajo a sus hijos, ahora de 20 y 21 a Beijing, poco después de que estos terminaran la escuela.
“No tropezamos unos con otros en nuestra habitación, aunque sabemos que no es lo ideal”
Los migrantes como Ye enfrentan barreras formidable para asentarse en las grandes ciudades de China, debido al estricto sistema de residencia, conocido como hukou.
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En noviembre, el gobierno central anunció sus planes de permitir a más agricultores convertirse en residentes urbanos en algunas ciudades medianas y chicas, sin embargo, los altos costos de los inmuebles, significan que para la familia de Ye, quienes ganan 9.000 yuanes mensuales (1.500) entre todos, serán imposibles de comprar.
Los precios fueron en promedio de 31.465 yuanes por metro cuadrado en Beijing, una de las ciudades más caras del país, un aumento del 28.3% anual, según un estudio del China Index Academy.
A través de 100 ciudades importantes, los precios de nuevos hogares aumentaron 11.51% al año hasta 10.833 yuanes por metro cuadrado, según las cifras.
Los precios promedio de los hogares en Beijing son de 13.3 veces el salario mensual, según los medios estatales. El Banco Mundial considera una proporción de cinco a uno el límite de asequibilidad, mientras que la ONU lo estima de tres a uno.
“Ahorrar dinero, mi gran preocupación”.
Los altos precios- un síntoma de la brecha cada vez más amplia entre ricos y pobres- son un motivo del descontento y no sólo de los migrantes.
Guan Sheng, de 25 años, quien creció en Beijing, se sienta en la cama de su habitación subterránea de cuatro metros cuadrados, busca empleos en su laptop mientras el fétido olor de un baño comunitario flota a través de la puerta.
Encima de él, hay ropa puesta a secar en una tubería de acero oxidada y descascarada que lleva agua caliente para quienes viven en los pisos superiores. Esas tuberías son su única fuente de calor.
Guan, quien no dio su nombre real, paga 600 yuanes mensuales por su vivienda.
“Ahorrar dinero es mi gran preocupación en lo que se refiere a vivienda” explica mientras camina por un corredor oscuro.
“Tipicamente pago 30 yuanes mensuales por electricidad y hay una tarifa de 15 yuanes por el agua” señala Guan, orgulloso de dicha ganga, pero su tono se vuelve desalentado al agregar que: “Realmente no me puedo ver como dueño de mi propiedad”
Otros en la capital viven aún más abajo y en condiciones aún más miserables.
Los medios locales informaron recientemente de un grupo de personas que habitaba en una alcantarilla. Los migrantes que vivían allí fueron enviados a casa y los agujeros fueron cerrados, ya que los funcionarios buscaron prevenir daños a la imagen de la ciudad.
Miles de refugios antiaéreos fueron construidos a lo largo de la capital, luego de que la Nueva China fuera fundada en 1949. Su uso para vivienda fue prohibido por el gobierno en 2010, pero muchos de los residentes más pobres de la ciudad aún los emplean como hogares.
Debajo del edificio cerca del cuarto de Guan, una mujer anciana emerge de un cuarto de refugio antiaéreo de cuatro metros cuadrados, llevando consigo ropa sucia a una lavandería mugrienta. Su situación recuerda a la de un estadio de hace décadas donde se celebrara un concurrido evento deportivo.
“Hay algunos cuartos disponibles” explica la anciana, frotando la tela empapada de un par de pantalones cortos en un recipiento de plástico.
El eco de una voz resuena en la oscuridad: “¿Por qué buscaría alguien una habitación aquí?”.
Fuente: China.org.cn




