Una evolución y una revolución
Evo Morales acaba de triunfar por un nuevo mandato en una Bolivia que, apenas diez años atrás, se debatía a tiros entre el Gobierno y los movimientos sociales y éstos últimos se articulaban para darle un golpe de gracia a un sistema republicano que ya venía malherido por parte del propio sistema de partidos políticos que decía defenderlo. Ahora es un “estado plurinacional” y el mismo Morales da por enterrado el republicanismo, a lo cual asocia todos los fracasos de su país. En Bolivia, como pasa en iguales circunstancias en cualquier otro lugar del planeta, la discusión sobre su forma de gobierno, ha sido dejada de lado por el éxito económico que viven. Evo ganó hasta en la rebelde Santa Cruz de la Sierra y sólo le queda como objetivo electoral la zona del Beni, al este del país.

Al lado, en Perú, Ollanta Humala, otro presidente de origen indígena, disfruta de una situación económica similar: crecimiento inédito, ausencia de problemas económicos, índices de empleo nunca antes vistos. Lima, que fuera otrora con el surgimiento del cólera lo que hoy es Monrovia, en Liberia con el ébola, así vista por Occidente entonces, se ha transformado en una capital floreciente, capital gastronómica, eje turístico y sede de multinacionales que rasguñan las piedras en la búsqueda de valiosos minerales. Este año disminuirá la inversión extranjera en Perú y también en Bolivia. Las condiciones internacionales no les resultan ajenas por lo que también queda en claro que son parte del mundo: crecen a su mismo ritmo pero no están sucumbiendo como pasa en algunos de sus países vecinos que no han logrado afianzarse.
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Se trata de dos personalidades que surgieron desde los pueblos originarios y hasta de sectores similares, aunque los caminos resultaron muy diferentes. Morales, representó a los agricultores que plantan coca en la zona del Chapare, irrumpió en el Congreso y en algún momento fue expulsado como diputado, acusado por responsabilidad en los homicidios por conflictos sociales. Luego, articulando movimientos gremiales e indígenas diversos, en una situación sin par en el resto del mundo por su multiplicidad étnica y organización política, crearon un “instrumento político” para ejercer el poder y se alineó con el “Socialismo del Siglo XXI” de Hugo Chávez. A Bolivia, sin embargo, le va bastante mejor que a Venezuela.
Mientras tanto, Humala, un revolucionario nacionalista al que le vino bien coquetear con Chávez al principio, hasta el punto en que en algún momento se le facturó políticamente el hecho de que su campaña fuera financiada por el líder venezolano, viró violentamente hacia la derecha y nada menos que Mario Vargas Llosa lo defiende como “propio”. “Es el gran líder del nuevo siglo”, llegó a calificarlo el Premio Nobel de Literatura el año pasado en diálogo con MDZ, en una finca de Gualtallary, Tupungato, en la que dedicó un amplio espacio a ensalzar la obra “recuperadora” del Perú encarada por Humala.
Las apariencias no engañan
“Si yo muestro una fotografía de La Paz hoy, nadie creería que es Bolivia”, le dijimos a un importante abogado de firmas internacionales que operan en ese país, vinculadas a los hidrocarburos, la banca y la minería. “Bueno –respondió- en parte sería porque tienen una imagen despreciativa de nuestro país. Pero por otro lado –completó- es porque La Paz es otra: las construcciones se elevan, se abren negocios, se ha llenado de concesionarios de automotrices que importan costosos autos desde el exterior y las carreteras y puentes, como el Teleférico con sus tres líneas, integran a los sectores de toda la ciudad, con una obra que es tan monumental como integradora”.
Y es así: como sucedió antes en Medellín, Colombia, en la capital boliviana se apeló a sistemas de transporte aéreo para conectar a sectores postergados y facilitar el funcionamiento de la ciudad. Así, vinculan El Alto, el núcleo de “La revolución del agua” y la del gas también, con más de un millón de habitantes, con La Paz y sus barrios, ofreciendo ventajas a los trabajadores más pobres, pero uniéndolos a una clase media que por primera vez en muchos años emerge en un país de abismos sociales que parecen empezar a unirse ante el emergente económico que es evidente. En Colombia, aquella conexión mediante la intervención urbana, le asestó un golpe a la violencia. En Bolivia distribuye dignidad.
Mientras tanto, Lima (foto, abajo) es una estrella al medio de tres ciudades latinoamericanas que están aprovechando como pocas veces lo hicieron antes su mirada hacia el Asia Pacífico. Santiago de Chile y Ciudad de Panamá. Las hermana una decisión más de sus gobiernos: la de sumarse a la Alianza del Pacífico, un núcleo de países para hacer negocios con el mundo, con Estados Unidos como matriz y enlace, pero con intenciones de sumar a China y Rusia con una mirada multilateralista.
Bolivia ingresa justo ahora a un deprimido Mercosur. Lo hace en condiciones diferentes a cuando se comenzó a hablar de su integración, por entonces más políticamente simbólica.
El secreto del éxito o está en lo que generan las clases medias o al revés: es el éxito de las políticas implementadas lo que hace crecer a esa porción o, como en el caso boliviano, hacerla aparecer. Los cálculos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para el año 2012 revelaron que Bolivia fue el país con la mayor reducción relativa de pobreza (32.2 puntos), seguido de Perú (26.3 puntos).
Las cifras
En 2013, el PIB de Bolivia creció 6,8%, la mayor evolución económica en casi tres décadas, y para este año el gobierno boliviano prevé una expansión en torno al 5,7%, según fuentes oficiales. “Es fuerte. Se está viviendo una situación rara: por un lado, abren nuevos emprendimientos industriales y comerciales. Pero por otro hay temor a lo político, ya que el Gobierno se llama a sí mismo como ´unipartidario´, ´única opción´ y piensa en eternizarse”, le dijo a MDZ en La Paz un empresario de supermercados que reconoció que “en Santa Cruz se nota más, por eso la gente viró hacia Evo”. Sin embargo, cuando se le preguntó sobre si había sufrido algún cercenamiento de parte del Gobierno dijo “no, la verdad que no; no le han tocado un peso a nadie, así que no habría de qué quejarse en ese sentido, ¿no?”.
En cuanto a Perú, en donde sí se sostiene un régimen republicano de Gobierno y un sistema tradicional de partidos, con una fuerte presencia de movimientos antiguos, pero también de irrupciones como el de la hija del ex presidente constitucional que derivó en dictador Alberto Fujimori, Keiko. Y por supuesto, la del propio Humala y su esposa, Nadine Heredia, sindicada como “el poder detrás del presidente”, como ha pasado en muchos otros casos, tal como el argentino cuando Néstor Kirchner gobernaba. Y su esposa terminó sucediéndole.
Este año, el Índice de Performance o Desempeño Macroeconómico (IPM) publicado por el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (Iedep) de la Cámara de Comercio de Lima (CCL), señaló que los países con mejor IPM en este año son Paraguay, Ecuador y Perú. Mientras que los países con la más baja performance macroeconómica en la región son Argentina y Venezuela, ambos con inflaciones de 2 dígitos, 27,3% y 66,9% y un crecimiento negativo -1,1 y -2,6%, respectivamente. El ente es el encargado de elaborar periódicamente el IPM, indicador construido a partir del Índice de Miseria (IM) de Arthur Okun (analista estadounidense) y que permite hacer una rendición de cuentas o accountability de la política macroeconómica aplicada y cómo esta afecta el bienestar de la sociedad.
De todos modos, la preocupación que surge en ambos países es la caída en el precio tanto de hidrocarburos (con mayor incidencia en tierras de Evo) y de los minerales, que afecta a ambos países.
No hay diversidad en las inversiones. En Bolivia, el 77% lo representa el extractivismo y el 23% el comercio. La Inversión Extranjera Directa (IED) Bruta, tuvo un crecimiento del 12,4% durante el primer semestre de este año, respecto al mismo periodo del 2013, es decir que pasó de 1.021 millones de dólares a 1.148 millones de la misma moneda, según datos del Banco Central.
En Perú, hay temor por el posible congelamiento de inversiones en medio de la disputa electoral y el ruido que los casos de corrupción y la pelea política tienen. Las cifras son monstruosas: el Estado tiene previsto que terminará el año con una inversión pública de 58.300 millones de dólares y otros 28.437 millones de origen privado. Los datos los aportó PeruCámaras.
Clima de optimismo
Caminar por La Paz o por Lima es suficiente. No se ha acabado con la pobreza, ni mucho menos. Pero las ciudades están vivas, despiertas, movilizadas. Familias enteras se movilizan en avión, cosa que en Bolivia no había pasado antes sino con un puñado de apellidos: hoy hay una transversalidad evidente. De hecho, el aeropuerto de El Alto sufre una transformación gigantesca mientras ya se estudia la construcción de uno nuevo, lejos de allí aunque siempre en el altiplano.
“La misma compañía que casi monopoliza la importación de automóviles a Chile está operando sin descanso en Bolivia”, le dijo a MDZ el encargado de un gran local de camionetas japonesas en pleno centro de la capital. Pero un argentino que vendía muffings en la puerta de un supermercado dijo que “no es tan así” cuando se le preguntó si realmente ese país se ha transformado en una fuente de empleo para argentinos. “Habrá casos puntuales e hiperespecializados, pero la verdad es que este país le debe un puesto de trabajo a sus habitantes antes que darle al resto”.
De todos modos, un periodista boliviano en diálogo con MDZ vinculó el estallido de “Halloween” en La Paz, masivo e inédito, con el buen pasar económico: “Parece que les sobra plata como para salir y comprarse disfraces costosos, asistir a las fiestas y copar los centros comerciales. Pero esa es una consecuencia no deseada. Es decir, que vengan con su plata y sus costumbres”. Lo dijo señalando a un niño vestido de zombie que compraba uno de los milenarios panes rituales que en ese país, tradicionalmente, se ofrecen a los muertos en el Día de los Santos Difuntos.

