Rousseff, ante el reto de mantener la "dinastía" del PT
La presidenta brasileña enfrentará a partir de mañana tres semanas difíciles, en las que deberá volver a enamorar al pueblo para conquistar la reelección y ampliar a 16 años el turno de su partido en el poder.
A los 66 años, la presidenta brasileña Dilma Rousseff enfrentará a partir de mañana tres semanas difíciles, en las que buscará superar la insatisfacción de parte significativa de los brasileños para conquistar la reelección y ampliar a 16 años el período de su Partido de los Trabajadores (PT) en el poder.
Rousseff obtuvo hoy una primera e importante victoria en esa misión, al salir triunfadora de la primera vuelta de los comicios, en los que, tras el recuento del 93 por ciento de las urnas, obtuvo poco más del 41 por ciento de los votos válidos.
Pero el resultado fue peor de lo que pronosticaba la encuesta a boca de urna, que previó que la mandataria recibiría el 44 por ciento de los votos y aventajaría por 14 puntos a su rival en el balotaje, el senador socialdemócrata Aécio Neves.
Al final, el candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) obtuvo el 34 por ciento de los sufragios.
Derrotar a Neves el 26 de octubre no será una tarea menor, ya que a Rousseff le falta el carisma de su antecesor y padrino político, Luiz Inacio Lula da Silva, quien sigue siendo el político más popular del país, a tal punto que sectores del PT defendían su designación como candidato del partido a las elecciones presidenciales.
Rousseff llegó a la Presidencia en las elecciones de 2010, precisamente gracias al apoyo de Lula, que le aseguró 55,7 millones de votos, un 56 por ciento del total de sufragios válidos.
Pero a lo largo de sus casi cuatro años en el poder, debió convivir con índices de crecimiento modesto e inflación en alza, lo que generó insatisfacción incluso entre los 40 millones de pobres brasileños que accedieron al mercado de consumo gracias a las políticas sociales del PT.
Según el analista Reinaldo Meirelles, los beneficiarios de las políticas sociales se sienten frustrados porque no vieron confirmada su expectativa de mejorar de vida en un ritmo similar a los registrados durante el gobierno Lula, y porque se sienten amenazados por la aceleración del ritmo de aumento de precios, que erosiona su poder adquisitivo.
"Dilma tiene el desafío de renovar el sueño de los brasileños. Lula, por su carisma y por la mejoría económica, logró construir un lazo emocional con la población que Dilma no pudo, también porque es muy directa, muy dura y tiene menos aprecio que Lula a la conciliación", expresó Meirelles, presidente de la encuestadora Data Popular, que mide la opinión pública en las clases más pobres.
Las batallas duras, sin embargo, no son ajenas a Rousseff, quien fue presa y torturada durante la dictadura militar brasileña (1964-1985) y en 2009 superó un cáncer linfático que llegó a poner en duda su candidatura a la Presidencia en las últimas elecciones.
Nacida en Belo Horizonte el 14 de diciembre de 1947, hija de un poeta y empresario búlgaro, Pedro Rousseff, y de una maestra brasileña, la mandataria inició sus estudios en una prestigiosa escuela católica, pero muy pronto se decantó por las ideas marxistas, lo que la llevó a unirse a los 17 años al grupo Política Obrera (Polop).
Tres años más tarde se acercó a movimientos más radicales -el Comando de Liberación Nacional (Colina), que a la postre se unió a la Vanguardia Popular Revolucionaria (VAR-Palmares)- donde recibió entrenamiento de guerrilla, aunque asegura que nunca participó en acciones armadas.
En enero de 1970 fue capturada por la policía política de Sao Paulo y sometida a torturas. "Nadie sale de esto sin huellas", admitió en una entrevista.
Tras recuperar la libertad, en diciembre de 1972, Rousseff pasó a dedicarse a su única hija, Paula, y completó sus estudios de Economía. Volvió a la política en la década del 80, cuando se afilió al Partido Democrático Laborista (PDT), fundado por el fallecido líder socialista Leonel Brizola.
En los años siguientes se desempeñó como secretaria de Hacienda, de Energía y de Comunicaciones del estado de Río Grande do Sul hasta abandonar el PDT para afiliarse al PT, en 2001. Dos años después, luego de asumir el gobierno, Lula la nombró ministra de Minas y Energía.
Luego, en 2005, la designó como jefa del Gabinete Civil de la Presidencia en lugar de uno de los máximos exponentes del PT, José Dirceu, desalojado del poder por nexos con un sonado escándalo de desviación de dinero público para pagar sobornos a legisladores.
Sin embargo, la reputación de Rousseff como "gran gerente" -siempre destacada por Lula- se ve ahora cuestionada no sólo por el pobre desempeño de la economía, sino también por nuevos escándalos de corrupción.
El más reciente de ellos afecta a la petrolera estatal Petrobras, investigada por supuestas irregularidades en la compra de una refinería en Estados Unidos y en la construcción de otra en Brasil -ambas realizadas en la época que la actual mandataria comandaba el consejo de administración de la empresa- y por pago de sobornos a políticos aliados.
Pese a ello, el PT confía en que el éxito de sus políticas sociales -destacado incluso en un reciente informe de las Naciones Unidas- alcanzará para superar las dificultades y asegurarle a Rousseff la permanencia en el poder hasta el 31 de diciembre de 2018.
Rousseff llegó a la Presidencia en las elecciones de 2010, precisamente gracias al apoyo de Lula, que le aseguró 55,7 millones de votos, un 56 por ciento del total de sufragios válidos.
Pero a lo largo de sus casi cuatro años en el poder, debió convivir con índices de crecimiento modesto e inflación en alza, lo que generó insatisfacción incluso entre los 40 millones de pobres brasileños que accedieron al mercado de consumo gracias a las políticas sociales del PT.
Según el analista Reinaldo Meirelles, los beneficiarios de las políticas sociales se sienten frustrados porque no vieron confirmada su expectativa de mejorar de vida en un ritmo similar a los registrados durante el gobierno Lula, y porque se sienten amenazados por la aceleración del ritmo de aumento de precios, que erosiona su poder adquisitivo.
"Dilma tiene el desafío de renovar el sueño de los brasileños. Lula, por su carisma y por la mejoría económica, logró construir un lazo emocional con la población que Dilma no pudo, también porque es muy directa, muy dura y tiene menos aprecio que Lula a la conciliación", expresó Meirelles, presidente de la encuestadora Data Popular, que mide la opinión pública en las clases más pobres.
Las batallas duras, sin embargo, no son ajenas a Rousseff, quien fue presa y torturada durante la dictadura militar brasileña (1964-1985) y en 2009 superó un cáncer linfático que llegó a poner en duda su candidatura a la Presidencia en las últimas elecciones.
Nacida en Belo Horizonte el 14 de diciembre de 1947, hija de un poeta y empresario búlgaro, Pedro Rousseff, y de una maestra brasileña, la mandataria inició sus estudios en una prestigiosa escuela católica, pero muy pronto se decantó por las ideas marxistas, lo que la llevó a unirse a los 17 años al grupo Política Obrera (Polop).
Tres años más tarde se acercó a movimientos más radicales -el Comando de Liberación Nacional (Colina), que a la postre se unió a la Vanguardia Popular Revolucionaria (VAR-Palmares)- donde recibió entrenamiento de guerrilla, aunque asegura que nunca participó en acciones armadas.
En enero de 1970 fue capturada por la policía política de Sao Paulo y sometida a torturas. "Nadie sale de esto sin huellas", admitió en una entrevista.
Tras recuperar la libertad, en diciembre de 1972, Rousseff pasó a dedicarse a su única hija, Paula, y completó sus estudios de Economía. Volvió a la política en la década del 80, cuando se afilió al Partido Democrático Laborista (PDT), fundado por el fallecido líder socialista Leonel Brizola.
En los años siguientes se desempeñó como secretaria de Hacienda, de Energía y de Comunicaciones del estado de Río Grande do Sul hasta abandonar el PDT para afiliarse al PT, en 2001. Dos años después, luego de asumir el gobierno, Lula la nombró ministra de Minas y Energía.
Luego, en 2005, la designó como jefa del Gabinete Civil de la Presidencia en lugar de uno de los máximos exponentes del PT, José Dirceu, desalojado del poder por nexos con un sonado escándalo de desviación de dinero público para pagar sobornos a legisladores.
Sin embargo, la reputación de Rousseff como "gran gerente" -siempre destacada por Lula- se ve ahora cuestionada no sólo por el pobre desempeño de la economía, sino también por nuevos escándalos de corrupción.
El más reciente de ellos afecta a la petrolera estatal Petrobras, investigada por supuestas irregularidades en la compra de una refinería en Estados Unidos y en la construcción de otra en Brasil -ambas realizadas en la época que la actual mandataria comandaba el consejo de administración de la empresa- y por pago de sobornos a políticos aliados.
Pese a ello, el PT confía en que el éxito de sus políticas sociales -destacado incluso en un reciente informe de las Naciones Unidas- alcanzará para superar las dificultades y asegurarle a Rousseff la permanencia en el poder hasta el 31 de diciembre de 2018.