¿Son o no son piratas los activistas de Greenpeace?
Finalmente la justicia de Rusia confirmó que los argentinos Camila Speziale y Hernán Pérez Orsi recibieron dos meses de prisión preventiva por participar de una actividad de protesta en el Ártico.
Pero mientras la justicia los acusa de "piratería", el presidente ruso, Vladimir Putin, salió a aclarar públicamente que no cree en esa calificación.
"Formalmente, intentaron ocupar una plataforma petrolera", afirmó el mandatario en el marco de una conferencia sobre el Artico en la ciudad siberiana de Salejard.
"La acción puso en peligro la salud y la vida de muchas personas. ¿Realmente las acciones de propaganda tienen que tener estas graves consecuencias?", se preguntó Putin, según reproduce la agencia rusa Interfax, citada por la agencia DPA.
Putin reconoció que los activistas no son piratas, delito por el que se investiga a los tripulantes del "Arctic Sunrise" y por el que podrían ir 15 años a la cárcel.
Según Greenpeace, los ecologistas querían colgar un cartel en la plataforma del mar de Pecora para protestar por unas perforaciones previstas por la estatal Gazprom.
Pero según Putin, las fuerzas de seguridad "no sabían si no se trataba de terroristas que, ocultos tras Greenpeace, estaban intentando tomar la plataforma".
Por eso, pidió a la organización presentar sus reclamos en las conferencias internacionales y no "atacando plataformas o barcos".
Así los detuvieron
¿Qué dice la legislación rusa sobre la piratería?
Según la versión de los investigadores rusos, el 18 de septiembre un grupo de personas que viajaban en el Arctic Sunrise hasta la plataforma Prirazlómnaya, intentaron subir a ella de forma ilegal. Contra todos ellos la Fiscalía ha abierto una causa penal tipificada como "piratería cometida por grupo organizado". La pena que recoge el Código Penal ruso para este delito es de diez a quince años de prisión.
Los ecologistas, por su parte, aseguran que su acción tenía un carácter exclusivamente pacífico. El director de Greenpeace Internacional, Kumi Naidoo, denunció la reacción desmedida de las autoridades rusas. "En sus acciones, a nuestros activistas les guiaba un fuerte deseo de evitar la destrucción de la naturaleza en el Ártico. Los retuvieron durante varios días contra su voluntad sin tener la oportunidad de defender sus intereses. Exigimos su inmediata liberación", dice en un comunicado publicado en la página web de Greenpeace Rusia.
Sostienen, además, que los activistas se comportaron de forma pacífica y que no usaron la violencia, por lo que no tiene base la acusación de "piratería". Y argumentan que, según la ley rusa, la piratería se refiere a un "ataque contra barco marítimo o fluvial con el fin de apropiarse indebidamente de bienes ajenos, y llevado a cabo con violencia o con amenaza de usar la violencia".
¿Dos meses de prisión es mucho?
La prisión dictada sobre los dos activistas argentinos puede parecer exagerado. Sin embargo, en la Rusia de Putin hay actividades a las que les está yendo peor.
Al momento de detenerlos, no se sabía si se trataba de terroristas, piatas o activistas "verdes". Y aunque fueran estos últimos, como se explicó en Rusia finalmente, estaban ingresando a una propiedad privada, sin autorización. De allí la medida judicial.
La ley antihomosexualidad sancionada a instancias de Putin ya consiguió que sea considerado como un "delito grave" hacer propaganda gay. Dmitry Isakov, de 24 años, fue detenido el pasado mes de junio por sus propios padres, que ayudaron al a policía a que el joven ingresase en prisión debido a su defensa de losderechos de los homosexuales.
La situación de los activistas, uno por uno
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