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Ascenso y caída de un playboy brasileño

Historia de Eike Batista, hijo del fundador de Vale y que perdió entre 90 y 95 por ciento de su fortuna.
Foto: www.valor.com
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Dentro de la cosecha de millonarios que generó Brasil a lo largo de la última década hay una figura que merece ser destacada, ya que perdió en el último año y medio alguna cosa en el entorno del 90 al 95 por ciento de su fortuna o, para traducirlo al argentino más puro, algo así como 30 / 32.000 millones de dólares de un patrimonio estimado en 2010 en 34.000 millones de dólares. Su nombre, EIKE BATISTA.

La verdad es que no es posible cuantificar, con la información disponible, el total de sus pérdidas – ni las de sus acreedores.  Aunque su historia ha sido tratada por diferentes periódicos en los últimos días, el objetivo de esta nota es darle un toque de color y mostrar el contexto de este billonario súbitamente ¿empobrecido?

Eike es hijo de Eliezer Batista, quien fue un todopoderoso ministro de Minas e idealizador de la poderosa empresa minera, hoy bien conocida por los mendocinos, Vale do Rio Doce. Eliezer, a quien tuve el placer de conocer, tenía una cabeza privilegiada desde el punto de vista geopolítico, y era un fanático defensor de la necesidad de mejora en la logística para que Brasil pudiera finalmente despegar (debo decir que tenía toda la razón…).  Las malas lenguas, que existen en todo lugar y particularmente en Brasilia, dicen que Eike se aprovechó de la posición de su padre en ambas funciones y obtuvo los mapas de varias minas, con los cuales dio origen a su fortuna. Debe notarse que estos rumores nunca fueron corroborados y Eike los ha desmentido públicamente. La historia oficial cuenta que se inició comercializando oro de Amazonia –no se dice en ningún lugar, pero es probable que parte viniese de explotaciones ilegales, aunque no tenía cómo saberlo- y con las primeras ganancias de este comercio (6 millones de dólares en 18 meses) montó una explotación minera aluvial, que fue el origen de su fortuna y que se llamó EBX (Eike Batista multiplica). A los 29 años era presidente de una empresa que cotizaba en la principal bolsa minera del mundo e inició la expansión de su imperio minero, que generó 20.000 millones de dólares de riqueza para sus accionistas entre 1980 y 2000.

En 1991, Eike, campeón de lanchas off shore, abandonó a su novia, perteneciente a una distinguida familia carioca, con quien se había casado en ceremonia religiosa una semana antes de su casamiento civil, para casarse con la actriz y modelo  Luma de Oliveira, quien ya era una estrella que había desfilado como madrina de batería en el Carnaval de Río y posado desnuda en Playboy, a quien había dejado embarazada. Con toda justicia, una mujer absolutamente esplendida. Tuvo con ella dos hijos, Thor y Olin.

En cuanto Eike continuaba con una cada vez más ascendente carrera empresarial, su vida personal no paraba de darle disgustos. Sus peleas con Luma, debido a sus ensayos sensuales en revistas así como sus desfiles semidesnuda como madrina de batería en los Carnavales de Río, en uno de los cuales desfiló prácticamente desnuda y con un collar de perro con el nombre Eike grabado que ocasionó un gran escándalo. Poco después se separaron discretamente, pero Luma tuvo varios romances que se hicieron públicos con policías y bomberos particularmente buen mozos. La consecuencia fue que, además de disminuir sensiblemente la pensión pagada, Eike montó un restaurante chino de súper lujo, Mr Lam, en la Lagoa Rodrigo de Freitas, que fue en su momento (2005)  EL lugar de onda de Río de Janeiro y que quedaba frente a la casa de Luma y donde ella tenía la entrada prohibida.

Mientras tanto, Eike comenzaba la carrera que lo llevaría a convertirse en el séptimo hombre más rico del planeta. Ello ocurría cuando Brasil comenzaba a despegar y convertirse en una de las estrellas BRIC y los inversores de todo el mundo corrían desesperadamente a posicionarse en activos brasileños. En ese exacto momento comenzó a lanzar diversas empresas en la Bolsa que tenían como principal activo la palabra de Eike (y su prestigio como empresario exitoso) de que serían extremadamente lucrativas y su posicionamiento en sectores en los que Brasil tenía naturalmente ventajas comparativas (minas y petróleo) o grandes necesidades (puertos y logística, astilleros, energía), además de pequeños emprendimientos en salud, belleza, gastronomía, deportes y entretenimiento. Su último emprendimiento fue la empresa IMX, que en consorcio obtuvo los derechos de explotación del Estadio Mundialista de Río (Maracaná), que costó a los cofres públicos cerca de R$ 800 millones por R$ 181 millones a pagar en 33 años, lo que le valió algunos mensajes bastante irónicos durante las últimas protestas populares que, obviamente, no tuvieron en cuenta que existe un compromiso de inversión de R$ 600 millones en el entorno del estadio.

Su emprendedorismo cautivó a Lula y a parte del PT y llevó a estos  a dar fuertes señales de apoyo político a sus proyectos.

En tanto sus IPO’s en la Bolsa de Sao Paulo recaudaban miles de millones de dólares, su hijo Thor no dejó de darle dolores de cabeza. Circulaba en una Ferrari sin patente y atropelló y mató en un accidente de auto a un ciclista, por lo que fue condenado a dos años de trabajos sociales y el pago de R$1 millón en concepto de indemnización a la familia.

De todas estas empresas, la única que convirtió en realidad sus promesas fue la del área de energía, MPX, con operaciones diversificadas por toda América Latina y que fue recientemente vendida al grupo alemán Eon.

De las restantes podemos hacer un brevísimo racconto; MMX, la empresa de minera l de hierro que debía producir hoy 37 millones de toneladas sólo produce 7 millones; OGX empresa de petróleo y gas, que fue fundada con varios de los principales ejecutivos de Petrobras y que debía estar produciendo 20.000 barriles diarios sólo produce 5.000 y decidió devolver dos áreas de exploración por falta de resultados; LLX, la empresa de puertos y logística tiene un considerable desfasaje con relación a su puesta en marcha, aunque posee activos muy valiosos, y OSX, que iba ser el mayor astillero de América Latina, dependía de las plataformas a ser vendidas a OGX.

Conclusión, no sólo el patrimonio de Eike Batista se ha reducido en un 90 por ciento, sino también el de los más de 50.000 accionistas que creyeron en él y los bancos públicos y privados a los que les debe cifras astronómicas en algunos casos garantizadas con las propias acciones de su holding EBX.

Pero existe un razonable grado de consenso en el mercado sobre que no hubo fraude en la gestión y que Eike Batista no se enriqueció a costillas de sus inversores y de los bancos, sino que es un caso de exceso de confianza y de falta de un equipo que pudiera ejecutar lo que había sido planeado.

Parece sintomático, el auge y caída de Eike Batista coinciden con el cambio de apreciación del mercado sobre Brasil.