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Diez razones por las que hay que mirar hacia Ecuador

Nada de lo que suceda en Latinoamérica le resulta ajeno a sus vecinos. La minería, la estabilidad política, el control de medios y Chávez.


A los argentinos nos gusta simplificar y, de ese modo, comparamos a nuestro país con Estados Unidos o con Venezuela a la hora de entablar una conversación sobre política o economía alrededor de la mesa familiar o con amigos. Pero la realidad es más compleja que juntar a un grupo de mandatarios y enfrentarlos a otra lista y, de esa forma, definir la realidad en blanco o negro.

Se trata de un arcoiris de posibilidades y, en el caso latinoamericano, probablemente podamos compara su vida político, social y económica con un Tetris. Algunas piezas encajan y otras molestan.

Por eso no pueden pasar desapercibido las elecciones de Ecuador, una nación distante pero que, por razones diversas, puede jugar un rol importante en este Tetris latinoamericano.

Aquí, algunos elementos para tentarnos mirar hacia esa nación que hoy reelegirá a su mandatario:

1- Ecuador será la nueva Venezuela. Con el comandante Hugo Chávez definitivamente afectado por el cáncer y sus consecuencias, es el ecuatoriano Rafael Correa quien se perfila como cabeza del bloque latinoamericano de gobiernos que hoy tienen en Venezuela su eje de referencia. Su nuevo triunfo consolidará su liderazgo fuera de su país. Adentro, todo parece demostrar que ya ha echado raíces, a pesar de las rigurosas críticas a su forma de gobierno, provenientes principalmente desde lo que Correa llama “el bussines”, los grupos que manejaban grandes medios de comunicación que ya fueron expropiados.

Acosta, su ex ministro de Minería, hoy le disputa la presidencia.

2- El desmembramiento y la disidencia. El gobierno de Correa se autodenomina como “revolución ciudadana”. Sin embargo desde sectores que fueron parte de su llegada al poder se lo acusa de ser autoritario y personalista. Así sus oponentes en estas elecciones fueron el ex chavista Lucio Gutiérrez, que presidiera por poco más de dos años el país y por cuyo salida unos cables revelados por Wikileaks se acusa a Correa, Chávez, Cuba y las Farc; y el ex presidente de la Asamblea Constituyente, Alberto Acosta, opositor por izquierda y disidente del espacio liderado por Correa, que le exige correcciones de fondo y le critica sus desviaciones. No hay una fuga masiva de respaldo, pero si puede evidenciarse que, consolidado su poder político, sectores que antes lo respaldaban se han ido distanciando paulatinamente.

Álvaro Noboa, magnate bananero y candidato.

3- Contrincantes desprestigiados. Un candidato puede medirse por sus propias condiciones, pero también por las de sus adversarios. En el caso ecuatoriano, a nadie le escapa que, más allá de las críticas a su forma de gobernar, a sus decisiones y a su modelo político, quienes lo enfrentan representan lo viejo de la política. Así aparecen en la grilla personajes como el empresario bananero Alvaro Noboa o el telecandidato Mauricio Rodas, señalado como un producto de laboratorio. Quien secunda en las encuestas previas a Correa, Guillermo Lasso, es un banquero conservador que supo captar el voto radicalmente opositor y no solamente el correctivo.

4- Ecuador paradojal. Lasso fue a la misma escuela salesiana que Correa pro a diferencia del mandatario, no se recibió de economista, ya que se dedicó de lleno al trabajo. Fundó un banco y fue ministro de Economía del presidente Yamil Mahuad, derrocado en el año 2000 en medio de una crisis precisamente bancaria que derivó en la dolarización del país. Hoy concita la atención opositora. Algo así como si Domingo Cavallo resurgiera en la Argentina.

5- Actitud frente a las empresas privadas de comunicación. El gobierno de Correa avanzó en el dominio de los medios de comunicación hasta el punto de manejar casi todo el espectro mediático, mediante la incautación o bien, a través de la distribución o quita de publicidad. El golpe más fuerte lo produjo contra el Grupo Isaías, responsable de la crisis del país de 1999 y al que le expropió en 2008 el gobierno de Correa incautó TC Televisión, Gamavisión, CN3 hoy CN3, Radio Súper K, Multicom, América Visión, Organización Radial, Buscapersonas S.A., Editorial Unimasa que imprime las revistas La Otra, La Onda, La Onda Infantil, Más, El Agro y Samborondón, y otras publicaciones menores. Creó y consolidó un fuerte grupo audiovisual de medios públicos: Ecuador TV y Radio Pública, El Telégrafo, El Ciudadano, el periódico popular PP y ANDES. Su frase de cabecera es: “Apaguemos el televisor y tengamos la mente limpia. No es necesario leer los periódicos”. Correa, sin embargo, para actuar contra los medios volvió a poner en marcha un decreto de la dictadura de 1975. Desde la oposición, Alberto Acosta le reclama una Ley de Medios como la de Argentina.

6- Rigidez y estabilidad política. El de Rafael Correa es el primer gobierno duradero en Ecuador. Este país acredita –tal como lo cuenta Flavia Freidenberg en Esglobal.org- unas 24 Constituciones a lo largo de su historia, algunas de las cuales duraron menos de 2 años. La costumbre fue incumplir los pactos que los políticos contraían con la ciudadanía y los golpes de Estado se transformaron en parte de unas reglas de juego bajo permanente modificación. Lo cierto es que desde que gobierna Correa han fallado los intentos clásicos por desestabilizar su gestión, lo que no quiere decir que esas intentonas no existan. Pero el proceso político admite la presencia de partidos políticos diversos, aunque bajo un fuerte control de todos los espacios de poder por parte de quien ocupa el Poder Ejecutivo.

7- Política/antipolítica. Correa (que hoy tiene 49 años), un joven economista graduado en Estados Unidos pero de simpatía izquierdista, llegó al poder tras cuatro emblemáticos meses de gestión como ministro de Economía del presidente Alfredo Palacios en 2005. Fue allí cuando lideró un sentimiento antinorteamericano latente en su país a raíz de la puesta en marcha de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Se enfrentó al FMI y capitalizó entonces el descontento social con la política, ocupando el espacio que la siempre latente antipolítica espera al acecho para ocupar con candidatos sorpresa. De algún modo, su situación es comparable a la vivida en Venezuela, en donde la sociedad asqueada de las viejas prácticas de los partidos tradicionales y frente a la crisis económica, miró con cariño la figura de un militar rebelde y contestón, transformándolo en presidente a pesar de sus intentos golpistas.

8- Redimensionamiento territorial. Un espíritu fundacional impregna la gestión de Correa. Esta característica es algo que está en la mayoría de los discursos de los mandatarios del bloque político que integra, pero que no todos cumplen. Por ejemplo, el declamado federalismo argentino no existe y la forma de distribución de los recursos en el territorio nacional es discrecional y desigual, un recurso de “apriete” político del Poder Ejecutivo. En Ecuador se avanzó en una redefinición del territorio, de modo de regionalizar el país y la toma de decisiones. Las bases del proceso fueron: Solidaridad, Subsidiariedad, Equidad territorial, Integración y participación ciudadana y Compensar los desequilibrios territoriales.

9- Geopolítica latinoamericana. Ecuador integra activamente el nuevo mapa político de la región. Juega fuerte sus cartas y uno de los hechos de fuerte impacto fue la decisión de otorgarle asilo a Julian Assange, el titular de Wikileaks, quien reside todavía en su embajada en Londres y que ha originado un conflicto diplomático con Inglaterra.Esto, a pesar de que fue que a través de Wikileaks los ecuatorianos conocieron informes reservados de la diplomacia estadounidenses sobre su país. Por ejemplo, un cable que señala que las FARC usan "regularmente" el territorio ecuatoriano para "descansar, (obtener) ayuda médica, armas y explosivos, recuperarse, reabastecerse y entrenarse, además de procesar coca, plantarla y producirla de forma limitada". "Algunos funcionarios ecuatorianos en la frontera creen que el impacto económico de las FARC permitió comprar silencios y complicidades".

10- Lo que las ideas desune, la minería une. Si algo ha socavado en alguna cuota la credibilidad de Rafael Correa en sus seguidores de izquierda es su apoyo irrefrenable a la megaminería en territorio ecuatoriano. Esa actitud le costó el sisma con los sectores indigenistas que representa el hoy contrincante el ministro de Energía y Minas Alberto Acosta, por ejemplo. En la agenda de conflictos de Correa se encuentra poner contención a los reclamos sociales antimineros, situación que termina por unir al chavista Correa con mandatarios y gobiernos que se encuentran en sus antípodas, como Chile y Perú.