La esperanza latente del “riñón izquierdo” de Correa
Las cartas parecen estar echadas en lo que respecta al resultado electoral de Ecuador. Correa sería elegido por tercera vez presidente en las elecciones de este fin de semana. Las únicas dudas que prevalecen están dadas por el dominio de su gobierno de lo que se difunde en la prensa: canales y diarios estatizados no dan a conocer información adversa y los que todavía prevalecen en manos privadas (según denunció este jueves el ex presidente Lucio Gutiérrez) “son chantajeados por el Gobierno”. De allí la única incertidumbre en torno a si los posibles escenarios electorales son ciertos o parte de la propaganda oficial o de quienes están abiertamente enfrentados a Correa desde los factores de poder económico.
Pero en Ecuador no toda oposición es sinónimo de lo que en la Argentina o Venezuela se denomina corrientemente como “corpo”, “oligarquía” o “cipayos”.
|
Acosta y Correa.
|
Tal vez la más dolorosa astilla es la que pincha tras desprenderse del propio palo. Y ese es el caso del candidato “Ecuador por la Unidad Plurinacional”, Alberto Acosta. Si bien no tiene posibilidades de triunfar, representa el déficit que Correa muestra por izquierda y es observado (seguido y hasta difundido) por la prensa adepta al chavismo en Venezuela, tanto como Correa.
Acosta es un intelectual de peso. Economista industrial graduado en la Universidad de Colonia, Alemania fundó el partido indigenista Pachakutik en 1995. Es sobrino nieto del ex dictador José Velazco Ibarra, su flanco más débil frente a sus detractores. Pero su historia no tiene solo eso: fue el redactor de la propuesta electoral que hizo que Rafael Correa, ese economista formado en Estados Unidos que decidió gobernar por izquierda, llegara por primera vez al poder. Fue su ministro de Energía y Minas y presidió la estratégica Asamblea Constituyente ecuatoriana, antes de partir del calor presidencial e iniciar un rumbo propio.
Acosta, el candidato antiminero, representa para Ecuador y, centralmente, para los seguidores de Correa un ejemplo equiparable a lo que significa Miguel Bonasso para el kirchnerismo: coincidencias de fondo, crítica por izquierda, pasado afín y cuestionamiento a los acuerdos con las megamineras.
A pesar del frío en la relación con su ex referente Correa, Acosta defendió su presidencia en los difíciles momentos del alzamiento policial de septiembre de 2010. En aquellas circunstancias, atendió telefónicamente a MDZ desde la terraza de su casa en Quito, desde donde podía presenciar el caos que hizo peligrar la continuidad democrática y denunció al ex presidente (y actual contrincante, también, por la presidencia) Lucio Gutiérrez. “Están allí –nos dijo- todos los indicios de que el coronel Gutiérrez está detrás de la protesta. Permanentemente Gutiérrez ha intentado boicotear el proceso democrático que, aunque equivocado en muchas de sus acciones, es legítimo y hay que defenderlo. Esos sectores son pescadores que le sacando provecho al río revuelto”.
Su propuesta de campaña está centrada en dos ejes de izquierda que son aplaudidos desde Venezuela: la necesidad de “una nueva ley de comunicación para que el espectro radioeléctrico y los medios de comunicación no sean controlados por los grandes grupos de poder”, y una “una reforma tributaria para que los que más ganan paguen más”.
Pero mantiene diferencias con lo que considera como un “uso antojadizo del poder” por parte de su ex compañero de lucha: criticó en diálogo con MDZ “su permanente manejo discrecional del poder legislativo” por lo que le aconsejó a Correa “entender que no puede avanzar por sí solo” e “ir archivando sus actitudes de prepotencia”.
|
|
- Así es. Son varias las causas que se fueron acumulando a lo largo de la Asamblea. El punto que visibilizó el distanciamiento se centró en el planteamiento de ampliar por unas tres o cuatro semanas los debates de la Constituyente, que no fue aceptado por el buró político de Acuerdo País y que provocó mi renuncia de la presidencia de la Asamblea, para no dar paso a una tradicional pugna de poderes que podía haber provocado una ruptura dentro del movimiento oficialista (al que me debía) e inclusive el fracaso de la propia Constituyente. Mi objetivo era redactar con la mayor participación ciudadana posible la nueva Constitución, algo que era dio lugar a que el presidente Rafael Correa me tilde de "demasiado democrático" y que afirme que en mi gestión se practicó "la democracia del bla-bla". Hubo otros puntos de fondo que tenían que ver con algunas amnistías, con temas ambientales, con la consulta y el consentimiento previos a las comunidades; estos y otros más algún día espero ventilarlos con el propio presidente.
Correa es observado por el bloque prochavista como el líder natural del proceso político fuera de Venezuela en caso de que Hugo Chávez no pueda volver a ocupar ese lugar, a raíz de su enfermedad.
Acosta, “el riñón izquierdo” de Correa, confía en esa consolidación, más allá de su distanciamiento puntual. En su diálogo con MDZ consideró que “es deseable e incluso indispensable que se consolide ese bloque”.
|
|
Pero se animó a la crítica: “Lamentablemente hasta ahora más son los discursos que las realidades integracionistas. Un eventual fracaso de los actuales gobiernos progresistas, sin duda alguna alentará a las fuerzas reaccionarias. Sin embargo, aún en ese caso a las oligarquías les será muy difícil rearmar sus tradicionales estructuras de poder, salvo que recurran a prácticas abiertamente fascistas... que, de todas maneras, tendrán que enfrentar sociedades muchos más politizadas y concientes”.
En cuanto a las debilidades del proceso chapista latinoamericano, Acosta consideró entonces que “no son capaces de concretar la integración”. “Hoy –dijo- hay muchas condiciones regionales y mundiales que deberían ser aprovechadas. Otra gran debilidad de estos gobiernos es que apenas transitan hacia un neodesarrollismo, sin poner en entredicho en la práctica el extractivismo. Dicho de otra manera, en muchos casos repiten mucho de lo anterior con un estilo y discurso diferentes”.