Presenta:

"Todo el tiempo el padre Karadima andaba agarrándole el poto a los jóvenes"

Mientras la investigaciones sobre las acusaciones que involucran al sacerdote Fernando Karadima en Chile esperan el doble pronunciamiento de el Vaticano y de la Corte de Apelaciones, Mariano Cepeda le puso un pleito laboral a su ex patrón por no pago de su previsión y otros derechos. Un informe de Ciper.
388065.jpg

Mariano Cepeda llegó a El Bosque a los 18 años, cuando la iglesia aún no terminaba de construirse. Durante las siguientes 6 décadas hizo la limpieza, trabajó en la cocina, fue sacristán y desde esos cargos conoció a un Karadima muy distinto al que se impuso, durante años, como prócer de la Iglesia, como imán de las vocaciones capaz de llevar al seminario a 50 jóvenes de buenas familias.

-Todo el tiempo el padre Karadima andaba agarrándole el poto a los jóvenes- contó Cepeda a CIPER.

 -Eran agarrones como con ansia. Uno los veía caminando por los pasillos de la parroquia y al cura se le iba la mano. Todos los empleados sabíamos que el padre era homosexual. Me acuerdo que a una cocinera le daba mucha vergüenza ver eso. Yo le decía que desgraciadamente esa era su tendencia. Hoy creo que es una enfermedad que él tiene. Piensa que como es sacerdote está autorizado a hacer lo que quiere, que para él nada es pecado.

- ¿A usted lo toqueteó?

-Nooo, si a mí me hubiera puesto la mano encima le suelto un combo donde caiga. Además él tenía sus preferencias. Le gustaban altos, rubios, de ojos claros: azules o verdes- explica. Luego puntualiza “El padre prefería los de su clase” y detalla que uno de sus favoritos, al que apodaba “ojitos bonitos” era un joven de buena familia que abandonó la universidad para trabajar en múltiples funciones en la parroquia, desde cantar en las misas hasta hacer de chofer.

-Una vez entré en el comedor a buscar algo y él estaba besuqueándose con este joven, en lo oscurito. Los dos me vieron e hicieron como si nada. A mí me dio tanta vergüenza que me salí de ahí de inmediato. Al rato ellos también salieron como si nada. Otra vez vi al padre acariciar al obispo Andrés Arteaga en la sacristía. Había más gente y cuando Karadima le acariciaba la mejilla, Arteaga traba de sacarle la mano, sin mucha decisión, como si no se atreviera a enfrentarlo… Yo creo que había jóvenes a los que les gustaba esto, pero también otros que se dejaban porque consideraban a Karadima como un Dios. Para ellos si el padre decía algo, había que obedecer sí o sí.

A comienzos de este año Mariano Cepeda acudió a la inspección del trabajo para denunciar a la parroquia por una deuda que él avalúa en unos 10 millones de pesos. En el escrito Cepeda explica que ingresó a trabajar a El Bosque el 12 de marzo de 1952 y se retiró en 2010; que firmó un finiquito en 2000 cuando jubiló, pero le restaron 30 años de su trabajo y por ello su pensión es de sólo 155 mil pesos. Alega que después de jubilar siguió trabajando 10 años más, sin contrato ni previsión y por un sueldo de 189 mil pesos que no se reajustó jamás. Por todo ello reclama indemnización por años de servicio; cotizaciones no pagadas al INP durante los últimos 10 años; y feriado legal proporcional.

-Todo lo que recibí después por 58 años de trabajo fueron 350 mil pesos. Y yo le digo que nunca pedí una licencia, nunca llegué tarde, salía de mi casa a las 6 de la mañana para estar allá a las 7 y media para abrir la iglesia. Eso en invierno y verano. ¿Y sabe la vida que se daban estos curas, los viajes, las comidas…?

Hoy hay otra cosa que lo indigna: saber que a algunos de sus ex compañeros de labores de la parroquia se les entregó alrededor de $65 millones y a él, que fue cumplidor y reservado, nunca le tocó nada. Se refiere a los $29 millones que le entregaron a la cocinera Silvia Garcés, cuyo esposo es sacristán de la misma iglesia desde 1982; los $10 millones, sacados de los fondos parroquiales, para Patricio Vasconcellos, sacristán de El Bosque desde hace 6 años; los $13 millones para María José Riesco Bezanilla, administradora financiera de la Parroquia, mujer de la máxima confianza de Karadima, ya que tenía acceso al menos a una de sus cuentas; y los $13 millones para Oscar Osbén, quien acusó al sacerdote Diego Ossa de haberlo abusado e inicialmente exigía una “reparación” de $100 millones de pesos.

Cuando Karadima y su abogado Juan Pablo Bulnes explicaron estos pagos ante el fiscal Armendáriz, hablaron de préstamos y de caridad eclesiástica. Cepeda no les cree, pues ahí solo conoció bajos sueldos y muy poca caridad.

Relata que en mayo del año pasado, cuando recién había estallado el escándalo de los abusos sexuales, fue a hablar a la parroquia y se reunió con el vicario Diego Ossa y el abogado Bulnes.

-El padre Ossa decía que nunca supo que no me pagaban las imposiciones. Bulnes también decía que no sabía nada, lo que es una manera de hacerse el desentendido- explica Cepeda. Agrega que fruto de esa reunión firmaron un avenimiento extrajudicial que redactó el mismo Bulnes y en el que se establece que se le pagarán 5 millones 350 mil pesos en concepto de indemnización.

Cepeda alega, sin embargo, que el documento no se cumplió.

-Del dinero prometido sólo me pagaron 350 mil pesos. Desde entonces no me contestan el teléfono. Recién esta semana, cuando se enteraron de la citación, me llamaron para hablar. Ahora les pedí 10 millones de pesos.

El informe completo de Ciper Chile, haciendo clic aquí.