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Gadafi y la nueva bipolaridad global, ¿cae o no cae?

Según quien te lo cuente, de acuerdo a qué medios sigás, podrás tener una u otra impresión sobre lo que está sucediendo en Libia. Una nueva bipolaridad comunicacional que, en definitiva, nos invita a fomentar el espíritu crítico y a evitar la exaltación contagiosa que termina apoyando intereses que "ni nos van ni nos vienen".


¿Qué pasa realmente en Libia? La pregunta podría ampliarse, si la desconfianza en lo que transmiten las redes mundiales de medios llegara a lo absoluto a: “¿es malo realmente Gadafi?”. Pero lo que ahora ha aparecido públicamente es una doble visión de los sucesos, un doble relato de los hechos.

En uno, el imperante en Occidente, se nos informa al detalle y “en vivo” sobre un triunfo de los rebeldes pertrechados por los Estados Unidos y Europa para destronar a Gadafi.

Pero la otra versión, surgida en el eje Venezuela – Cuba con algún respaldo de Rusia, da cuenta de que –como alguna vez dijo Alfonsín- “la casa está en orden”. Desde Ecuador, en tanto, se pidió que “sea el pueblo librio quien decida quién gobernará y no la OTAN”. Esto, al mismo tiempo que los países europeos que comandan el ataque deciden que habrá elecciones en 240 días.

Por ejemplo, el portal venezolano Telesur señala como título principal (y lo reproduce en su cadena de TV) que el “vocero del Gobierno libio sostiene que Trípoli está controlada por fuerzas leales a Gadafi”.

Todo el mundo al que accedemos desde la televisión, la radio y los diarios argentinos dicen exactamente lo opuesto. Lo que no se sabe a ciencia cierta, cuál de los dos bloques en lugar de informar está haciendo pública una manifestación de deseos.

En el medio, China rompe con la bipolaridad y pone el eje de su preocupación en sus inversiones en Libia. “Protéjanlas”, dijo el gobierno del comunismo capitalista chino, sin opinar más allá de eso.

En la batalla bipolar hay varios medios que han quedado heridos. Por ejemplo, durante el fin de semana la agencia Reuters informó sobre la detención de Muamar Gadafi. Todo el mundo lo reprodujo y fue –teniendo en cuenta la seriedad de la fuente- un boom en Twitter. Pero no. Nunca pasó y la misma agencia se encargó de desmentirlo minutos después.

Por eso ahora la incertidumbre y la desconfianza informativa es mayor. Con aquel despacho de Reuters “picaron” dos cadenas opuestas al mismo tiempo: Fox News y Telesur.

Aunque enfrentadas ideológicamente y en los intereses que defienden, reprodujeron una información que resultaba crucial para el mundo. Y se equivocaron.

 
 
 
 
 

Hoy el diario español La Vanguardia da un paso hacia delante: da por caído a Gadafi y se pregunta, inteligentemente, quiénes se quedarán “el tesoro libio”.

Antes del fin, según un artículo de lectura recomendada que firma David Martínez desde Barcelona, sostiene que “las diplomacias de Francia e Italia ya negocian con los rebeldes priorizar a petroleras y empresas de construcción las tareas de la futura reconstrucción”.

Italia –como muchas otras naciones, entre ellas, la Argentina- cultivó una larga amistad concedente y silenciosa de sus presuntos crímenes con quien ahora es señalado como “el dictador”.

Pero, “¿es realmente un llamamiento a la democracia lo que mueve a la guerra en Libia o los intereses económicos en pugna?”.

No hay dudas que lo segundo se nutre de lo primero como excusa. Berlusconi habla de democracia, por ejemplo. Pero es La vanguardia la que lo deja en claro: "Si alguien tenía alguna duda de que la guerra en Libia no tenía un trasfondo económico, se equivoca". La frase la pronunció un antiguo colaborador del ministerio francés de Asuntos Exteriores en París consultado por el diario catalán para analizar la posición de Francia ante el nuevo escenario que se abrirá en Libia cuando Muanmar el Gadafi abandone el poder vivo o muerto.

Pero es una columna de otro diario español, El País, la que pone en foco la tarea de la nueva gestión post Gadafi. Atina al mencionar una serie de ítems que ya son parte de una bolsa de negocios mundial que, hasta ahora, tuvo como centro a los Estados Unidos pero que la OTAN intenta experimentar como propia en medio de la peor crisis europea, continente al que responde.

Jordi Vaquer en ese diario habla de “la devastación de la infraestructura física debería poder ser reparada con el dinero del petróleo. Pero restablecer una Administración fuerte y unificada que controle la totalidad del territorio a la par que se construye una democracia no será fácil en un país cuya sociedad civil fue diezmada durante décadas”.

Así, entonces, esta guerra espectacular que subyuga al mundo “democrático” podrá resolver el problema de las empresas de reconstrucción –como ya ocurrió en Irak- y transformará a las dramáticas secuelas de la matanza en un nicho para el health business.

De todos modos, lo que quedará en superficie será, tibiamente, que en el mundo hay un dictador menos.