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Egipto: ¿occidentales e islámicos?

Hoy el espacio hegemónico de las comunicaciones, alternativas a los medios de comunicación tradicionales, pasa por el uso de “la herramienta internet”, no obstante, en sí misma, no representa más que eso, una herramienta, que puede servir o contribuir para acompañar un proceso de cambio como para abortarlo.

“El taxista lleva chaqueta de piel y gafas estilo' CSI Miami'. La música rock que rebota en las paredes del torturado coche acompaña sus intentos de perpetrar un idioma parecido al inglés. Parece un joven de su tiempo, moderno, occidental, probablemente twittero, ¿anti- Mubarak? Pero salta la sorpresa. “Mubarak nos da estabilidad. Venían turistas, había dinero y ahora… ¿qué pasará? Sin Mubarak, ¿quién gobernará Egipto? Vendrán los religiosos…”. Pilar Rahola. “Entre Mubarak y la pared” lavanguardia.es. 6 de febrero de 2011.

En caso de “éxito” y “elecciones”, la Hermandad Musulmana será la principal fuerza parlamentaria. Al parecer, los EE.UU. verían con satisfacción este resultado porque han caracterizado a la HM como “moderada”, dócil, dispuesta a aceptar la sumisión del país a la estrategia norteamericana, dejando además que Israel continúe con la ocupación de Palestina. La Hermandad Musulmana está también a favor de la economía de mercado existente, que hace de Egipto un país totalmente dependiente del exterior. Ellos son, de hecho, los socios y aliados principales de la burguesía “compradora”, enfeudada de mil modos al imperialismo. No es un dato menor que la HM se haya manifestado en contra de las huelgas obreras y de las luchas de los campesinos por la propiedad de la tierra. Samir Amín. “El movimiento en Egipto”. Página 12. 7 de febrero de 2011.

Hay en el fondo de la cuestión planteada, en casi todas las notas que describen la situación de Egipto respecto de la “revolución por las redes sociales”, cierta ingenuidad política y sociológica. Admito que la creciente explosión de las nuevas tecnologías de comunicación, llamémosle a través de internet “herramientas” como FB, TW, entre otras, ha reubicado diferentes y diversas formas de expresión en el mercado de la difusión de noticias y de ideas.
No obstante, debemos tener cuidado en la sobrevaloración tecnológica. La tecnología es una herramienta que puede tener múltiples usos sociales, de acuerdo al contexto político e ideológico en cada país. Lo que sucede en Egipto no debe leerse jamás como el resultado de una revolución vehiculizada a través de medios alternativos como los nombrados. Más bien, debemos pensar en las condiciones sociopolíticas que llevaron a los egipcios a movilizarse exigiendo un proceso democrático y antiimperialista, que tiene una larga tradición desde Gamal Abdel Nasser (el Perón egipcio que gobernó desde 1956 a 1970) quien sembró las bases del nacionalismo popular en el noreste africano. Industrialización, soberanía política e independencia económica, fueron las banderas por los años 50 y 60 en aquellos desiertos expoliados por franceses y británicos.

La intervención del Estado para conducir un proceso de democratización es vital. Y así fue que, exceptuando a esas décadas donde no existía la web, sí se usaban otras formas de construcción y difusión de las ideas a saber: la radio, el cine, el panfleto, las revistas, la oralidad del líder en la plaza pública. Hoy el espacio hegemónico de las comunicaciones, alternativas a los medios de comunicación tradicionales, pasa por el uso de “la herramienta internet”, no obstante, en sí misma, no representa más que eso, una herramienta, que puede servir o contribuir para acompañar un proceso de cambio como para abortarlo.

¿Por qué no sucede entonces esto en EEUU o en Japón, líderes mundiales de la tecnología, o en la misma Europa que, con la crisis a la que asiste podría explotar en mil pedazos? Apelemos pues a un egipcio, un teórico de la globalización que influye con su pensamiento en vastos sectores de los países tercermundistas: Samir Amín. En su obra, un clásico ya en la economía política, “La desconexión”, plantea su teoría del “desarrollo desigual” en el capitalismo.

Desigualdad innata al propio modo de producción que necesita de Periferias para extraer sus riquezas y ser transferidas al Centro, a los países capitalistas centrales. Y allí, analiza la posibilidad de la desconexión del capitalismo central a manos de los países periféricos. Esto es: controlar el proceso de acumulación desde el Estado, el comercio exterior, la banca y los recursos naturales. Solo así podría plantearse un camino hacia el socialismo, iniciando un proceso de desconexión de los mandatos económicos de los centros de poder. No hay revolución posible, entonces, sin asumir esos puntos por parte de un gobierno con respaldo popular.

Tiene muchísimo que ver con la posición que ocupan los países periféricos al capitalismo central, respecto de la economía mundial. Tiene más que ver con los procesos independentistas a los que asisten estos países que con el uso de la herramienta internet. Pero sobre todo con las condiciones políticas del momento histórico que posibilitan y demandan el uso de nuevos medios de difusión de ideas. Lo que importa es que la gente esté en la calle exigiendo, protestando y transformando sus condiciones materiales de vida.

El papel que ha jugado facebook y twiter no son menores, por el contrario, se transformaron en “soportes” de comunicación para la denuncia y la convocatoria. Pero si no existieran condiciones objetivas y subjetivas en la población para que la gente se junte y movilice en torno a determinadas ideas, internet bien podría quedar allí, como un espacio de entretenimiento y de ocio o, por el contrario, terminar fortaleciendo al extremismo islámico.
Enhorabuena que en países como los nuestros, estas herramientas están contribuyendo al cambio democratizador, pero muchas veces –hay que decirlo- a la confusión y saturación. En todo caso, el proceso revolucionario en un país no depende necesariamente de facebook ni de twiter, son variables dependientes de las posibilidades que tienen los sujetos de rebelarse toda vez que la opresión se imponga.