De linyera a estrella de radio: "Es como si hubiera ganado un millón de dólares con la lotería"
El descuidado semblante del vagabundo de la 'voz de oro' que ha cautivado a millones de personas en todo el mundo ha dejado atrás su pasado en las calles de Ohio para comenzar a pasear su timbre y entonación por algunas cadenas de televisión de EEUU.
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Williams recordó las complicaciones vitales que le hicieron que se introdujera en el mundo del alcohol y las drogas. Reconoció que bebía mientras trabajaba y que sin darse cuenta ya no tenía trabajo ni familia. En 1993 se produjo su ruptura con la sociedad. Perdió su empleo como locutor de una emisora de jazz y pasó a ser un habitual de los centros de acogida de Ohio.
Pero si hay alguien al que el 'mendigo de la voz de oro' ha tenido siempre presente, ésa ha sido su madre. "Solía rezar para que mi madre siguiera viva y viera cómo resurgía de las llamas". Ella tiene 92 años y lleva 15 años sin ver a su hijo, pero según explicó Williams, "de ella aprendí que siempre hay que tratar a la gente como quieres que te traten".
De ahí viene la educación, honestidad y formalidad que mostró en el vídeo grabado por el periodista del 'Columbus Dispatch', Doral Chenoweth, la misma que exhibió en la entrevista de la NBC. Siempre agradecido, antes incluso de convertirse en la figura más mediática del año que acaba de comenzar.
A Williams le han sacado de un hábitat en el que lleva inmerso casi dos décadas, por eso no puede esconder su nerviosismo frente a las cámaras. Pero ahí está su voz. Profunda, virtuosa y dotada de una presencia capaz de de hacer olvidar su tímida actitud corporal. "Mi voz es algo que siempre se ha mantenido con el tiempo, cuando decidí utilizarla para que me dieran limosnas o conseguir un trabajo, había gente que me daba dinero y pasaban otros días sólo para escucharme", afirma orgulloso.
Dos años y medio rehabilitado
Explicó que durante el año 2010 encontró su "espiritualidad", y lo que en un principio tenía visos de convertirse en un año que se iba a esfumar sin más pena ni gloria, llegaron a ser los 365 días en los que Williams se reencontró consigo mismo. "No fue un año perdido, como pensaba".
También comparó los dos años y medio que lleva rehabilitado con aquellos tiempos en los que frecuentaba las comisarías por pequeños hurtos. "Nunca fueron crímenes violentos", afirma, "siempre fueron robos para poder costearme mis adicciones".
Williams no pierdió el humor en ningún momento e incluso se atreve a vaticinar que en cinco años, cuando tenga su propio apartamento y pueda disfrutar de sus siete hijas y dos hijos, podría llegar a ser el director de su propio programa. Mientras tanto, deja un mensaje que ha aprendido tras sus tiempos como mendigo: "No juzguéis un libro sin conocer su contenido". A Williams se le ha dejado de juzgar por su exterior y ha conseguido que su voz le brinde un futuro con el que lleva años soñando.