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Opinión: A las armas las carga Chávez



Venezuela está al tope de la inseguridad. Sus muertos son nuestros muertos: Latinoamérica, con las cifras de asesinatos que ese país suma a la estadística (agregados los muertos del conflicto colombiano), le da a nuestro subcontinente el liderazgo en las cifras de víctimas bajo fuego armado en el mundo entero.

Es imposible que sea de otra manera. La lucha por la igualdad social en un país absolutamente desigual desde lo económico, se da con armas, literalmente.

Claro que la igualación de la sociedad se puede conseguir alentando a los sectores más desprotegidos, o...eliminando al más favorecido. Pero tampoco se da de ese modo en Venezuela. La lucha contra la pobreza tiene una cara dramática allí también: los que mueren son los pobres.

Lo cierto es que es el Estado el que alienta algo que es muy común en el país señalado por Chávez como su "enemigo", Estados Unidos: la utilización de armas por parte de cualquiera, en cualquier lugar y en todo momento. Una situación paradojal. Una misma matriz de violencia e individualismo.

Desde que Chávez está en el poder, se les ha entregado armas de fuego a los estudiantes, se han creado milicias civiles y se alienta el armamentismo civil, bajo la excusa de que el país podría entrar en guerra "en cualquier momento".

Frente a tal aliciente a la solución bélica de las diferencias, chavistas y antichavistas se han visto en una encrucijada exagerada, pero potenciada por el Gobierno y su dominio del estado: o se arman o mueren.

Pero lo que sucede es que se están muriendo igual, con las armas en la mano. O en el placard.

Hace unos años, convocados por Amnistía Internacional, un grupo de personas que trabajamos sobre la problemática de la violencia armada fuimos convocados a Caracas. Se trabajó mucho y muy seriamente con todos los sectores de la sociedad venezolana, inclusive, con el gobierno chavista.

Sin embargo, en medio de un trabajo concienzudo para reducir la incidencia de las armas en las muertes del país, el gobierno convocaba a la población a movilizarse hacia la costa caribeña, portando sus armas, en un simulacro de ataque exterior.

La idea está instalada. Y la muerte, como consecuencia lógica, también.

Frente al arsenal sobre el que caminan, viven, trabajan, estudian y, sobre todo, discuten y polemizan los venezolanos, es imposible que la realidad dicte algo diferente a lo que se está viendo hoy día.