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La oposición es un cabaret de suburbio

Salieron bailando de la Sociedad Rural, adoctrinados de la casa de Magneto y de ahí al cabaret del suburbio. Tomaron algunas copas demás y empezaron a pelear por la gorda. No hay ojos pa verlos. ¡Vamos los murciélagos!

Pido disculpas a los cabarets por la metáfora. No se me ocurrió otra denominación para estampar en la nota. Así como en el fútbol se habla del cabaret de tal o cual equipo cuando los jugadores camarilleros traman estrategias para echar un técnico o ningunear a otros jugadores, creo que hoy por hoy la oposición vive en ese periodo.

Si, la oposición es un verdadero cabaret, con plumas. Nunca un teatro de revista. Eso sería sentado en este caso. Divierte verlos ahí, mandándose cartitas y señales con bombas para reventar a un posible contrincante. Que la Carrió se va del acuerdo, que la Carrió es seducida por ¡Pino Solanas! Increíble pero cierto. Que Macri está en el horno y busca respaldos en el PJ bonaerense, que el PJ bonaerense lo ningunea pa que tenga. Que el mismo PJ federal viene y va, que viene y que va (mejor no acordarse de esa cancioncita maldita del mundial de Sudáfrica) donde hay un disidente. Que Cobos quiere ser radical y enseñarles de radicalismo a los propios radicales para que lo sigan en el 2011.

Y aquí, Racconto. Una especie de muñeco de madera, un pinocho made in Mendoza que sigue los “pasos de bebé” de Cobos. A todos los une algo: no tienen una idea en común, solo la de disputarse la mina o el vago, pisarse los talones y después palmearse la espalda pero con el facón en la otra mano.

La oposición es un cabaret, sí que lo es. Algunos se paran en la barra y esperan que le inviten un trago, otros van a los bifes y bailan con la más fea porque no les dá el piné pa apuntar más alto. Los más osados se meten en los reservados con dos vasos de criadores y 5 hielos pa ver si la embocan. Hasta le declaran el amor eterno por esa noche. Nadie cree en el otro, todos garpan por las dudas.

Los mudos (Reuteman por ejemplo) andan a las vueltas y se marean. Hacen “como si”. Ni fu ni fa. No entran al cabaret por la puerta para evitar los flashes pero tienen un acceso privé donde se los atiende en cámara gesell. Esos son los que se lavan las manos con alcohol en gel cada vez que saludan a alguien. Lo llevan en el bolsillo del saco. En realidad hay más de diez proyectos de oposición, todos personales por supuesto, es decir, en base a la figura de un tipo o una tipa. ¿Qué quieren hacer si llega alguno al gobierno? ¿Retomar el ALCA? ¿Hacerse amigo de Lula? ¿Viajar a la China a vender humo? ¿Derogar todas las leyes que votó el Congreso Nacional? Pues que lo digan, alguito que digan. En fin, es cuestión de prender el ventilador (perdón, quise decir la Tele) y mirarlos, solo mirarlos, porque escucharlos es masoca. Demasiado masoca.

Salieron bailando de la Sociedad Rural, adoctrinados de la casa de Magneto y de ahí al cabaret del suburbio. Tomaron algunas copas demás y empezaron a pelear por la gorda. No hay ojos pa verlos. ¡Vamos los murciélagos!