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Ya hay una guerra entre Venezuela y Colombia

La difícil crisis entre Venezuela y Colombia no es una amenaza, sino es de por sí una guerra no clásica. Qué buscan, qué intenciones ocultas hay y por qué los dos pueblos latinoamericanos no se enfrentarán jamás cuerpo a cuerpo.
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La guerra es, antes que nada, un gran negocio. Es probable que -como sucede en muchos casos- los partícipes de esa guerra hasta tengan los mismos proveedores. Y hay quienes sostienen (el cine ha dado muchos ejemplos de ésto) que muchas veces las guerras se inician por conveniencia: para reactivar fábricas de armas, por ejemplo.

Pero lo que ya está sucediendo entre dos países hermanos latinoamericanos como Colombia y Venezuela es una guerra pública, declarada varias veces en cadena internacional por dos presidentes y, en definitiva, un nuevo estilo de negocios.

La multiplicidad de beneficios que las bravuconadas de Hugo Chávez y Álvaro Uribe les han traído a ellos, personal o políticamente, han dejado su huella en la historia de este conflicto que, cada vez que se anuncia nuevamente, pone a todo el mundo bajo la expectativa de una inminente -aunque dudosamente verificable- guerra clásica entre fuerzas armadas.

De esta manera, cuando Uribe necesitó ratificar su liderazgo dentro del país y forzar a la Justicia a tratar su tercera elección como Presidente, Colombia salió al escenario de la prensa internacional a mostrar cómo había matado al "canciller" de las FARC, Raúl Reyes.

Claro, obviaba el detalle de que lo había hecho en territorio ecuatoriano, violando su espacio aéreo. Esa fue la excusa ideal para que Chávez, en una de sus habituales cadenas televisivas, ordenara el despliegue de tropas hacia la frontera de su país con Venezuela en solidaridad, dijo, con la soberanía de Ecuador, aunque muchos sospecharon que estaba reaccionando ante el golpe perpetrado por Colombia y sus aliados estadounidenses contra guerrilleros que se empeñan en demostrar que adscriben a la fe chavista.

Luego, cuando Uribe mostró presuntas pruebas de los vínculos de Chávez con la guerrilla, extraídas -dijo en otro show televisivo Uribe- de las computadoras del líder masacrado, Chávez ordenó retirar ("a todos, que no quede ninguno") los diplomáticos de su país en Colombia, generando un nuevo pico en el conflicto.

Hoy estamos de nuevo bajo los designios de los juegos bélicos de dos presidentes que, en el fondo, son más parecidos que diferentes. Si bien uno es más pintoresco que el otro, ambos ejercen un populismo mediático. Uno, desde el liberalismo. El otro, desde el conservadurismo de izquierda.

Pero esta vez se han roto relaciones entre dos países que comparten un mismo Libertador, Simón Bolívar, al que -en medio de la payasada- hasta han puesto en disputa. Desde 1901 que no se produce una situación de estas características entre ambas naciones, por cierto.

Así, los dos hacen un negocio que afecta a sus pueblos los que, dicho sea de paso, es muy improbable que jamás se enfrenten cuerpo a cuerpo en una guerra.

No habrá guerra clásica. Sería como si avanzaran en ese sentido la Argentina contra Uruguay, o viceversa. La gente no la aceptaría. Y, por el contrario, en el caso de Venezuela, sobre todo, tendría un efecto interno difícil de sostener hasta para el "que todo lo puede" Chávez, atentos a la profunda división existente dentro del país, que se transformaría, rápidamente, en un frente que resolver en paralelo que el externo.

Estados Unidos -en la tribuna de Colombia- nopodría bloquear a la Venezuela que le pone combustible en los tanques de sus millones de grandes automóviles, so riesgo de generar una nueva ola de descontento interno, como la que echó a los Bush del poder.

Y Venezuela tampoco podrá asuzar con Irán y sus amigos latinoamericanos, ya que sobre todo en los de aquí no está el convencimiento ni la capacidad de ir a una guerra clásica.

Anoche, como dato, el Consejo de Defensa de Venezuela que reune a los cinco poderes de ese estado, emitieron en cadena nacional de TV un comunicado en el que llamaron a la "unidad nacional" y respaldaron los reclamos soberanos de su país, aunque dejaron en manos de Chávez la decisión de cómo avanzar.

Así, los medios oficialistas se nutrieron de apelaciones a la "unidad nacional", un objetivo político que los argentinos ya vimos con la aventura de Malvinas, cuando los dictadores de otrora querían juntar fuerzas para resistir su sometimiento a la justicia por los crímenes cometidos.

La guerra ya está instalada y va dando sus frutos de los que disfrutan unos pocos.

La guerra ya vigente entre Colombia y Venezuela se nutre de batallas gestuales y de mucha semiótica posmoderna. Se mueve, acaso, a fuerza de las bravuconadas que le dan visibilidad en las pantallas de todo el mundo y en la tapa de los diarios.

Los medios aquí cumplen un rol crucial. Si hoy abrimos los diarios de estos dos países, veremos cómo es la tentación bélica el principal título y no la verdadera masacre social que hay en las sociedades subdesarrolladas, subalimentadas, subeducadas de estos y casi todos los países de Latinoamérica. Los fondos, claro, se enfocan en los pertrechos que podrían servir para ese eventual enfrentamiento que, a estas alturas, parece tan improbable comodeseado por aquellos que "venden" guerra.