Presenta:

Viña del Mar: las familias que el último temblor arrojó a la calle

Quince familias con 18 niños se instalaron en carpas en pleno centro de la Ciudad Jardín después de que la réplica del jueves pasado casi destruyera sus precarias casas. Es una postal de una ciudad que busca recuperarse como polo turístico. El conflicto con el municipio, los temores a un tsunami y la angustia que no abandona a los chilenos.
123160.jpg

El 27 de febrero a la mañana, comenzó la reconstrucción de Chile tras el terremoto de esa madrugada. Lo que no quita que las réplicas posteriores al sismo mayor hayan provocado más daños, además de generar nuevas historias de dolor y desamparo a lo largo del país trasandino.

Ese parece ser el caso de 15 familias de Viña del Mar cuyas casas sobrevivieron al terremoto, pero quedaron al borde de desplomarse con la réplica del jueves último, esa que sacudió la zona central de Chile y que incomodó al propio Sebastián Piñera en la cercana Valparaíso, durante el acto de asunción presidencial.

La situación de estas familias, que ahora viven en la calle, demuestra cómo un desastre natural de grandes proporciones puede desacomodar y dejar en falta incluso a los gobiernos atentos y aparentemente bien administrados,  como es el caso del municipio de Viña del Mar.

No se entiende si no cómo una comuna que necesita atraer de nuevo al turismo deja a la vista de cualquiera, en pleno centro, una hilera de carpas que se han transformado en los hogares improvisados de decenas de personas, grupo en el que se incluyen 18 niños.

Tampoco se alcanza a comprender cómo por lo menos dos inmuebles precarios de esa zona, que hasta la semana pasada constituían la casa de estas personas, no han sido clausurados por el municipio, a pesar de que se pueden desplomar en la calle de un momento a otro y engrosar la lista de las víctimas de los sismos en Chile.

¿Okupas o arrendatarios?

Reinaldo Lagos es el vocero de los "carperos" de Viña. La suya y otras familias habitaban una suerte de conventillo (en Chile se les llama cités) de adobe, palos, lata y algunos ladrillos en Viana 393, a pocas cuadras de la plaza de Viña, en una zona donde confluyen una moderna avenida céntrica (Viana) y construcciones en general bastante antiguas.

El jueves se movió el piso como nunca desde el terremoto en Viña y los ocupantes del cité de Viana sintieron la tragedia cerca. Se instalaron entonces en la vereda de la casa, a la salida de un supermercado. Ahora comen y duermen allí, mientras mantienen un conflicto con la comuna por su reubicación.

Según la municipalidad, que busca minimizar cualquier impacto del sismo, se trata de “okupas” que se niegan a trasladarse a albergues para contener a los evacuados. Ellos en cambio se califican como “arrendatarios” a quienes la comuna nos les ha dado una solución habitacional satisfactoria. “Nos quisieron dar medias aguas (viviendas), pero no tenemos terreno donde colocarlas”, sostiene Lagos. Y precisa: “Esto no es una toma como dice el municipio. Algunos incluso tenemos contratos de arriendo. Nos tienen que tratar como víctimas del terremoto”.

Así habla Lagos y de esta manera vive junto a sus vecinos:

El conventillo que sus ocupantes dejaron después del sismo del jueves probablemente nunca fue un lugar digno para vivir, según se aprecia en las fotos de esta nota. Pero desde entonces, el sitio sólo admite como solución su demolición.

Pero lo peor es que pegada a esta “casa” hay una que aun no ha sido deshabitada. Y que, según se puede inferir desde afuera por las grietas que se ven en las paredes, también está en claro riesgo de colapso.

A tal punto es peligrosa la zona que los propios vecinos han improvisado carteles callejeros de cartón en los que advierten a la gente que no circule por ese sector de la vereda. Carteles que debería haber colocado el municipio, con fajas de seguridad y otras precauciones.

Angustias de una "ciudad jardín"

Un vistazo rápido de la Ciudad Jardín no permite detectar situaciones parecidas a la fecha.
Las autoridades municipales aseguran que los temblores no han afectado ni siquiera las barriadas más pobres. En tanto, las cuadrillas sólo informan a la prensa sobre un edificio de departamentos con problemas estructurales, al que hay que sumar la fragilidad evidente de unos cuantos edificios históricos. En contraste, el conventillo de Viana, por ahora, no cuenta con soluciones oficiales.

La gente de Viña mientras tanto trata de volver a la normalidad de una bella ciudad turística que espera tiempos mejores, aunque cualquier señal de alarma vuelve a provocarles situaciones de estrés. Como la alerta de tsunami del jueves, después de la réplica más fuerte del terremoto. “Casi todos los que estaban en el hotel escaparon a la zona de los cerros, pero algunos nos tuvimos que quedar acá, refugiados en el séptimo piso”, contó Manuel Bravo, gerente de operaciones del hotel Marina del Rey.

El último momento de angustia lo vivieron este domingo en la noche, cuando una falla en el sistema interconectado eléctrico del país dejó casi toda la ciudad y sus alrededores sin luz. El cruce de llamadas entre los funcionarios y la alcaldesa de Viña, Virginia Reginato Bozzo, fue casi frenético durante varios minutos.

Rápidamente salieron a desmentir que el apagón fuese consecuencia de algún nuevo temblor. “Les pido que no generen psicosis social, lo que ha ocurrido es normal”, reclamó, alterado, un coordinador de proyectos turísticos de la ciudad ante un grupo de periodistas, temeroso de que esa versión se irradiara fuera del país y le diera otro palo al turismo viñamarino.

Los fantasmas que soltó el terremoto no abandonarán muy rápido a los chilenos.