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Argentina y Brasil, entre la diplomacia y el coqueteo con el terrorismo
El reconocimiento oficial de un "Estado Palestino" sirvió para satisfacer al titular de la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania, Mahmoud Abbas. Pero no quedó en claro qué pasará con Franja de Gaza, bajo la administración de un grupo radicalizado como Hamás.
La decisión de Argentina, Brasil -y posiblemente Uruguay- no es más que una maniobra política que no producirá ningún cambio importante a favor de las negociaciones en Medio Oriente, pero servirá para, en cambio, agitar las aguas en un lugar que ya por naturaleza es turbulento.
Reconocer a Palestina como un Estado soberano e independiente fue un golpe de demagogia. Demostró el poco conocimiento o la poca seriedad con que los países sudamericanos se toman a veces el conflicto que afecta a esta región del planeta. Una cuadro de situación que se completó al reclamar que las fronteras se retrotraigan a los trazados de 1967.
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De ser así, Franja de Gaza debería ser apropiada nuevamente por Egipto y la región de Cisjordania tendría que pasar a ser una vez más territorio jordano. Para 1967, el pueblo palestino no había logrado dar forma al Estado que, por resolución, había aprobado la ONU en 1947. En cambio, se pasó esos 20 años buscando alianzas en el mundo árabe para echar al pueblo judío de su país.
La actualidad es diferente. Una porción de ciudadanos palestinos ha logrado autodeterminación. Es la porción gobernada por la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y separada del Estado de Israel por una cerca y un muro de seguridad. Es el sector mejor visto por el pueblo israelí, porque las tensiones en esa zona han disminuido y porque no deberían existir mayores trabas para que, de aquí a un tiempo no muy lejano, pueda concretarse un tratado de paz.
Pero ahí no está el problema. Entre las prioridades israelíes, la relación con el gobierno de Mahmoud Abbas no tiene punto de comparación con la preocupación que genera la política de Irán y su ascendencia sobre grupos radicalizados como Hezbollah (en el sur del Líbano) y Hamás (que controla la Franja de Gaza); todos, con un mismo objetivo: hacer desaparecer a Israel del mapa.
Por eso, las declamaciones argentinas y brasileñas son, por demás, ambiguas, cayeron mal aquí y fueron reflejadas por las versiones digitales de los diarios más influyentes. No queda claro qué gobierno y qué territorio deben considerarse como partes legítima de un Estado Palestino que, por supuesto, merece ser reconocido como tal por la comunidad internacional.
No está claro en qué situación queda Gaza en medio de estos reconocimientos oficiales. Ese es un punto crítico. Si Hamás y la ANP no se reconocen los unos a los otros… ¿a favor de quién juegan Argentina y Brasil? Porque no se puede hablar de un “Estado Palestino” sin tener en cuenta las distancias imposibles de reducir entre la ANP y el grupo terrorista que controla Gaza. Y en esa trama, tanto Brasil como Argentina parecen haber olvidado una parte clave de la historia.
Por eso, las declamaciones argentinas y brasileñas son, por demás, ambiguas, cayeron mal aquí y fueron reflejadas por las versiones digitales de los diarios más influyentes. No queda claro qué gobierno y qué territorio deben considerarse como partes legítima de un Estado Palestino que, por supuesto, merece ser reconocido como tal por la comunidad internacional.
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