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Gilad Shalit, el soldado secuestrado que conmueve a todo el país

Lleva más de cuatro años y medio en cautiverio. Fue raptado por Hamás en territorio israelí. Con una carpa montada frente a la residencia del Primer Ministro Benjamin Netanyahu, sus padres exigen que el gobierno arbitre lo medios para su liberación. Así piensan y así sienten mientras esperan a su hijo.

La pulsera de tela amarilla se está convirtiendo en un ícono de libertad. Es la manera con que el mundo se solidariza y espera que el soldado israelí Gilad Shalit, secuestrado por el movimiento Hamás el 2 de junio de 2006, pueda reencontrarse con su familia y dejar atrás casi cinco años de cautiverio. Nadie que entre en la carpa montada por la familia de Gilad frente a la residencia del Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, puede irse sin la pulsera y sin desear que el martirio termine.



Gilad Shalit fue raptado en un operativo comando llevado a cabo por militantes de Hamás en territorio israelí, en las cercanías de la frontera con Franja de Gaza. Desde ese momento, está aislado, incomunicado y sin atención médica ni ayuda humanitaria. Su último contacto con el mundo fue en octubre del año pasado, cuando se difundió un video en el que salía leyendo un diario con noticias actuales. Es un delito de guerra. Los gobiernos del mundo deberían alzar la voz y pedir la inmediata liberación de Gilad”, señala Noam Shalit, su papá.

La presencia de la carpa tan cercana al sitio donde duerme el funcionario más importante del Estado de Israel es un señal de hasta dónde están dispuestos a luchar los padres del soldado. Es, además, una forma para presionar a la hora de tomar decisiones. Por eso la presencia permanente, por eso el acompañamiento de la prensa y por eso el cartel que tanto Netanyahu como su esposa, Sara, ven todas las mañanas al despertar. Allí aparece el rostro de Gilad y una leyenda que recuerda lo bien que están ellos y lo mal que él la está pasando.

Noam y su esposa Aviva son los protagonistas exclusivos de la carpa. Están sentados de manera estratégica, como siempre. Separados sólo por una silla entre ambos, que lleva la leyenda “reservado para Gilad Shalit”. Y refleja –más que una expresión de deseo- la convicción de que algún día su hijo volverá a estar con ellos.

Hasta el momento, las negociaciones más importantes fueron encaminadas por allegados al gobierno alemán y al francés, ya que el Shalit también tiene ciudadanía francesa y el caso es seguido de cerca por el presidente Nicolás Sarkozy.

Para Noam, “la mayoría de la gente quiere que el Primer Ministro haga todo lo que tenga que hacer para liberar a mi hijo”.

En este punto, se abre una fuerte discusión en la sociedad israelí. La principal demanda hecha por los secuestradores para devolver a Gilad se centra en el intercambio del soldado por más de mil palestinos acusados de diferentes crímenes en Israel y actualmente presos. Entre ellos, aparecen personajes que ya han sido juzgados y a quienes se los encontró responsables de atentados terroristas que causaron muchas muertes en este país.

A partir de allí, hay quienes sostienen que si Israel accede a esas peticiones, no sólo mostrará debilidad, sino que abrirá la puerta para que grupos fundamentalistas apelen a los secuestros de soldados para luego convertirlos en cartas de negociación.

A Noam poco le preocupan las negociaciones con las diferentes facciones palestinas para lograr acuerdos que limen las asperezas reinantes. Asegura que prefiere no meterse en política y que “como todos, sólo queremos la paz para todos. Un año antes de que Gilad fuera secuestrado, nos alegramos por la devolución de Gaza”.

En estos cuatro años y medio, y a pesar de los diferentes pedidos hechos por organismos internacionales, Hamás impidió que ingresara ayuda humanitaria para verificar el estado de salud del soldado que fue raptado cuando tenía 19 años y estaba haciendo el servicio militar.

De todos modos, “yo estoy segura de que está vivo y de que sabe lo que estamos haciendo por él”, afirma Aviva, con un tono de voz mucho más suave, más dulce y más cerca del quiebre que el de su esposo.

En los últimos meses, el caso de Shalit se convirtió, según su padre, en recurso para la guerra psicológica por parte de los enemigos de Israel. Videos parodiando al efectivo secuestrado, carteles provocadores en el sur del Líbano y “hasta obras de teatros en las plazas de Gaza son utilizadas para burlarse. Pero no vamos a entrar en ese juego”.

El padre de Gilad marca una diferencia. Para él, hay que dejar en claro que lo sucedido con su hijo no modifica en nada su postura sobre los derechos del pueblo palestino: “No tengo por qué odiar a la gente, porque ellos también son rehenes en Gaza. En cambio, con los líderes de Hamás, sí tengo una cuenta pendiente”.

Al momento de la publicación de esta nota, Gilad Shalit lleva 1.634 días cautivo.