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Miedo a bordo: inédita tormenta de arena paralizó un aeropuerto en Chile

Los pasajeros del vuelo 965 de la empresa LAN no pasaron su mejor día este viernes, en Iquique. En momentos en que una nave despegaba para dirigirse a Santiago, se desató una tormenta de arena que obligó a maniobrar para retornar a la base aérea. No se conocen antecedentes en la ciudad de algo similar. Un periodista de MDZ estaba en ese vuelo y se quedó varado en Chile.
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Ya era suficiente con haber despegado desde un aeropuerto ubicado a más de 4 mil metros de altitud sobre el nivel del mar, en El Alto, Bolvia y tener que hacer escala y engorrosos trámites de aduana en la ciudad chilena de Iquique. El cansancio marcaba a cada uno de los pasajeros del vuelo 965 de LAN. Pero cada uno se animaba sabiendo que pronto, al llegar a Santiago, podría conectar con los vuelos que los acercarían a sus hogares, a sus familias.

No fue así.

La densa espera en el aeropuerto ubicado en la desértica región del norte chileno se completó con el abordaje de la misma nave de la que insólitamente uno debe bajar con todas sus pertenencias para volver a subir.

Carreteó la nave por la pista del aeropuerto, ubicado entre el mar y unas cordillera que es, en verdad, un bloque de dunas inalterables.

Repentinamente, todo alrededor se volvió color sepia. La arena dominaba el paisaje por completo. La aeronave, a punto de despegar, sintió el raspado de la arena en sus turbinas y los pasajeros nos dimos cuenta de que retornábamos, lentos, sin que nadie dijera palabra alguna.

El aire acondicionado se cortó en la cabina, por lo que la situación se volvió incómoda, además de tensa. Cerca de 200 pasajeros, entre los que habían unos 10 niños, miraban la escena con sorpresa primero, con algo de temor inmediatamente después y con bronca, angustia o resignación, según el caso, después.

"Se trata de una tormenta de arena, no podemos despegar; esperaremos unos minutos en el avión", dijo el capitán, no tan convencido de lo que decía, al mismo tiempo que estacionaba cerca del cuerpo central del aeropuerto.

Se apagaron los motores. La gente preguntaba qué pasaba. El calor era intenso; no había agua ni se habían distribuído víveres desde la salida de La Paz, en Bolivia y las horas pasaban cargadas de incertidumbre.

Afuera, la arena serpenteaba por la pista. "Un zonda, pero a lo bestia", pensó el biólogo mendocino que esperaba llegar a tiempo a su provincia.

A la primera versión de esperar dentro de la nave, le siguió la frase "les pedimos que bajen del avión y aguarden instrucciones en el aeropuerto". Algunos querían bajar; otros no. nadie sabía -en la tripulación- qué protocolo seguir.

Bajamos. No había manga. Caminamos por la pista hasta ingresar al edificio comiendo de la misma arena que ya habían probado las turbinas del avión.

Nadie nos dijo qué hacer. Nadie supo qué decir sobre las conexiones con los otros vuelos que, evidentemente, se estaban perdiendo. "En una hora daremos un parte informativo" se escuchó por los parlantes del aeropuerto Diego Aracena. Decepción.

Las ráfagas bajaban desde las dunas y golpeaban sobre el avión de LAN, pero impiedieron la salida de un vuelo de la compañía Sky que estaba completo. Entre la tierra arremolinada, de repente, un tercer avión: había logrado tocar suelo otro vuelo de la empresa chilena. Milagrosamente, estaba allí, pero deberían revisar sus motores completamente después de la aventura.

Mientras tanto, el aeropuerto colapsó: no había internet, ni teléfonos, ni posibilidad de cambiar moneda para quiees veníamos de otro país; no había donde ubicarse, cómo avisar o dónde comer.

"Yo, algo así, nunca lo vi", nos dijo un empleado del aeropuerto que estaba anonadado con el espectáculo que rodeaba a la terminal aérea. "No me digan que no pudieron pronosticarlo", insistía una pasajera indignada a las asistentes de las aerolíneas, quienes, atónitas, no sabían qué recomendar. "La empresa no es responsable por lo que está pasando", fue la peor respuesta que supieron dar para darle rienda suelta a la indignación surgida de la incertidumbre.

De repente, todo paró.

Convocados al tercer abordaje de la misma nave en el mismo día, subimos, nos acomodamos. Luego de un largo período de limpieza de las turbinas y de reacomodamiento técnico, habló el piloto. Después de las disculpas, decidió confesarse. Rompiendo el tono formal que caracteriza estas alocuciones de la ripulación, dijo: "Qué quieren que les diga. En mis 22 años de trabajo en esta ruta, jamás había pasado algo así. Nunca antes hubo una tormenta de este tipo en el aeropuerto de Iquique". E insistió: "Es algo inédito".

El biólogo y yo, estamos varados en Chile. Volveremos a Mendoza en el próximo vuelo. pero aun nadie logra salir del asombro por lo sucedido en el norte de Chile, este viernes, el día en que la arena paralizó la actividad.