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¿Un presidente de izquierda también en Estados Unidos?

Los escasos antecedentes políticos del nuevo presidente de los Estados Unidos acreditan que es un hombre con ideas progresistas. Lo ha demostrado cada vez que intervino en el Congreso como ningún otro legislador.
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Es difícil catalogar de “izquierdista” a algún miembro de las mayorías políticas estadounidenses.

Dependiendo del cristal con que se lo mire, en cambio, la situación se va poniendo más fácil.

Frente a George Bush, su padre o sus hermanos, Barack Obama es a todas luces un hombre de ideas progresistas, lo que se puede llamar “izquierda”.

En cambio, ante Hugo Chávez o Fidel, la figura es más fácil asociarla al socialismo europeo o de la Tercera Vía, aunque jamás se escuchó a Obama referirse a los asuntos principales de su nación en estos términos.

Hay quienes lo llamaron desde la oposición “socialista de fantasía”, frente a un John McCain calificado, en este mismo ritmo, como un “capitalista social” lo cual en lugar de descalificarlo, lo coloca en un lugar justo enfrente de los reaganianos que crearon el “capitalismo popular” y de los bushistas que sustentaron el “capitalismo salvaje” o neoliberalismo.

Pocos saben quién es Obama, más allá de los clichés lógicos de una campaña.

Del otro lado estaba el típico héroe norteamericano que las hizo todas: luchó, fue herido, sobrevivió a una catástrofe, fue torturado como prisionero de guerra, lo condecoraron con los máximos galardones de héroe, tuvo siete hijos de los cuales adoptó dos…

Del lado ganador, un joven negro cuyo único antecedente político de peso es el cargo de senador con mandato no cumplido aun y que surgió a la fama tras pronunciar su alegato a favor de la candidatura de John Kerry en las primarias demócratas de 2004.

Cuatro años de archivo tiene de su lado el presidente Barack Obama, que irrumpe estruendosamente en la historia exactamente 40 años después del asesinato de Martin Luther King.

Pero al indagar en ellos se descubre, tal como lo han señalado los analistas internacionales durante la campaña, para beneficiarlo o para hundirlo, que fue el senador estadounidense que más a la izquierda votó en cada una de las ocasiones en que le tocó hacerlo en el Senado.

Fue, en este corto lapso, el legislador que más respuestas por izquierda dio en cada momento en que le fue permitida su intervención como senador por la oposición.

Habrá que verlo gobernando, ya que todo indica que en la campaña tuvo que “centrar su discurso para atraer votos ajenos fundamentales.

“Juntos vamos a cambiar el país y el mundo”, se lo escuchó decir en la mañana del Día D estadounidense. Muchos recordaron aquella frase que, como bandera, levantan los sectores más progresistas: “Otro mundo es posible”.

¿Será posible un Estados Unidos diferente?