Alarma la violencia contra adultos mayores por parte de sus hijos

Alarma la violencia contra adultos mayores por parte de sus hijos

Aunque es más frecuente que nos enteremos sobre el maltrato a personas mayores cuando están institucionalizados, un estudio revela que cinco de cada diez "abuelos" son violentados por sus hijos e hijas. La falta de políticas públicas especializadas deja a los mayores en el más evidente desamparo.

Victoria Chales

Victoria Chales

Cada día aparece un caso más que confirma que la violencia crece entre "los íntimos". La Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de la Nación informó los resultados de su relevamiento sobre la violencia hacia las personas mayores. Los datos corresponden al 2020 y muestran que la mayoría de las víctimas fueron mujeres (77%). Pero un elemento que duele aún mucho más es que cinco de cada 10 adultos mayores sufrieron maltrato por parte de sus hijos/as.

En el 84 % de los casos la denuncia en la oficina fue realizada por la propia persona afectada. La frecuencia de los episodios denunciados fue diaria o semanal (más del 60 %). El 59 % de las personas afectadas cohabitaba con la denunciada al momento de la presentación. Además reveló que 7 de cada 10 agresores fueron varones.

En No cantes victoria dialogamos con la psicopedagoga especialista en Psicogerontología, Karina Bergé. La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, ratificada por la Argentina (Ley n.° 27630), obliga al Estado a garantizar los derechos y libertades de las personas mayores a través de medidas legislativas, administrativas, judiciales y de cualquier otra índole, a fin de brindar un adecuado acceso a justicia. Sin embargo se hace notoria la falta de políticas públicas que acompañen a las víctimas. Bergé dejó ver que en Mendoza hay un déficit en ese sentido.

En Mendoza no hay un lugar específica para la denuncia de violencia hacia personas mayores, sean institucionalizadas o personas que están en su domicilio que es mucho más complejo determinarlo y que se visibilice. No obstante, lo que existe son algunos dispositivos como la Secretaría tutelas de la Justicia de Familia y también se pueden hacer denuncias en la Dirección de Adultos mayores de la provincia o cada municipio tiene también una repartición especializada.

Aunque los números de la OVD responden al 2020, la especialista remarca que "no es por la pandemia que se dan estos hechos de violencia, sino que en todo caso ha puesto bajo la lupa hechos que ya estaban".Las particulares condiciones de vida de una persona mayor suponen una gran vulnerabilidad frente a las agresiones verbales, físicas o económicas. "En el caso de la violencia hacia las personas mayores se evidencia que el maltrato de da en el entorno familiar. Si es difícil de mostrar en las residencias, mucho más lo es en los domicilios particulares". Además los agresores suelen contar con la plena confianza del "abuelo" ya que o son familia o es una persona que trabaja cuidándolo. Por eso "es muy difícil que al tratarse de sus propios hijos, la persona haga la denuncia. Además no es sólo eso, sino que si convive con ellos luego adónde va ese adulto mayor". Esto último es una muestra clara de que las políticas públicas no alcanzar para acompañar a la víctimas.

Existe un aspecto aún más doloroso y muy propio del denominado "círculo de la violencia". En muchas oportunidades la persona mayor no denuncia "porque así sea su familia o un cuidador, está la idea de sentirse cuidado aún desde el maltrato". Por eso la especialista en Psicogerontología explica que "es muy compleja la situación si la gente no tiene recursos o alternativas a las que recurrir sino tienen hijos que los cuiden para romper ese círculo de violencia".

¿Cómo se representa la vejez?

Cuando observamos desde la mediana edad a los mayores entramos en contacto con una idea de nuestra propia vejez. Esa representación resulta "nefasta y está vinculada a cuestiones negativas".

Por otra parte, hay una concepción de la vejez vista desde lo biologicista. Allí hay una curva y al final es sólo deterioro físico y cognitivo. Esta idea es "una reducción de las personas a la corporalidad cuando hay otros aspectos" que no están atravesados de esa manera.

Esto tiene que ver con lo cultural e idiosincrático pero también con los discursos científicos y tecnológicos donde la vejez se mira o se miraba sólo desde lo biológico que reducen a las personas a lo que es el cuerpo que indefectiblemente declina. Pero no sucede lo mismo con otros aspectos que no obedecen a la curva biológica.

Por su lado Karina Bergé observa que estamos "en un momento bisagra donde somos testigos de distintos modelos de vejez. No hay uno solo. El curso de la vida de las personas las lleva a vivir sus últimos años de una manera diferente. El camino de una persona hacia esa etapa de la vida no tiene que ver solamente con el deterioro cognitivo, una residencia, la soledad, sino que la vejez será aquello que nosotros hoy desde la mediana edad hagamos para que sea".

El mundo se enfrente a una mayor expectativa de vida. No sólo por la posibilidad de llegar con salud, en especial en los países más desarrollados, a la tercera edad, sino porque será con deseos y necesidades distintas. En esa dirección es muy importante que se pueda reflexionar sobre las condiciones de vida que tienen las personas mayores y cuál es nuestra participación en ella. De acuerdo a su experiencia, Karina Bergé señala que "cómo tratemos a nuestros padres es como nos tratarán nuestros hijos".

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