La historia nunca contada del Hotel Termas El Sosneado

La historia nunca contada del Hotel Termas El Sosneado

El blog de facebook "300 años de Hotelería en Argentina" comparte las historias más inquietantes y maravillosas sobre hospedajes emblemáticos de nuestro país. Esta vez le tocó al hotel que supo lucirse en el sur mendocino.

MDZ Trip

Patricio Harrington es un hotelero apasionado por la hotelería en el país y por la historia. Además, es docente y escritor, autor del libro "300 años de Hotelería en Argentina" y encargado de publicar y escribir en el blog de facebook que lleva el mismo nombre.

Harrington Es docente de hotelería desde hace 16 años y cada vez que ha tenido necesidad de encarar en clase el tema de dónde viene y cómo se generó nuestra industria hotelera, se encuentra con que no hay material que abarque el tema de manera completa. Es por eso que decidió encarar este proyecto y escribir sobre los hoteles en Argentina.

Todas las semanas sube pequeñas y coloridas historias de los hoteles en su blog de facebook. No son fragmentos del libro sino historias o anécdotas que se suman o que no se publicaron antes. Esta vez le tocó el turno a uno de los Hoteles más remotos y emblemáticos de Mendoza, el Hotel Termas El Sosneado.

Este hotel, que hoy son ruinas, se ubicaba en El Sosneado (San Rafael, Mendoza), aún conserva sus piletas de aguas termales y una inigualable vista que sorprende a sus visitantes. 

Según cuenta en su blog Patricio Harrington "cierta tarde de primavera Frank Romero Day (años más tarde Director de Turismo de Mendoza) se encontraba paseando en auto junto con su esposa, relajadamente a la vera del Río Atuel. En un punto determinado fingió una rotura en el coche, lo detuvo al costado del camino e hizo descender a su señora, quien sentada sobre una roca grande quedó prendada durante largo rato con el paisaje que le proponía la laguna El Sosneado. “Feliz Cumpleaños, amor”, le dijo su marido y sin más le entregó en mano una carpeta de cuero marrón con los títulos de propiedad de dichas tierras. 
A los pocos días, Romero Day se contactó con sus amigos de la Compañía de Hoteles Sudamericanos Ltda, quienes lo entusiasmaron en emprender un proyecto consistente en la explotación de un complejo hotelero y termal de alto vuelo. Con fondos de allegados al magnate Aristóteles Onassis y en menos de diez meses, la obra estuvo terminada y en diciembre de 1938 en medio de una gran campaña publicitaria y la presencia de un buen surtido de celebridades entre los que se contaban algunos ex presidentes, abrió sus puertas del Hotel Termas El Sosneado.

Como era de suponer no se escatimó en lujos. Pero en este caso, además se hizo especial hincapié en los detalles y el confort necesarios para las llamadas “long stays”, ya que el valle que albergaba a El Sosneado era un área más bien remota (a la vera del Atuel, a 200 kilómetros de San Rafael por caminos de ripio que se anegaban fácilmente…). Con razón, la estadía promedio no bajaba de los quince días, pero bien valía el esfuerzo para ganarse el derecho de retozar holgazanamente en los bellísimos piletones sulfurosos o disfrutar del fantástico restaurant que siempre se las arreglaba para sorprender a sus comensales con riquísimos platos de la zona, tales como pato a la leche, cordero adobado, chivo a la llama y los siempre tradicionales flanes caseros con huevo doble yema, que le aportaban a El Sosneado una experiencia gastronómica singular y bien diferente a los menús normalmente celebrados por los europeos.

Así y todo, como decíamos, los clientes no se desanimaban por las dificultades del viaje. Venían y no paraban de venir. Quizás fuera el paisaje hipnótico o las bondades de las calentitas aguas provenientes del Volcán Overo; quizás las comodidades del predio o bien el servicio de lujo… pero un día, como la lluvia que se detiene y solo deja su recuerdo, súbitamente dejaron de venir.

Al principio solo se pensó en los caprichos de las temporadas, pero llegó un punto en el que la ocupación fue tan baja que el personal pasó a cumplir casi exclusivamente funciones de “sereno”, a los efectos de salvaguardar la propiedad y desanimar los intentos de robo y de pillaje. Finalmente, lo inevitable se dio: a fines del año 1953 el Hotel Termas de El Sosneado pegó un portazo y dejó de funcionar como tal. 
Tristemente, El Sosneado quedó en el recuerdo colectivo como “el hotel que se apagó misteriosamente”. Muchas teorías inciertas lo precedieron, aunque quizás una de las más factibles sea la siguiente: con la llegada de Juan Domingo Perón al poder, toda una serie de cambios sociales comenzaron a producirse a partir de 1943, especialmente en el área laboral y en la de los derechos de los trabajadores.

En aquella época, aparentemente los empleados de El Sosneado decidieron sindicalizarse exigiendo, entre otras cosas, el cobro de sueldo por año entero con sus dos aguinaldos. Si bien este derecho ya había cobrado fuerza de ley, se sabía que el Hotel trabajaba solamente cuatro meses al año, haciéndose literalmente imposible de satisfacer dicha demanda. En consecuencia, la larga lista de juicios no se hizo esperar, dando lugar una amarga sucesión de batallas legales que terminó en la quiebra de la firma y por consiguiente el cierre y desmantelamiento de los objetos de valor del establecimiento. 
El diablo también metió la cola y gradualmente opacó todo su fulgor, dejando el hotel reducido a solo unos cuantos paredones de piedra abandonados, dispuestos a soportar el paso abúlico del tiempo. Y así se mantuvo varias décadas hasta que una tarde diferente a las demás, el entusiasmo ciertamente revoloteó sobre El Sosneado. Cuenta la anécdota que un empresario porteño supo acercarse a los propietarios con una oferta formal para la adquisición de las tierras, a los efectos de poder cristalizar un proyecto que tenía en mente. Pero debido a un entrevero relacionado con un supuesto maltrato que éste habría tenido con la criada favorita de la viuda de Romero Day, ésta -ofendida- ni siquiera se dignó a abrirle la puerta y mucho menos a escuchar su propuesta. No hubo caso: el empresario tuvo que seguir adelante con su búsqueda, cosa que lo llevó a encontrar otras tierras unos cuantos kilómetros más al oeste, donde finalmente terminó montando… el Complejo Invernal Las Leñas. 
Hoy en día, cada tanto, la polvareda del camino anuncia la llegada de algún aventurero que, tras desandar 60 kilómetros de ripio hostil, llega para pasar el día en el valle, aprovechando para hacer tracking por el río, explorar los ambientes fantasmas del hotel o bien gozar de los bellísimos piletones turquesas que aún se mantienen enteros y utilizables. Pero no mucho más…"

Para conocer más historias de hoteles como esta se puede ingresar a "300 Años de Hotelería en Argentina".

 

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