Mauricio Dayub nos enseña a caernos de la cuerda floja para buscar nuevas oportunidades
Uno nace, crece y vive bajo el lema de "mantenerse dentro del orden". Nos enseñan desde pequeños que no debemos romper las reglas y así es como aprendemos que tenemos que mantener un equilibrio en nuestra vida. Pero a veces el destino nos saca de esa zona de confort y nos caemos de la cuerda floja. En ese momento donde todo parece derrumbarse, en realidad es una oportunidad, una oportunidad de recorrer otros rumbos y no seguir el camino de siempre, el establecido.
Mauricio Dayub nos invita con El Equilibrista a "perder el equilibrio" en esa vida tan monótona que llevamos. Pero fue su abuelo quien le enseñó esto y la inspiración de la obra. La historia de su antepasados parece de película.
"Mi abuela se había enamorado de alguien que a la familia no le gustaba y ésta persona la dejó embarazada. Ella era muy chica y por la vergüenza que eso significó en el pueblo, él se tuvo que ir a América, prometiéndole que en cuanto juntara dinero volvería o la iba a invitar a que viniera con él. Ella nunca recibió ninguna información más, ninguna carta más. Esperaba semanas, meses. Nació su hija. Mi mamá llegó a tener cinco años sin saber que existía su papá. Un día, mi abuelo cansado de mandarle cartas y que mi abuela no le respondiera, le mandó los pasajes y el dinero para que ella se viniera a la Argentina con un familiar directo y mi abuela ahí se enteró que la hermana y la mamá les escondían las cartas. Ella se enojo, ofendió y no la saludo, se fue sin despedirse. La mamá nunca más la vio, y falleció preguntándose '¿Dónde está la Giuseppina?'", relató el actor.
Este sábado 4 de mayo a las 21.30 H., Dayub presentará "por última vez en Mendoza" El Equilibrista, una obra nacida en 2019 que le ha valido al actor importantes premios y reconocimientos y que todos deberían ver una vez, o quizá más, en su vida. El artista se subirá a las tablas del Teatro Mendoza (San Juan 1427. Ciudad).
A pocas horas de dar una nueva función en la provincia, Mauricio Dayub dialogó con MDZ Show acerca de este espectáculo, la razón por la cual lo realiza por última vez en Mendoza, y también dio su punto de vista sobre la situación que atraviesa la cultura.
- ¿Qué te llevó a hacer El Equilibrista?
- Yo venía de hacer un éxito muy grande, Toc Toc. Había hecho 1753 funciones en nueve años y medio consecutivos y pensaba que, como todo actor que tiene un gran éxito, lo que me tocaba era esperar el colectivo, que pasara otra vez algo. Para no tener ese destino, decidí hacer lo que a mí más me gusta: generar espectáculos de cero; lo que ya venía haciendo, lo que hice en los comienzos cuando me di cuenta que no tenía lo que parecía que había que tener para que los productores me convoquen. Lo mío había sido muy remado. Así es que empecé a escribir, como ya había hecho antes. Me junté con dos autores que admiraba mucho, Patricio Abadi y Mariano Saba, y empecé a pergeñar un espectáculo como autor, actor y productor como hice también con El Amateur, El Batacazo y ¡Adentro!. En ese tiempo de preparación y búsqueda de material, recordé una frase que decía mi abuelo: "El mundo es de aquellos que se animan a perder el equilibrio"; y eso le fue dando forma al espectáculo.
- ¿Qué te hizo perder a vos el equilibrio?
- Eso pasó entre los dieciocho y los veintipico, cuando yo me di cuenta que era un chico muy educadito que me acostumbraba con mucha facilidad a hacer todo lo que no me gustaba. Estudiaba una carrera universitaria para la que no tenía vocación, no me gustaba; vivía en una ciudad que me era hostil para estudiar esa carrera; abandonar mi familia y amigos y dedicarme a lo que yo sentía. Me fui a vivir a Buenos Aires, a 500 km de mi familia y empecé de cero, sin conocer a nadie, tratando de acercarme a este oficio que hoy comparto de manera tan hermosa con la gente.

- ¿Por qué sería "la última función" en Mendoza?
- Es la quinta función que voy a hacer, entonces supuse que ya era la última. Estoy trabajando en un teatro de ochocientas localidades, que llené todas las veces que fui. Ahora me están diciendo, porque se va a volver a llenar, que no puede ser que sea la última y yo encantado sino es la última. Pero la despedida tuvo que ver con eso, con que ya no iba a haber más espectadores que quisieran verla. Sin embargo, me están sorprendiendo día a día porque se están agotando las localidades, quedan pocas.
- Hace un tiempo dijiste en una entrevista que "El Amateur", otro de tus espectáculos, es una obra que jamás vas a olvidar porque hizo que los demás te vieran de una manera distinta. ¿Qué rescatas de El Equilibrista?
- Si El Amateur fue importante para mí porque cambió la percepción del otro sobre mí, El Equilibrista es como si hubiera establecido un puente entre el espectador y yo, y que los dos coincidiéramos. Lo que a mí me gusta compartir arriba del escenario, coincide con lo que el espectador quiere ver. El Equilibrista me ratificó como actor, le dio mucha solidez a mi oficio porque fue avalado por todos. La estrategia con la que yo arriesgué a promocionar el espectáculo era "teatro con garantía", porque si de verdad no te gustó, yo te espero en el hall y te devuelvo el dinero de las entradas.
- Estamos en una situación crítica y de incertidumbre en lo que respecta a la cultura. ¿Qué opinas de todo lo que está ocurriendo en este ámbito? ¿Qué reflexión haces de lo que acontece en el país?
- A mí me gustaría que encontráramos los puntos en común que nos ayuden a mejorar el país que tenemos. Desde hace muchos años venimos enfrentados y no quiero ser parte de ese choque. Hablar de los valores que tiene la cultura me parece una redundancia porque es algo que todos sabemos, pero que lamentablemente por cómo estamos viviendo está en duda eso. Pero no me gusta hablar contra nadie, porque ya he descubierto que enfrentándonos, no hacemos que dar un paso hacia la izquierda o hacia la derecha y no vamos hacia adelante. Yo quisiera ir hacia adelante, poniéndonos de acuerdo en algunas cosas importantes que sí favorecen el bien común. Entiendo que la política, en definitiva, es eso, el arte de hacer el bien común.


