Hugo Varela: "Me di cuenta de la importancia del humor en las situaciones de crisis"
El pasado domingo 4 de febrero, Fernando "Flaco" Pailos hizo la apertura de la temporada de Humor de Verano Mendoza 2024. Ahora, es el turno de Hugo Varela, quien arribará a la Provincia de Mendoza en los próximos días con su show Sordos Ruidos.
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Nacido un 16 de septiembre en el barrio Cofico de la provincia de Córdoba, Varela se define como "una persona que ha ido cambiando con el paso del tiempo" y afirma que en la actualidad "es más social". Sorprendentemente, hacer humor no era algo que estuviera en sus planes. Sin embargo, su pasado como estudiante de arquitectura, su familia y "una novia que tuvo" lo llevaron a ser lo que es hoy, uno de los grandes humoristas del país.
A lo largo de su extensa carrera, el comediante ha conseguido varios reconocimientos por su labor: una Antorcha de Plata y otra de Oro en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, Chile; varias Estrellas de Mar (Mar del Plata); y muchos Premios Carlos (Carlos Paz).
Este sábado 10 de febrero a las 22 horas, Hugo Varela se presentará en el Teatro Mendoza en el marco de este ciclo de humor que culminará el sábado 24 con el standapero Federico Cyrulnik. Con Sordos Ruidos, Varela nos sorprende con nuevos instrumentos creados a partir de elementos cotidianos y que en sus manos suenan maravillosamente. Su humor expresado en sus canciones, nos hará reír ininterrumpidamente. Sobre el escenario despojado en el que solo se ven varios micrófonos instalados a diferentes alturas, el artista domina con su sola presencia y su simpatía el espacio vacío, volcando en cada tema la síntesis de su arte, que no es otra cosa que contar historias con música.
El humorista conversó con MDZ Show sobre el espectáculo que realizará este fin de semana y también de su recorrido artístico:
- ¿Qué es para vos el humor?
- El humor lo veo como el antídoto contra el miedo. En situaciones apretadas, cerradas, de peligro, aparece el humor como una forma de colocarse de otra manera frente a los problemas. Inclusive, a veces un enfrentamiento entre dos personas opuestas y en vías de conflicto, cuando aparece lo humorístico eso afloja todo.
- ¿Cómo pasaste de estudiar arquitectura al fenómeno del humor? Porque son dos cosas totalmente diferentes...
- Aunque sean totalmente diferentes, el cerebro tiene una capacidad de ir encontrando lazos, combinatorias. Y por ejemplo a mí la arquitectura me sirvió para mucho, porque te habilita para armar cosas, organizar, diseñar; y yo terminé fabricando instrumentos, jaja. Desde el humor yo he desarrollado varias facetas: de la cosa escrita, de lo poético, pequeños monólogos, algún cuento; y después tengo la parte constructiva. Yo tengo un taller donde ahí me pongo a hacer dibujos que me permiten también, si bien fabricar algo, primero hacer todo un diseño escrito, dibujado.
- En lo que fue tu infancia, ¿tiene algo que ver tu familia con tu desarrollo artístico?
- Sí, yo eso lo tengo en claro. Mi madre era Profesora Superior de Bellas Artes. En mi casa eran todos bastidores, cuadros, telas, oleos; y viéndola trabajar todo el día. La cosa mía del dibujo viene un poco por ahí. Y mi viejo tocaba la guitarra. Era sanjuanino, enólogo, y le gustaba mucho el tema de la poesía. Yo era chico y él me leía el Martín Fierro. Y yo me empecé a emparentar con este lenguaje folclórico y me empezó a gustar la poesía, la métrica y la rima.
- ¿Alguna vez pensaste que ibas a llegar a donde estás hoy? ¿O no era una meta?
- No, siempre estaba como "en lo serio": estudiar en la primaria, en la secundaria. Y lo otro era la cosa que salía por un costado. Después empecé a estudiar arquitectura y tuve una novia que hacía teatro. Entonces me dice una vez 'venite a una clase' y fui y me encantó lo escénico y lo teatral, y fue mi perdición porque me di cuenta que era lo que me gustaba.
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- Hoy, en medio de la crisis, el humor resulta una vía de escape frente a esta situación...
- Sí. Yo me acuerdo que en la crisis del 2001 empecé con una gira que iba por las ciudades, pueblos chicos, y me iba bien. La gente iba y cuando terminaba de hacer el espectáculo, me saludaba, agradecía como si yo fuera el Pastor Giménez, como algo medio místico. Y ahí me di cuenta de la importancia o lo útil que es el tema del humor en las situaciones de crisis.
- Vos venís de otra escuela de humor, al igual que Les Luthiers y Luis Landriscina, dónde el espectáculo tenía otro desarrollo. ¿Qué pensás del humor actual que se propaga por las redes sociales?
- Los famosos memes al principio me sorprendían un poco y ahora les di un valor muy grande. Es como que todo el mundo usa millones y millones, van imaginando cosas y las largan, las hacen. De alguna manera, van invitando a que todos vayan poniendo su granito de arena con el humor. Eso es interesante, porque le van dando desarrollo. A mí no me gusta el humor bastardo, donde no hay sugerencias. Pero es un gusto personal, no es que a mí me parece mal.

- El próximo sábado te subís a las tablas del Teatro Mendoza con Sordos Ruidos. ¿Cómo surgió esta idea?
- El título es como parte, es como el nombre que uno tiene, que a veces no tiene nada que ver con uno. Pero siempre me gustó ese nombre, que viene de La Marcha de San Lorenzo: Febo asoma, ya sus rayos iluminan el histórico convento. Tras los muros... ¿sordos ruidos?, qué cosa muy sugerente. "Tras los muros", ¿qué pasa detrás de los muros?. Y dije "algún día lo voy a usar para algo a esto".
- ¿Hace mucho estás realizando este show?
- Sí, ya tiene su recorrido. Ya he hecho muchos lugares del país e hice unos teatros en Uruguay.
- Cada uno de los comediantes invitados para esta temporada que se desarrolla en la provincia tiene su propio estilo para hacer reír al público. ¿Cómo definirías el humor qué haces?
- Yo siempre aparecí, desde que arranqué en esto, como una especie de antishow. Ahora lo hago menos a eso. Entraba al escenario con la guitarrita, casi como un perdedor y me di cuenta que eso hacía que el público se meta más. Y por otro lado lo que tiene que ver con participar. Yo me engancho completamente con el público y tengo como un diálogo. A la gente, al principio, le da cosa participar, pero después, cuando se meten, es como cuando uno empieza a bailar, no te querés sentar más.


