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Julio Chávez: “Soy muy exigente porque no me propongo cosas imposibles”

El prestigioso actor se presenta en Mendoza con su unipersonal ‘Yo soy mi propia mujer’. Cuenta la historia de Charlotte Von Mahlsdorf, una travesti coleccionista de objetos que vivió en Berlín durante los regímenes nazi y comunista. Antes, habló con MDZ.
Julio Chávez está de gira con el unipersonal que estrenó en 2007 Foto: Gentileza Prensa
Julio Chávez está de gira con el unipersonal que estrenó en 2007 Foto: Gentileza Prensa

Julio Chávez no siente nostalgia por nada; salvo, reconoce entre risas, por su pelo. En teatro, jamás haría nuevamente El lazarillo de Tormes, obra con la que debutó a sus 18 años, ni tampoco El Vestidor, Ella en mi cabeza o Un rato con él. “Tengo deseo de lo que viene. Me gusta lo que pasa y aunque no sea lindo, lo vivo”, admite en diálogo con MDZ.

Sin embargo, hay una obra que le exige mucho, lo ayudó en su carrera a entender “muchas cuestiones de la actuación” y que, cada tanto, vuelve a hacer. Es Yo soy mi propia mujer, el unipersonal que cuenta la historia de Charlotte Von Mahlsdorf, una travesti coleccionista de objetos que vivió en Berlín durante los regímenes nazi y comunista. “Es la partitura de un actor, que puede tener 20, 40 u 80 años y cuenta algo. Por eso la vuelvo a hacer, porque es un material que él mismo dice que puede contarlo cualquiera. Los otros pertenecen a algo muy histórico”, explica.

Julio Chávez cuenta la historia de Charlotte Von Mahlsdorf, una travesti que vivió en Berlín durante los regímenes nazi y comunista / Foto: Gentileza prensa

Y, además, este trabajo tiene un significado muy especial para él: al igual que la protagonista, Chávez es descendiente de alemanes. “Es un encuentro muy hermoso que tuve con mis orígenes. La Charlotte podría haber sido una tía mía. Cuando yo era chiquitito, a la vuelta de casa vivía una señora alemana que se llamaba Franca y me acuerdo perfecto de sus vestidos, sus zapatitos, su tono de voz. En casa se hablaba alemán y mi padre nunca pudo aprender el castellano de una manera perfecta. Él era carpintero y los muebles tienen un gran significado para mí -cuenta-. Las pequeñas experiencias de la vida de golpe se transforman en material muy valioso para hacer una obra. Pronunciar ciertas cosas del texto para mi son como el arrorró de niño”.

- En esta temporada, a diferencia de las anteriores (2007 y 2016), no está Agustín Alezzo dirigiendo. ¿Cómo fue esta experiencia para vos?

- El trabajo que hicimos juntos con Agustín, lo vuelvo a revalidar como muy sólido. Estoy dirigiendo un espectáculo que, en su momento, fue construido por él y por mí. Hoy por hoy, él está absolutamente en el interior de la obra. En decisiones de todo tipo, desde la escenografía, hasta la música y mi interpretación. La ausencia de Alezzo es la confirmación de su presencia en su trabajo. No hay manera más sólida para un artista de presentarse que desaparecer y que su obra permanezca. Si la obra permanece, está doblemente presente la persona.

- ¿Qué tan exigente sos con vos mismo como director?

- Soy muy exigente porque no me propongo cosas imposibles. No soy exigente dañino, de pedirle, por ejemplo, al durazno que sea manzana; eso es dañino para la manzana y para el durazno (se ríe). Soy exigente en intentar ser lo mejor que puedo ser, como intérprete, como pensador del arte, como instrumento y que la función sea la mejor función. Para mí, aunque ayer haya hecho una función extraordinaria, ya pasó. Siempre estoy muy nervioso por la milanesa que estoy por hacer.

- ¿Cómo llevás el hecho de ser uno de los actores más prestigiosos y populares del país?

- Lo tomo como una responsabilidad. No porque yo crea lo que vos decís, sino porque soy responsable de seguir nutriendo la raíz o lo que da esos frutos, que es eso que decís. No es ahí donde tiene que estar mi preocupación, sino en seguir alimentando a mi actor, a mi entendimiento, mejorar mi oficio… Hay que ser responsable como cuando en el colegio te decían “no se duerma en los laureles” porque en una prueba te habías sacado un diez y a la siguiente no estudiabas (se ríe). Hay que alimentar al trabajador, al que se levanta a la mañana y se pone a laburar. En eso soy muy exigente y responsable. Si hay un halago es doblemente el problema, porque hay que ganárselo. Cuando vos tenés un cartel y a veces el nombre está grande, vos tenés que hacer un trabajo que justifique esa pretensión.

Julio Chávez: "Tengo un oficio hermoso porque inevitablemente estoy en comunión con la humanidad" / Foto: Gentileza prensa

- ¿Qué es lo que más te gusta del oficio del actor?

- Primero, que se hace con material humano. Nos sirve todo lo que hay humano y no tiramos nada: ni sus problemas, ni sus conflictos, ni sus tragedias, ni sus monstruosidades, ni sus bellezas. Todo forma parte de lo humano y tu cocina tiene que estar repleta de todo lo que más se pueda de la humanidad. En ese sentido, tenés que ocuparte de que tu instrumento esté, dentro de lo posible, lo más afinado posible para comunicar esas cuestiones de la humanidad. Por supuesto que siempre hay un límite porque tenés un cuerpo determinado. Tengo un oficio hermoso porque inevitablemente estoy en comunión con la humanidad. Sos un constructor, un arquitecto que arma cosas con material humano. ¿Qué más puedo pretender? Es un oficio de los más hermosos que hay y también, de los más vandalizados.

- ¿Cuándo te sentís más cómodo creando un personaje? ¿Cuando es ficticio o real?

- Mirá, he tenido la dicha de estar teniendo un oficio que me ha permitido tener riesgos muy grandes y alejarme mucho de lo que yo entiendo que es, en principio, mi rol o mi naturaleza; y también personajes que he podido hacer con materia prima muy similar a mi identidad. En ese sentido, he experimentado y sigo experimentando lo lejano o lo cercano de los asuntos. Me parece hermoso para el oficio ambas cosas. De golpe tener que hacer un puntero, que no tiene nada que ver con mi naturaleza, y andar caminando por la villa como si fuese un capitán del asunto y sentirme así. Cuando salgo a la calle hay gente que me grita “chau gitano”. Se me acercan cartoneros y me tratan como si fuera él. Eso es hermoso. Es parte del oficio, es lo que se dice la máscara. Por algo el teatro es una máscara de la tragedia y de la comedia. Son figuras. Es muy hermoso el oficio cuando podés alejarte de tu propia máscara y también, acercarte mucho.

Para agendar

Yo soy mi propia mujer

Únicas funciones en Mendoza. Viernes 12 y sábado 13 de mayo, 22 horas, Teatro Mendoza (San Juan 1427, Ciudad). Entradas en EntradaWeb.